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CRÍTICA DE LIBROS. “Random”, o la torturada conciencia de un escritor en Cólera

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CRÍTICA DE LIBROS. “Random”, o la torturada conciencia de un escritor.


           El libro se compone de 54 fragmentos encabezados casi siempre por canciones (ej.: “Devo | Knock Boots | 3:39″), que buscan imitar así el track list aleatorio de un reproductor de música, aunque el conjunto de textos imita mejor la forma del zapping, ya que sus historias suelen retomase y desarrollarse a pedazos con cierto orden cronológico. El programa con mayor rating en Random es la autobiografía de un escritor; los demás canales dan historias que tienden a la hiperviolencia -cachondeo explícito, incesto y abuso incluidos-, con varios disfraces y referencias: policial, cyberpunk, ciencia ficción, melodrama adolescente, thriller y porno online.
           Dicha violencia desatada, parece estar en el escritor, aunque contenida como resentimiento contra los que no apoyaron su vocación literaria. Vemos intercalarse sus rabiosos monólogos interiores contra los sermones y reproches de su padre ausente, su hermano arribista, o su polola abandonadora. Su tormenta de mierda cubre también a los escolares dark  y suicide girls en su carrera por ser especiales, a los universitarios frívolos o comunistas (igual de zorrones), a “lo que todos llaman obras maestras [...] tipo Einseinstein o Tarkovski”, al gremio literario completo (“Me jode la superioridad moral de otros y la nobleza monacal que le imprimen al acto, cuando la literatura es un balde de mierda”) y a sí mismo durante su educación sentimental: “Seguía siendo un mono culiado chico sin remedio”.
            Aunque está declarado el odio a los “congresos de mierda y las cagonas ferias del libro”, el personaje mantiene visibilidad en todas esas zonas, a regañadientes, con aires graves y autocompasivos. No hay problema, pero ese “estar en todas” se transmite a la novela. Toda la solemnidad y sutileza que Random evita o insulta –a partir de las ficciones de violencia y sexo explícito, o de las irreverencias del personaje-escritor hacia el establishment artístico– quedan reservadas para los dramas del escritor reconocido, por ejemplo, antes de dar entrevista (una groupie lo anima en una esquina del ring: “¡Dios, me das tanta rabia a veces! No sé por qué te complicas tanto… Deberías relajarte, das la entrevista, dices un par de cosas inteligentes o mejor aun, unos chistes absurdos, ni notan la diferencia entre balbuceo y genialidad”), episodio que cierra con la máxima de autoayuda beckettiana: “Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor”. Lo mismo cuando se muestra irritado de tener que corregir a sus admiradores novatos (“Por favor, no me hagas empezar“, piensa cuando un ex-asistente de su taller lo interroga: “¿Poesía estilo Neruda?”).
          Otro de los programas, donde un putillo cyberpunk asesina a un funcionario estatal, se interrumpe con esta noticia: “Un poeta afectado describiría la escena con sutilezas referidas a la luna y el canto de los insectos [...] pero esto era únicamente un juego de carne y navajas”. Esta pretendida estética hiperviolenta, visceral y radical en Random, pierde consistencia con los momentos emo en que el escritor se muestra incomprendido por el mundo (“Aunque pensándolo mejor… qué enredado eres”, le dice una chica limeña); o abrumado y melancólico en sus viajes por avión hacia un nuevo congreso internacional: “Es tan extraño dormir en camas ajenas y bajo techos que sólo te cobijarán unas horas durante toda tu vida… [...] alguna parte de ti va quedando tras cada puerta que cierras o no puedes abrir”. Casi al final, establecido con una familia, se lamenta de tener que ir a presentar otra novela y abandonar durante dos días a su hija pequeña que lo mira con ojos llorosos.
            Una de sus reflexiones conclusivas apunta: “Todo es poetizable, todo es digno de ser narrado porque nada importa, nada existe y espera tan sólo un nombre (…) Lo otro es puro pajeo”. Sin embargo, la revelación llega muy tarde. Uno quisiera pedirle al personaje, por el bien del libro, que por favor se ahorre algunos cócteles y congresos, haga más vida familiar –aprovechando de desenchufar a su hija del Nintendo– y así nos evita los pajeos y las poetizaciones sobre sus conflictos y aprendizajes de figura pública.
Foto que vaya dento del texto
Random, Daniel Rojas Pachas.
Narrativa Punto Aparte, 2014.
151 páginas

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