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Kafka visionario de las sociedades de control


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Desde su tiempo, previo a lo que seria el holocausto y las guerras mundiales, este novelista Checo, que nos ha sorprendido no tan sólo por la profundidad de su obras sino por su ávido y desenfadado interés por mantener el anonimato, logro adelantarse prefigurando lo que serian las sociedades actuales o como Gilles Deleuze prefiere llamarlas, de control en oposición y como sucesor al orden previo que Foucault, otro teórico francés posmodernista, definió a partir de Napoleón como mundo disciplinario.


Y es que independiente de que el tiempo actual de Kafka y el inmediatamente posterior a su deceso, digamos los cuarenta años siguientes, estuviese enmarcado dentro de los rasgos de sociedades de disciplina, en las que los administradores de justicia y orden dirigían la fuerza de sus poderes coercitivos a fin de gravar el cuerpo procurando el encierro, el adoctrinamiento en campos de concentración, clínicas o recintos militares, bajo la modalidad del castigo físico, la enseñanza conductista, la lobotomía y en términos mas políticamente correctos y aceptados por la comunidad, en forma de educación con el examen y la superación de estadios que midieran la capacidad para pasar a centros de reclusión menos constrictivos, del colegio a la universidad o milicia y desde allí al trabajo, Kafka no halló límite para su visión, estancándose con lo meramente pre-concebido o experimentado. Consiguiendo proyectar su inquietud y adelantarse al próximo paso, detallando un camino cegado para sus contemporáneos e incluso me atrevería a decir sucesores.



Las vías que la tiranía gregaria y masificante fraguan para el individuo, no fueron un secreto al interior de su inquietud artística. En su trabajo somos testigos directos de la perdida de la conciencia, el control constante que te sume en la ignorancia de sus medios y fines pero con el cual debes convivir para poder desenvolverte con libertad.



Tal es el caso de Joseph K que se resiste a seguir la ruta que el proceso le impone, sesiones denigrantes ante tribunales montados, un abogado inútil, honorables jueces y estudiantes que hacen gala de su desviación, los consejos de un vasallo como Titorelli que vende su talento y recoge murmullos de poderosos que solo alimentan su ego y fastuosidad y como núcleo del cóctel destructivo, la aceptación de una culpabilidad que se le impone y que sólo se presume sin posibilidad de ser refutada, pues desconoce los principios que lo juzgan y condenan.



Kafka expone la impotencia y futilidad del hombre moderno ante una fuerza invisible y avasallante cual hidra a la que decapitas para impávido ver como las cabezas a afrontar se multiplican. La metáfora del monstruo mitológico se aplica con exactitud a sus enemigos, pues son millones de rostros que llevan el mensaje de un centro neurálgico al que temen y respetan pero al cual ni siquiera conocen.



Sin ir más lejos, el ejemplo idílico es nuestra condición de neonatos marcada por expectativas y regulaciones previas a nosotros mismos. Las leyes civiles tanto como el lenguaje, instrumento esencialista por antonomasia y que determina nuestra lógica; nos es impuesto y debemos trabajar y educarnos bajo sus directrices para poder acceder según dicen, libres, a mayores beneficios de esa regulación o en un sentido opuesto pero necesario, apartándonos de los perjuicios que esta prescribe. Se trata en tal caso de una libertad con centros y márgenes preestablecidos que te están vedados y los cuales debes evitar o aceptar con sumisión. Por otro lado, el castigo de indagar sobre ellos, es desaparecer, caer a manos de los verdugos que también son parte de la ley pero nunca de la justicia, pues acá no hablamos de un problema axiológico, sino positivo, de codificación, por tanto es mejor, un cómodo y democrático vasallaje.



Son estos los sistemas actuales, que ya no buscan adoctrinar a fuerza de garrotes y amenazas, sino haciéndote consciente de que estas mejor dentro, siendo un precario usuario con ciertas garantías que abandonado y proscrito. Pues fuera del control, esta el mundo de la barbarie, el anonimato en el cual conviven sistemas arcaicos propios del tercer mundo o de naciones flotantes y segregadas como lo son las grandes comunidades de obreros que operan en la ilegalidad o dentro del régimen de advenedizos en alguna potencia.



