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Poeta Joven: Rodrigo Rojas Terán.

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En esta edición de semblanzas profundas, hemos procurado atender al llamado de la poesía y centrarnos en una promisoria y emergente figura de las letras locales y por que no decir, joven autor en vías de crecimiento, capaz de proyectarse a la cadena cultural del país.

Nacido en Arica en 1987, Rodrigo Rojas Terán, a su corta edad, se proyecta como un creador de oficio, su sensibilidad humanista y su amor por la lectura, lo han hecho un autodidacta especializado en la poética nacional, de preferencia, la línea de vanguardia, encabezada por La Mandrágora además de los herméticos pero bellos versos de Humberto Díaz Casanueva y Rosamel del Valle. La generación del 50, configurada por Teillier y Lihn, no escapan a su agudo ojo y la vertiente más experimental que coquetea con los códigos visuales y la performance deconstruccionista, también ha pasado por el filtro de su criterio, nutriéndolo como poeta.

Rodrigo, en una amena y distendida charla, me contó sobre sus primeros pasos, cursaba en ese entonces segundo medio, tendría alrededor de catorce o quince años y se aproximó de la mano de Neruda, encantado por el tópico del amor y la adolescente necesidad de expresarse, a lanzar unos primeros atisbos de lirismo. Casi como un juego, recuerda esos pasajes plagados de imágenes directas y lugares comunes. Con gran sencillez y apelando a lo más básico fue descubriendo el arte de crear mundos con el lenguaje, sin embargo, su inquietud era bullente y requería tan sólo una mano amiga, un sincero consejo o estimulo para crecer. En su búsqueda personal, hay dos hitos que el destacó y recuerda con cariño. El grupo Rapsodas encabezado por dos conocidos y destacados maestros y creadores de Arica, Don José Morales Salazar y Luís Araya Novoa, quienes lo acogieron como una segunda familia, ayudándolo a crecer y despuntar con confianza y disciplina. El segundo espacio, la biblioteca municipal. Como en un cuento Borgiano, este recinto del saber, se volvió el refugio e incubadora de su arte, allí pudo dialogar con voces y vidas imperecederas abriendo las puertas de la percepción como estipula el visionario ingles William Blake .

Gracias a esos dos caminos que confluyeron en un momento casi decisivo y podríamos decir crítico del desarrollo de una persona, pudo ir gestando una visión más amplia de la literatura y una vocación que lo lleva a afirmar tajante, que nuestro país tiene una deuda con sus creadores. Para él la poesía, sobre todo la nacional, que el deslinda en una edad de oro que va desde 1930 a 1970, significa la convergencia de hombres y mujeres que han podido captar con sus obras, mejor que nadie, la realidad existencial y profunda, de esta larga y delgada franja inmersa en un basto globo. Un paralelo mágico y fértil, que debe ser rescatado. Su frontera, simplemente la traza la negligencia y desidia, del que no quiere ver más allá de su intolerancia.

El arte no es para las elites, las puertas de la cultura y el arte, están abiertas para todo el que sincero quiere leer, aproximarse a la música y la pintura, señaló, para luego contarme que en el 2006, recordando sus comienzos, participó en las charlas poéticas entregadas a jóvenes en la D4. La idea era motivar a otros y transmitir la pasión por leer y escribir, ambas hacen de este mundo un lugar mejor, enriquecen nuestras vidas, recalcó.

Pensar de esta forma, sentir la poesía como una necesidad espiritual, le han dotado de una ética y estética personal, de manera que el mismo y su mundo, sea una construcción, un camino íntimo que va labrando a través del arte. El crecimiento no debe ser tan sólo intelectual o académico sino de preferencia, vital. Parafraseando a Jorge Teillier, entendemos que: “La poesía es la verdadera vida”, verdad que puede ser vivida en la tranquilidad de la aldea o en el bullicio de los bares, en la soledad de los bosques sureños o de los solitarios domingos urbanos 'mirando los últimos reflejos del sol en los vidrios'”.

A la fecha, paradojalmente, su vida se debate en dos faenas en apariencia contrapuestas, la sensible labor poética y la ruda vida del minero, empero, pese a su distancia imaginaria, ambos mundos se comunican por esa capacidad de captar y transformar la realidad. Su poética se ha nutrido de tales experiencias, de aquel mundo eriazo que en la camaradería provee de luz. Vida consagrada al cobre que el respeta pero en la cual no desea encasillarse, por ello se prepara para el ingreso a la universidad en el área de pedagogía y lenguaje, también vislumbra la participación en concursos, encuentros y recitales de poesía y ante todo a madurar su estilo en función de lo que él entiende como la prosecución de una poesía final, capaz de comunicar lo más preciado, la emoción.

La obra de Rojas Terán.

