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Reseña a Proyecto Apocalipsis (Cinosargo 2011) de Andrés Olave y E. Cuturrufo en Diario El Ciudadano


reseña proyecto

Por Cristobal Gaete Araya
Como una película de ficción teológica imposible de llevar a cabo podríamos concebir Proyecto Apocalipsis, que genera con su artilugio narrativo inmediata atracción o rechazo: meter a dios y a toda su banda a la tierra apoyados por infantería atómica es algo no tan fácil de digerir.  El paso de las páginas nos entrega un panorama desolador: ángeles torturados por doquier estirando la vida de los humanos al límite de lo imposible para verter sus deseos de causar dolor y tener sexo.   La concepción de seres superiores a lo humano es fiel reflejo de los propios sueños de los hombres, de ahí lo reconocible de la degeneración empoderada, narrada de manera tan fría que recuerda a los autores que han ocupado el imaginario dictatorial.
Entre el último ruso de la historia, el encargado del cuidado del último jardín y un brujo rastafari arman una resistencia mística contra un ejército de miles de ángeles crueles, armados y ociosos.  Pero este aparente disparate va tomando fuerza en medida progresiva, entregados a la caja de pandora que son los recursos de estos misteriosos hombres y la galería de seres celestiales conocidos, absolutamente subvertidos.  Ante esta aventura queda resistirse y buscar en los libros la supuesta lógica interna del relato o entregarse a un fluir de capítulos cortos y que llegando al tercio del libro resultan sumamente opresivos y logran el efecto de mantener el suspenso a partir de lo fragmentario, en capítulos breves sumamente ajustados que no renuncian a un humor negro en lo que se refiere a acontecimientos que superan la barrera de lo común.
La revisión de la literatura chilena de fantasía de los últimos años hace de Proyecto Apocalipsis un titulo ineludible para estirar y mejorar el panorama.  Parece ser que la religión es nuestra propia fuente de poder para ser desviada.  Los únicos ripios son las bromas acerca de las localidades chilenas, el color local innecesario, una novela como ésta podría ser escrita en cualquier lugar del mundo, pero probablemente la inserción religiosa en nuestra vida es importante en comparación a otros lugares más liberados y detonan  la mente de los notables creadores de este libro a cuatro manos.  Más inquietante resulta que haya sido escrito a la mitad por un estudiante de Teología, que entre líneas propone que la única protección ante la venida del apocalipsis será hallada en la sabiduría que excede a la ley de Cristo, esa sabiduría que ha sido reprimida por el mismo poder centralista del Vaticano y sus esbirros,  que parecen ser la única copia fidedigna de la realidad en estas páginas.

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