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Mario Bahamonde

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Prosista y poeta, gran cultor de la crítica y el ensayo, Mario Bahamonde Silva es un hijo abnegado del norte Chileno. Visionario capaz de abarcar en su genio el rescate de una heterogénea producción histórico, lingüística y literaria


Prosista y poeta, gran cultor de la crítica y el ensayo, Mario Bahamonde Silva es un autor completo e hijo abnegado del norte Chileno, junto a Andrés Sabella, Antonio Rendic, y Oscar Bermúdez, ha sido y será uno de los más grande impulsores de las letras nacidas al alero del desierto.

En el campo de la investigación cultural, entregó el Diccionario de voces del norte, Guía de la producción intelectual nortina, Pampinos y salitreros y Gabriela Mistral en Antofagasta

Nacido en Taltal en 1910, Bahamonde se unió de forma indisoluble a las letras, primero en el campo de la docencia, ejerciendo tanto en liceos, como en el área de extensión de la Universidad de Chile en Antofagasta. Luego oficiaría en torno al campo periodístico, en la edición del Mercurio de la misma ciudad.

Entre sus obras más destacadas se encuentran los volúmenes de cuentos De cuan lejos viene el tiempo, las antologías de cuento y poesía del norte y Pampa volcada (1945), rica en tipos humanos del mundo salitrero. Luego vendría Huella rota aparecida en 1955, que versa sobre la vida y penuria de un obrero de Chuquicamata, consigna que lo enmarca dentro de la generación del 38 como retratista geográfico y social, testigo y protagonista de las revoluciones culturales y políticas del periodo que se extiende desde fines de los treinta hacia comienzos del cuarenta, Su obra es sin duda, una huella cabal e imperecedera, valioso documento, a la hora de iniciar un seguimiento del panorama y ruta, que asume la producción textual del norte.

Hay que destacar además que fue ganador del Premio Municipal de Santiago por su novela El caudillo de Copiapó y miembro de la Academia de la Lengua desde fines de los años 70 por su diccionario de las voces del norte, gran aporte lexicográfico en lo que a esta región del país atañe. Como intelectual pleno, Mario Bahamonde no abandona además la riqueza de otros géneros y autores provenientes del extranjero, ampliando su caudal productivo. No se puede en tal caso, obviar su aporte al teatro, con la creación del grupo libre que monto obras de Albert Camus como “El malentendido”

Sin embargo la preocupación principal del Taltalino, orbita en torno al desapego y alienación creciente que el hombre nortino experimenta frente a su cultura, leyendas, mitos e historia. Observar como se desfigura la forja de una identidad y como la palabra, que si bien puede ser cárcel lógica es además la materia prima de la memoria y percepción. Tal divisa, lo empujo a estudios acabados y gestiones que configuran a la tierra nortina y sus voces, como la quintaesencia y leitmotiv de su producción. No casualmente afirmaba que La tierra siempre es el más viejo dios. Por tanto, la lucha contra el inconsciente colectivo, hizo que su pares reconocieran en su obra y vida, la de un aventurero atlas, cargando la piedra fundacional frente a la agria indiferencia. Al respecto Nicomedes Guzmán poeta y novelista también enmarcado dentro de la generación del 38 afirma que: Bahamonde fue fiel a su tierra de piedras y arenales, de soles y distancias, camanchacas y huellas. Desde el primero hasta su último libro se escucha el latido del desierto y las voces de sus habitantes.” Razón que lo llevo a viajar por el periodo colonial, republicano y desde luego a visualizar el mundo precolombino y su proyección, más allá de la influencia peninsular.

Obsesas trashumancias y largos periodos de ausencia que lo asentaron en la capital, a fin de perfeccionar su saber y recopilar datos añejos en perdidos archiveros, los cuales luego se traducirían en ricos corpus creativos.

Los especialistas ven por tanto en Bahamonde a un visionario de amplio criterio, capaz de abarcar en su genio el rescate de una extensa y heterogénea producción la cual preserva y lega como artífice cuidadoso, a sus sucesores. En su obra resuena el eco de la tradición oral, la prosa proletaria, el verso imaginista y el mundo portuario además de las diversas vías de preservación que asume la tradición e historia, ya sea en la sabiduría popular, el folclore, el habla coloquial, la toponimia, la música, danza, las leyendas seculares y los usos diarios.

En la Guía de Producción Intelectual Nortina denuncia además, el derrotero y perdida del acervo regional: Hubo una música tan antañosa como los rastros remotos de la vida, que hoy desconocemos. Música que se desarrolló sucesivamente de acuerdo a la etapa que vivía la zona. Ya no hay memoria de las viejas cuecas mineras (algunas de cuyas letras hemos archivado) ni tampoco hay memoria de las cuecas pampinas, pero de la vieja pampa salitrera. De este mismo modo se ha ido perdiendo en el olvido el primitivo teatro minero o las antiguas payas populares o el refranero nortino y todo el saber que constituye nuestra alma regional".