En la poética de Rodrigo Rojas Terán, el verso libre y lo que el ojo inexperto podría calificar de buenas a primeras como una metáfora hermética y cerrada, revela por el contrario y con gran nitidez, al hacerse uno participe activo del diálogo e interpretación, la calidad humana del poeta, su herida y convicción.

La palabra fluye como aliado para la construcción de una atmósfera que transita en lo más profundo del ser, el drama existencial de ser arrojado a la vida, al crecimiento a veces agreste y desolado de paisajes derruidos, inhóspitos, demasiado amplios y portentosos para una joven o infantil mente. Aunque en ese desamparo, en esa vastedad inconmensurable del silencio, se halla también el espejo limpio de la inocencia, recamado por la ternura y delicadeza del que aún no cuestiona y se limita a la sorpresa y fantasía de cada elemento a descubrir y atesorar. La memoria y el tiempo son incipientes retazos que dan forma a un tejido bello que es la persona misma, sus sueños y esperanzas.

Un camino que con el pasar de los años y ante el cantar de la experiencia se diluye, se retrae y se ve filtrado por la conciencia cínica, utilitaria y lógica del adulto. El puente hacia ese pasado, hacia ese recodo perdido y felicidad, es la poesía, mágico y onírico lenguaje, capaz de desafiar y subvertir el pensamiento. De manera que se va gestando al interior del hablante lírico, una nostalgia, un desdoblamiento, entre el autor, Rodrigo Rojas como ser empírico y real, y Rodrigo como caminante, forastero, extranjero eterno en el seguimiento de un yo más autentico, en lo posible, libre de la contaminación del hombre activo, carente de reflexión, asesino inconsciente de ese añorado primer yo, el niño.

En ese devenir, los paisajes arraigados confrontan al mundo moderno su ruido y la cisura que provoca y cómo eludir la muerte, esa precariedad intrínseca del hombre y posibilidad ineludible. Todos estos elementos se dan cita para universalizar esta poesía que condensa un fuerte apasionamiento, introspección y contacto con las múltiples dimensiones de lo humano, desde el solipsismo que se reconoce en desamparo a lo gregario que acoge o lastima aquella intimidad. Desde lo lárico que busca expresarse ante lo cosmopolita y urbano, que tantas veces potencia por oposición, la otredad de esta antípoda pero que tantas otras, la mayoría, la invade y destruye.

En definitiva, como lector y crítico vislumbro la obra de Rojas Terán como, una alternativa renovadora de la tradición, asentada en los lindes de lo que el mismo llamo la edad de oro de la poesía chilena, pero desde una perspectiva moderna. La del joven hombre del presente que con mayor prontitud y desmesura, ve profanada la inocencia personal y de su mundo. De manera que lo lírico se conjuga a lo lárico y el refugio y añoranza no involucra sólo el espacio material, un bosque, una estación de trenes, un hogar perdido en el desierto o la llanura, ese hogar es el poeta, ese que mira más allá de la palabra gracias a la palabra.

Autor: Daniel Rojas Pachas

ESCRITURA DEL TIEMPO

"Y ahora recordando mi antiguo ser, - los lugares que yo he habitado y que aún ostentan mis sagrados pensamientos, comprendo que el sentido, el ruego con que toda soledad extraña nos sorprende, no es mas que la evidencia que de la tristeza humana queda". Omar Cáceres (1904-1943)

¿Qué sucede o qué se implora en ese relámpago casi impreciso,
moribundo, donde otro ser eternamente oculto se derrama?

No consigo ser otro que yo mismo
en ese momento único del sueño,
pues veía un espejismo en transito que no alcanza a callarse
sin más que el volumen excesivo de mi sangre
en completa y profunda resonancia.
Existe algo tan personal como el sueño que se desea a voluntad,
un último rumor a instantes de que un sueño sea descifrado
a orillas del primer escalofrió que nos delata
y la habitual eternidad que no se sabe, pero que se comparte nuevamente.
¿Puede ser que para otro mundo pueda llevar lo que he soñado? *
Lo irreparable de esto, es que debo decirlo sin adornos,
sin configuración alguna a que el pasado y el presente
se nombren nuevamente, libre de dictar o comunicar
lo que nunca se debiera haber dicho,
pero que finalmente se conserva en mi interior
como un inevitable hueso en perpetua hondura.
¿Cuáles son las razones del paso del tiempo? Pues ello prevalecerá
a la luz del instinto, en que yo sea otro "insensiblemente llevado a ser otro, también." *
"Pero las frases que faltaron decir en ese momento, me surgen todas"*, pero me duele
sentirlas y recordarlas tan distantes, y distintas en ese momento único del sueño,
natural y verdadero:

* Versos tornados desde un poema de Fernando Pessoa .

Poema escrito Sabado 26 de enero 2008.- Arica. Rodrigo Rojas Terán.

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