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Texto de Daniel Rojas Pachas en Artículo de Francisco Ovando sobre la influencia norteamericana en la narrativa chilena reciente


Nota completa en Revista Intemperie.

En el artículo también opinan: Cynthia Rimsky, Francisco Díaz KlaassenOscar Alejandro Mancilla Andrés Olave.

http://www.revistaintemperie.cl/index.php/2012/12/14/is-this-huerfanos-street-francisco-ovando/


Daniel Rojas Pachas, fundador y editor de Cinosargo Ediciones. Ha publicado los libros Carne, Soma, Gramma, Cristo Barroco, Veneraciónentre otros, además de haber participar de varias antologías.


Mirada sobre ciertas transacciones.

Claramente hay imposturas que me resultan sospechosas en la transacción literatura norteamericana y chilena reciente.Y no me refiero sólo al tráfico lingüístico, léxico, de estructura en los relatos o incluso el abuso de referentes pop a lo Bret Easton Ellis, Chuck Pahlaniuk o Paul Auster, pues si lo pensamos por encima de las superficies, esto igual atañe a aquellos textos que gratuita y odiosamente saturan al lector con cultismos grecolatinos o franceses, por dar un ejemplo.Personalmente creo que la actitud que resulta más molesta y criticable es la que se observa en el calco de maneras, simbolismos y equivalencias culturales que se tratan de imponer a la fuerza, como si fueran naturales a los receptores, operando con la misma lógica de violencia e invasión que han ejercido desde los setenta; las cadenas de comida rápida; los modelos de negocio y ciertas marcas dejadas en nuestro inconsciente.

Me explico.

Don Francisco no es Jay Leno o David Letterman. Transacciones como tomar las alusiones al baseball, el supertazón y el 4 de julio o la vida en los suburbios de California como asimilables al futbol nacional, el torneo de apertura, 18 de septiembre y alguna comuna de Santiago, comparar la farándula local, sus mediocres exponentes y patéticos escándalos, con los avatares de Brangelina, el humor de las sitcom de NBC y SNL que me parece iluso e insultante (quizá algunos se lo tragan y lo encuentran original, divertido y hasta necesario considerando los tiempos que corren).

Ciertamente vivimos en un mundo donde las fórmulas televisivas y el merchandising que prueba su éxito masivo está condenado a ser emulado con las variantes correspondientes al contexto local, ¿Quién quiere ser millonario? de Regis, Matrimonio con Hijos con Al Bundy, los miles de realitys de Simon Cowell, Cops, todos tienen su versión chicha y criolla, de modo que era cosa de tiempo para que la literatura replicase los mecanismos enfocados hacia una masa adiestrada que quiere libros de vampiros, de zombies, de freaks, de niños magos, geeks, de historias de hermanos o de familias en la carretera, las mal llamadas novelas gráficas y su culebrón romántico, mala copia de Before Sunset de Linklater, que en suma, alimentan la nostalgia de los ochenteros, todo es demasiado evidente.

Seguro pronto tendremos nuestro American Pie literario y luego vendrá la nostalgia de los 90, y la cultura poke, los niños criados con su tamagochi al lado, el J-Pop, J-Rock, el HXC, el anime, el cosplay literatoso y los videogames, el RPG y los MMORPG´s. Japón será el próximo bebedero público, lo doy por marcado, es cosa de mirar fuera de los libros, esnifar un poco el viento que corre e ignorar los papers académicos que se quedaron pegados en la guerra fría. Es la cultura que nos están vendiendo, empaquetada como una identidad a injertarse y el libro es otro soporte más, en esa metastabilidad, pues tendremos a los autores que se harán cargo de la hibridez y el mundo tal cual nos llega, pero sin soportar sus lecturas de la realidad y su obra en forma de pastiche y remake regurgitado que se transa con la típica nota de prensa o banda alrededor del libro que reza… un carpetazo a… mientras que otros, cómodos, se esforzarán en seguir el modelito para sorprendernos con una profundidad intelectual y estética asimilable a cualquier película de Happy Madison.
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