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Presentación de Carne (Editorial Itinerante, 2012) de Daniel Rojas Pachas [por Francisco Ide Wolleter]





Presentación de Carne (Editorial Itinerante, 2012) de Daniel Rojas Pachas.

Lo evidente es el cuerpo no en su dimensión psíquica, sino material. El body horror, la pulsión de muerte. La violencia es evidente y no, en sus distintas dimensiones. Pachas trabaja el ímpetu verbal desarreglado, apoyado en la profusión de signos gráficos propios del lenguaje del chat o de las actualizaciones de facebook: una transcripción de la oralidad sin filtro, sin correcciones: una simulación de inmediatez. La convulsión epiléptica, el desmembramiento y la tortura de la conciencia entonces como actividad conjunta: no vale el fenómeno fuera su fenomenología, ni la idea del fragmento fuera del decorado: la cita, la comunicación con la cita, el texto surgido o no del dialogo con ella, etc: trozos de carne el espacio del texto, carnicería efectuada en una carnicería: imposible distinguir el origen de la carne que tapiza las baldosas o se inscribe en los mesones metálicos o en las también metálicas repisas del frigorífico. Imposible también descifrar las últimas palabras o muecas de los labios que tiene sobre los labios el leather face de la masacre de Texas (“ed gein style / tobe hooper es dios”). Cuáles los signos de la convulsión: en Carne, a mi modo de ver, la profusión de signos exclamativos, en lugar de acompañar gritos y vociferaciones evidentes, acompaña, muchas veces, extrañas calmas o extraños silencios. De la misma manera, la profusión de puntos suspensivos, en lugar de suspender o aquietar o inocular el silencio, muchas veces acompaña tremendos gritos de rabia vomitiva que pasan soterrados (como la sorpresa del vomito de la noche anterior por la mañana). Es la inmediatez de una violencia pasada por el filtro de la transcripción. La violencia existe también, sobretodo, en esa contradicción de los signos. Lo que por disgregar diré que es menos que evidente en Cronenberg que en Lynch, donde la imagen angelical o tranquilizadora surge en un ambiente no idóneo, o al revés: el profundo horror, o el horror humorístico en lo cotidiano (por ejemplo, Pachas vendiendo chapitas y poleras a un completo estúpido, para pagar los estudios). Bueno, hasta acá con la violencia por ahora. No es que Pachas haga girar la rueda del Dharma por momentos, pero la violencia es un aspecto más, entre otros. Quiero hacer un breve comentario sobre las pags. 3 y 41 (de la edición de Cinosargo, porque esta nueva edición no tiene las páginas numeradas) En la pp.3  el autor incluye una cita de Derrida, que abre una línea de lectura para Carne: sobre los elementos citados y la conformación del discurso como un dialogo entre un discurso anterior o un texto de origen, incorporado a nuevo conjunto, o nuevo discurso. En la pagina 41 (penúltima página), el autor cierra líneas de lectura para Carne. Las cierra en el sentido de que las evidencia como mecanismos de legitimación del texto, y cómo líneas de análisis burdas o poseras, dice: “que la hipertextualidad y la fragmentación de la reconchasumadre”. Es decir, cierra la misma línea de lectura que abre al inicio. Deslegitima la legitimización, apelando directa y violentamente contra el lector. Esto, unido a lo que dije hace un rato sobre la profusión de signos, me parece muy interesante, pues nos habla de un autor consiente: el lector es siempre, en el mejor de los casos, un estúpido, necesita guiños, signos, ser guiado, aprender los trucos, ganar con trampa. Pachas a veces nos facilita estos trucos, otras veces se defiende de ellos: en esto, a mi parecer, hay una inseguridad básica (si se quiere neurótica), bastante sana y democrática: lejos está Pachas del fascismo críptico y del coro autorizado.
En lo que respecta a la cita, pasa que la relación de los textos con la cita ocurre, pero no es una constante, por lo que resulta una línea por lo menos engañosa. A mi parecer, el sentido profundo de los mecanismos de la cita, tiene más que ver con la auto-cita (citarse a sí mismo, a la cotidianidad en su insignificancia) que con otra cosa. Aquí, creo, opera el dialogo y la memoria como conceptos centrales. El dialogo está presente de distintas maneras: la cita directa, como dijimos, la auto cita y en algo que anoté como soledad dialogada, que vendría siendo esta híper comunicación o ventilación dirigida al que lo lea: el lenguaje de las anotaciones diarias y de las actualizaciones del facebook, por ejemplo. Una escritura que simula la inmediatez y el feedback y que en esa simulación no se percibe así misma como un discurso monológico, sino quizás como un discurso incompleto o abierto, una conversación abandonada, una propuesta.  Aquí cito a Daniel: “La memoria es una tarea de escritura imperfecta”, luego dice: “siempre estamos leyendo y contando las mismas historias en un proceso interminable de citas y referencias /…/ jugando a ser artista…”. Leer y contar. En Carne se mezclan tipos de registro y tipos de relato (según mi modo de ver, la poesía entendida como registro excede los aspectos formales de la poesía o de cómo pensamos que debería ser un poema o poemario). En los relatos, al lado de las anécdotas cotidianas, se narran actos macabros, violaciones, crímenes, que puestos así, de esa manera, como evidente ficción al lado de la evidente realidad (violación narrada desde el violador o Raskolnikof asestando un hachazo a una vieja v/s un viaje en bus cruzando la frontera, el desierto), toman un peso diferente, donde los límites de la intencionalidad quedan difusos. Aquí cito a Daniel: “Es un espejo del mundo, una síntesis diaria que se libra entre cuatro paredes desnudando la mezquindad, soberbia y ego superficial del ser humano”. Esto dicho tendiendo presente la insatisfacción permanente del deseo permanente en la sociedad de consumo. Este tema, la insatisfacción, que en el fondo es una problemática sobre el placer, en el libro es tratado con pesar o con rabia o con humor o con excitación. El pilar, creo, es el deleite pornográfico y es allí, en ese deleite, donde no queda claro el límite entre la actitud crítica y el placer morboso. Un límite que honestamente, creo no está claro en ningún sujeto de los que vivimos la cultura del consumo. Y que por lo mismo no necesita estar claro en un libro, que tiene los cojones de plantearlo.

Francisco Ide Wolleter
18/ octubre, 2012. Santiago.


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