Drama que se extiende más allá de la abolición y desuso de formas expresivas. El conflicto se agudiza en torno a la lengua, panorama desastroso que cada cierto tiempo, nos toca presenciar, al ver morir al último de los hablantes de una comunidad. Con él, no sólo desaparece un universo constituido por el individuo, sino que se cierra el umbral a toda una cosmovisión y cultura. Algo similar se vive en la perdida gradual del hombre frente al reconocimiento de voces cotidianas como aquellas que bautizan nuestras ciudades. Al vivir con asiento en estas, las repetimos como un fraseario perpetuo y mecánico del cual ya no tenemos conciencia ni rastro de su génesis

La tradición se perdió por completo y desapareció sin más rastros ni justificaciones que nuestra propia ignorancia. Y lo que es peor, nadie sabe qué significan nuestros nombres regionales. Nadie sabe qué quiere decir Chuquicamata (dura lanza) ni Taltal (gallinazos) ni Calama (brotes, reverdecer) ni Loa (rápido, ágil), ni Iquique, Arica o Tocopilla, ni cada uno de los nombres que señala nuestra toponimia.

No es un tema menor, pues la elección voluntaria o la adhesión forzada a un espacio vital, la lucha o dicha en un territorio sea boreal o austral, va marcando de forma reciproca el temple del hombre y las grietas y formas de su medio. El habitante y su territorio, aquel que lo envuelve, que le da cobijo y tantas veces lo desafía, lo devora y lo alimenta a fin de cuentas se realiza temporal y espacialmente en la memoria y el inconsciente, en la llamada inmortalidad, que a nuestro género le proveen la historia y la palabra, la cual no puede constituirse sin la afirmación o negación de aquel terruño al cual ha sido arrojada la existencia a constituirse.

De manera que si hay un Lillo o Arguedas que ven la proyección letrada en la condición laboral o racial o un Parra o Wittgenstein que procuran desestructurar el lenguaje y las formas en base a una antirepresentatividad dada por el habla coloquial o lo que se dice o calla y los conceptos ambiguos de verdad, hombres de cara a la ciencia ficción, simbolistas, surrealismos mandragorianos, carnavalesco Rabelesiano, Rokhiano y ficciones creacionistas además de dilemas y retrueques metaficcionales imbuidos en el mero drama del diseño textual como eje de la historia, pesquisas Cervantinas o Beckettianas que eliminan la unidad ficcional, la literatura no puede, sin agrietar su riqueza comunicativa, el dejar de proyectar todas las dimensiones y niveles de la realidad que involucra nuestra existir. En tal medida escamotear el maridaje hombre-tierra, por un prejuicio adolescente, supuesto rupturismo y vitalismo ego maníaco, coartaría gravemente nuestra comprensión social, política, epistémica y psicológica.

Bahamonde consciente de ello, dio todo de si en lo literario, narrativo y lírico en lo lingüístico, cronístico, histórico y folclórico, tomando un camino que lo eleva como voz privilegiada e ineludible a la hora de pensar y recrear la nortinidad nacional, frontera imaginada y trazada por el hombre, pero incapaz de ser disuelta por la presencia indómita del desierto.

Considero que no hay mejor forma de dejar patente al lector la trascendencia de este gran hombre y escritor, que la emoción creciente de su proyecto vital y creativo. En una biografía de nuestro desierto, crónica publicada en el Mercurio Antofagastino en los años cincuenta, Bahamonde confiesa: Una emoción muy especial me producen los libros sobre el norte. Nunca he medido en ellos lo puramente literario, lo que pudieran tener de mensaje sabiamente condimentado. En cambio, he intentado escudriñar lo que contengan de íntimo, de nuestro, de ese afán por decir y difundir las cosas que sólo los nortinos pueden sentir sobre el norte.

Autor:Daniel Rojas Pachas

Publicado en:Cinosargo

SONETO DE MARIO BAHAMONDE

SALITRE 1959

(paráfrasis del soneto de Pablo Neruda)

Salitre, flor de luz en tierra dura,
cristal aprisionado entre la pena,
camanchaca de luna sobre arena,
sudor de pueblo hervido en amargura.

¿Quién en el tiempo coronó tu albura,
tu fuerza, tu pureza de azucena?
Silencio de la tierra que encadena,
el desierto te esconde entre su hondura.

Aquí está el hombre, terco, duro, mudo,
amarrado a tu sed desesperada,
sembrando corazones en la tierra.

Hunde su mano entre tu polen rudo,
bebe tu sabia en lunas congeladas
y su savia con una cruz te encierra.

(Publicado en "Antología de la poesía chilena a través del Soneto" Ediciones Libertarias, Madrid, 1988. Pág. 117)



1 comentario:

shom obbet dijo...

gran articulo...gracias

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