Actualmente vivimos la crisis con el auge de los tratados de libre comercio, las interminables ofertas de crédito y especialización, lo cual es un sistema inmanente en Europa y Norteamérica. Metrópolis donde ya han sido implantadas las redes de control pues de allí surge hoy en día, el orden occidental.



No queda duda entonces que en el grueso de sus obras y con la critica incisiva que da a los sistemas burgueses y por supuesto a la principal arma de estos sistemas, la ley y la burocracia Kafka fija lo que serán nuestros días, ello lo muestra como un visionario adelantado casi 80 años a su tiempo, pues sus pesadillas son los que actualmente vemos en operación. Mecanismos incipientes en Latinoamérica, al menos en su completa masificación.



Detallemos ahora la forma en que el surgimiento de este sistema, provoca la crisis de las antiguas instituciones, la caída de estas, es un síntoma del proceso general en que estamos inmersos. El Colegio y su incapacidad de ajustarse a las nuevas tecnologías, las brechas generacionales, profesores añejos que mantienen obsoletas cátedras mas allá de su vigencia como profesionales debido a las míseras pensiones y seguros tras la jubilación, las cárceles hacinadas y el sistema judicial abarrotado de causas, la corrupción de las fuerzas armadas y los sindicatos incapaces de responder a la tensión necesaria con empresas que han optado por contratar jornaleros o simplemente manufacturar en países de informal regulación laboral, sometidas al sistema anterior (disciplinario) o en proceso de reforma por lo cual aún mantienen altas tasas de cesantía y población en condiciones de lumpen proletariado.



De tal forma, las principales instituciones sociales, al menos tal como las conocemos están ante el auge tecnocrático impuesto por las nuevas formas ya no de producción sino de consumo y redistribución, condenadas a desaparecer, ser remanentes proscritos o periféricos del gran centro.



Las fronteras son también elementos del pasado, ante ellas surge un nuevo tipo de nación con ingresos superiores al per-capita de países pequeños, los conglomerados económicos, IBM, Microsoft. Warner, etc, ellas exigen nuevos tipos de legislación a los países debido a que tienen propiedades a lo largo del globo y con múltiples cabezas, consejos, accionistas y ya no concentrados en el interés de un solo propietario. El hecho mismo de que tengan una diversidad de inversiones y casas matrices hace más compleja la desmantelación o sabotaje que antes operaba destruyendo un único eje central, la flexibilidad es un elemento característico del nuevo mundo y los medios de comunicación debido a su alcance y persuasión se han convertido en una herramienta totalitaria para ese espíritu concensuado que es la empresa. Como en 1984 de Orwell se busca la opinión inmediata que evita el verdadero proceso, aquel que nuestras mentes deben hacer al leer la realidad e interpretarla. Se busca la sintetización de todo esfuerzo intelectivo, que este sea remplazado por un mensaje directo y sin filtros, de preferencia con signos sencillos o imágenes.



Kafka da el primer genuino vislumbramiento del sistema empresarial, del capitalismo que ya no desea esclavos u operarios sino autómatas dependientes del sistema, inmersos en libertades restringidas de antemano, seres que operen ideologizados por la necesidad de pertenencia y viabilidad, un hombre crédito, que requiere de un password, de un constante perfeccionamiento en los sistemas de educación para poder ser competitivo un hombre que no protesta o que cuando lo hace, actúa dentro del circulo que el mismo sistema le ha dado para su desahogo. La muerte de k, en esa medida, es un acto simbólico, es la muerte de la conciencia y el comienzo del proceso que procesa la vida y el conocimiento por y para nosotros.


Kafka ya nos mostró la pesadilla y las fauces del Leviatán. Esta en nosotros ahora la tarea de despertar.



Autor del texto y video: Daniel Rojas P.
"Carrollera"

Título: Kafka Nightmare
Música: Omar Rodriguez Lopez, A Dressing Failure
CARROLLERA VIDEOS












1 comentario:

Adriana dijo...

Daniel, me he encontrado con tu blog, el cual he recorrido, sin agotarlo por supuesto, con mucho interés. Me ha parecido muy lúcida tu interpretación de Kafka como un visionario que pocos advierten. Seguiré leyéndote y me gustaría que visitaras mi blog http://elmundodeariadna.blogspot.com Un abrazo,
Adriana G.

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