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Rostros


Hay rostros erráticos que van y vienen. Hay rostros heréticos que no creen, hay rostros farisaicos, ortodoxos, judaicos, cristianos engañados y temerosos. Hay rostros feéricos, fantásticos y lejanos. De otro universo, extraños como el mío. Hay muchos rostros: Famélicos, flemáticos, liderantes, pertinentes, equívocos pero no simpáticos, filosóficos, profundos, persuasivos y naturales. Hay rostros maquillados, artificiales, populares, lánguidos, jolgóricos y orgásmicos. Hay rostros erguidos, otros contaminados. Rostros viriles, virales y alicaídos. Rostros enfermos, locos, dementes, sanos y puros. Hay rostros artísticos, dadaístas, trasgresores y rupturistas. Hay rostros mudos, ciegos y sordos. Rostros neuróticos, esquizofrénicos, sórdidos, castos, sabios, genios y moralizantes. Rostros eunucos, castrados totales. Hay rostros cándidos, infames, pútridos, pérfidos, decapitados y revolucionarios. Hay rostros ditirámbicos, estratosféricos, odiséicos llenos de experiencia y travesías. Hay mucho rostro poético pero pocos buenos poemas, hay rostros nihilistas, ateos, únicos, existenciales. Con ellos me identifico, con los rostros nauseabundos, derrotados, rebeldes y desgraciados. Rostros de beatniks malditos, rostros musicales que piensan, continúan y nunca siguen a los corderiles, serviciales y serviles. Rostros cínicos, sardónicos, irónicos, ácidos y estrambóticos. Rostros bucólicos, efigies animales; luchan contra conceptuales, atrapados por otros metafóricos, míticos, platónicos, aristotélicos y pletóricos. Hay rostros que meditan, rostros de budistas y profetas.

Rostros socráticos, epicúreos y hedonistas; otros gobiernan y condenan, rostros culposos, enjuiciantes, rostros que mienten, son los presidentes, ministros y abogados, rostros de tiranos, hegemónicos bestias del sistema. Hay rostros anárquicos que los combaten, usan otros colores y trajes, rostros antisistémicos, pero al final organicistas, partidistas, comunitarios y esclavos.

Hay rostros ignorantes, ignorados y fantasmales, rostros ininteligibles, onomatopéyicos, antropomórficos, masoquistas y muchos ordinarios, pobres mendigando, comunes y relegados. Rostros resentidos, otros bellos, femeninos, curvilíneos, deslindantes, inflexibles y sutiles. Rostros confusos, anfibológicos, ambiguos y andróginos.

Hay rostros paternales, unos adolecen otros tienen abundancia, hay rostros maternales, rostros críticos y algunos afanosos, aduladores y con dobles intenciones. Hay rostros silenciados, apáticos, perseguidos, crucificados por creer. Hay rostros decididos, seguros, callados, no necesitan gritar para estar en lo correcto. Rostros depresivos, corroídos, vejados y violados. Rostros que se pierden, rostros extintos del ayer, del comienzo de todos los tiempos. Rostros primales, primitivos y banales. Rostros obscuros, obtusos, cuadrados, cónicos y triangulares. Hay rostros placenteros, lujuriosos, excitados, maquiavélicos, dirigidos, domados y furiosos. Hay rostros ovalados, esféricos y asimétricos, rostros perfectos y otros dispersos, planos y sismográficos.

Hay rostros mitológicos, minotáuricos, colosales, ciclopéicos, heroicos, apolíneos y otros borrachos como Dionisio. Hay rostros soñadores, idealistas, infantiles y jubilosos. Hay rostros pálidos, transparentes, albinos, negros, pecosos y otros amarillos Van Gohg.

Hay rostros que no cambian, pétreos o mecánicos, hay rostros de aluminio, rostros dignos de la revolución industrial, ambiciosos, verdes por el dinero, aceitosos por el petróleo, fugaces por el vapor y metálicos por...

...Ustedes saben. Hay rostros efímeros, fugaces, rostros de estrellas y estrellados. Rostros de emperadores e imperados, rostros de mujeres y hombres. Rostros que no quisiéramos ver o negamos. Rostros viejos, añosos, astrosos o surumbáticos, rostros epitomeos, pitagóricos, totémicos, megáricos, rostros venusinos, rostros de marte, plutón, mercurio y otros espacios fantásticos como el paraíso, rostros bendecidos, sabáticos, dominantes y curiosos. Rostros filatélicos, angelicales y diabólicos. Rostros apóstatas, eremitas, ermitaños y jesuitas.

Hay rostros advenedizos, nacionalistas y alienados. Rostros evangélicos, estupidizados, militantes, militares e ingenuos. Rostros inútiles, porfiados, infernales cual fausto hechizado, rostros posesos otros exorcizados. Hay rostros adormecidos, anestesiados, sorprendidos, soporizados, anodinos, inicuos e inocuos. Hay rostros peligrosos, los llaman individualistas. Hay rostros fotogénicos, otros no tanto. Hay rostros luteranos, atómicos, químicos, siniestros, gastados y nuevos. Hay rostros cosmopolitas, otros metropolitanos, hay rostros europeos, americanos, africanos y oceánicos. Hay rostros provinciales, tostados otros arios, hay rostros mesopotámicos, babilónicos, obsesos y psicopáticos. Hay rostros boreales, de occidente, australes y de oriente. Hay rostros que inspiran confianza, otros la empañan. Hay rostros desastrosos que necesitan cirugía, rostros monstruosos que dan pena y otros que merecen elogios, hay rostros amorosos, otros cobardes, hay rostros valerosos, otros débiles y utópicos, rostros marxistas, kantianos, existencialistas y cartesianos…

Hay rostros ausentes, castizos, casquivanos, tumefactos, típicos, convencionales, erásmicos, mutilados, rastreros, tomistas, depredadores, parapléjicos, ansiosos, aburridos, perniciosos, cálidos y fríos. Hay rostros carbonizados, cenicientos, pastosos, grasientos, delicados y otros firmes, constantes, decididos, voluntariosos y libres. No son muchos pero los hay. Hay infinidad de rostros, pero la gran mayoría son sólo máscaras.

Autor: Daniel Rojas Pachas.

Del libro Música Histórica.


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