CATÁLOGO DE GROENLANDIA EDICIONES.
INCLUIDOS CARNE DE DANIEL ROJAS PACHAS
Y LAS DOS COEDICIONES ANTOLÓGICAS CON CINOSARGO.
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Más información en: http://www.revistagroenlandia.com/main.htm
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Fotos de la presentación del libro Carne de Daniel Rojas Pachas (Feria del libro Huancayo 2011)



Click en esta imagen o Link para leer la entrevista completa.
Entrevista a Daniel Rojas Pachas y Cinosargo por participación en la 3ra feria del libro de Huancayo (Perú)
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Catalogo actualizado de libros impresos de Cinosargo Ediciones
(13 títulos a la fecha y sumando)

Agregamos nuestros dos nuevos títulos (Junio - Julio 2011)
Carne de Daniel Rojas Pachas
y
Raíz de uno de Fernando Rivera.
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Más información en: www.cinosargo.com
Momento Random del día # 35 – Villoro y los Avengers.
…entro junto a mi hija a un almacén, la idea es comprar agua o una bebida y salir rápido del lugar, volver a casa y comer viendo un episodio de los avengers, la tienda está repleta y pasa algo curioso, toda la gente mira una pantalla, un par de señoras, una escolar y un tipo además del vendedor… en la televisión está Juan Villoro hablando de fútbol y literatura, y yo digo -en que dimensión me encuentro por la cresta-… en qué lugar di vuelta erróneamente para toparme en arica/chile, al mediodía, a seres humanos interesados en escuchar a un escritor mexicano hablar sobre libros, no es sqp, camiroaga o amaro gómez en las noticias… me acerco a mi hija y le digo… pero si es JuanVilloro Blue, Villoro en la tele, qué freak no te parece… no me entiende, es demasiado pequeña… sólo me mira como diciendo… “deja de joder papá y vamos a casa a almorzar viendo a los putos vengadores”… Hulk aplasta!!!
Daniel Rojas Pachas.


Raíz de Uno (Cinosargo 2011) de Fernando Rivera Lutz.
Edición número trece de Cinosargo Ediciones.
Poesía.
Raíz de uno (Cinosargo 2011) de Fernando Rivera Lutz, persiste y dialoga con el fracaso total del mundo retratando con cada verso la épica y cotidianidad del dolor, la soledad y el abandono desde un paraje que exige ser duro, casi una alimaña, nos dice el autor en uno de sus poemas: "No cualquier animal es digno del desierto de Atacama / no basta tener el cuero duro / la lengua larga / o ver bajo el agua en las costas del desierto / aquí para sobrevivir / requieres de otros mecanismos / articular otros sentidos / no basta el oído / para escuchar el respiro de la noche / ni basta el olfato / para captar el aroma de la niebla en la mañana / aquí el peligro acecha / en cada plano recortado"
El primer contacto con este sentimiento de agonía, es la memoria. Lucha que se asume con obstinación desde la educación sentimental del infante. En el poema "Mi abuelo" Rivera Lutz poetiza a un flácido hombre, su porte delata un tierno y estoico patetismo ante un simple ritual como beber atento a los empates a cero de su equipo favorito. La vida entera parece sumirse en partidas que terminan con la inutilidad del empate sin goles, sin embargo, la pasión inútil de dar pie a empresas que se saben abortadas y absurdas desde su concepción, no son razón suficiente para excusar la pelea y dar marcha atrás.
En el poema primero del último apartado (), la poesía de Rivera Lutz declara: "Un sol endemoniado cae sobre las planicies por donde marchamos / la fila de cómo 20 entre muchachas y muchachos a poco se desploma / los malditos que hacen de jefe fuerzan el tranco / y a cuenta gotas la ración de agua sobre las cantimploras: / regla número uno para sobrevivir en el desierto, dicen. / Aun así, felices por sobre imposibles laderas / cantamos los himnos de la revolución / convencidos de un nuevo amanecer / que a fuerza de ráfagas y delirantes discursos / hará flamear nuestra bandera en palacio".
Miles de bellos jóvenes marchando directo al picadero, una generación sin amuleto, sacrificados como Heraud, como Roque Dalton y todo por una quimera de mierda, reclama Bolaño. Sueño al fin y al cabo y eso es suficiente para mover la consabida consigna: "Fracasa de nuevo, fracasa otra vez, fracasa mejor"
Pero esos discursos e ideologías del mañana, las máuser y ametralladoras búlgaras del presente, fueron en un comienzo un objeto mítico que dispara la imaginación a una edad impresionable, la Colt 44 de Harry el sucio y excéntricas balas fucsia portadoras de una visión fantasmática del padre, un recuerdo empolvado en el armario familiar, vaso comunicante con la figura de antiguo juez de policía local en el desierto de Atacama, otra vez ese condenado desierto que Rivera Lutz describe: “Ojo con los muertos diseminados / en estas extensas planicies / completado el ángulo en cada esquina / cruces y flores secas / nada de osamentas / el viento es siempre / la última palada inconclusa. / A veces sobre caminos / en que se pierden los rastros / al borde de una huella / una animita encendida / qué muerte más sola / en estos estériles paisajes / alerta entonces con los murmullos / que el desierto despliega / puedes oír a veces el resuello de un lagarto / pero que no te engañe ese otro respirar. / Se equivocan quienes piensan / que el desierto es tierra de nadie”.
El padre como sheriff de spaguetti western perdido en la nada y la velocidad del disparo diseminado en la camanchaca, establece un primer contacto con la muerte. Bukowski nos dice en un poema "Un sabor temprano de la muerte no es necesariamente una mala cosa" y Bukowski, Ferlinghetti así como los beatniks son afluentes para la médula de Raíz de uno.
El beat desde luego, no sólo por el ritmo intrínseco de la poesía Beat= ritmo/pulsación, sino también por el sentimiento de beat=golpe y por tanto derrota asumida ya sea de modo directo a través de las tentativas de suicidio o dilatado en aquellas errancias por el tiempo, ignorando toques de queda, rozando vidas y márgenes, sobreviviendo desamores y pendencias en lugares desconocidos en que van quedando retazos de uno como otro tipo de sacrificio.
“Raíz de uno” de Fernando Rivera, una antología olvidada como él la llama, es la suma del horror, ese horror que Kurtz (Marlon Brando) profético y abismado susurra en Apocalypse Now pero que todos asumimos tozudos como reza Nietzsche “lo que no te mata te hace más fuerte” y a fin de cuentas: “nos parecemos a aquellas encomiendas / que llevan impresa la palabra frágil / y cuyo destinatario / ha sido borrado por el tiempo”.
La particularidad es que estás encomiendas son lanzadas desde la oquedad desafiante del desierto, esa ruta escénica en que nos hundimos como especie, y son "astillas volátiles como cenizas en este desierto en llamas".
Daniel Rojas Pachas
Escritor y Director de Cinosargo Ediciones
59. Pixies - Where is my mind…. 3:55
Era el final de los noventa… ¿recuerdo esa época?… era un pendejo y fue el último viaje que hice con mamá a cualquier sitio… tuvo que ser Lima y Fujimori todavía era presidente, hoy las cosas son aún más absurdas, oscuros personajes re-aparecen con mayor poder y tribuna… Una prueba viva de lo imbécil de la gente y lo poco originales que somos. Como decía en una entrevista Arenas… vaya manera de demostrar que en América el tiempo y la memoria a largo plazo no existen… Me acuerdo del paquetazo, el tren eléctrico, el terrorismo y todo aquello de lo que se hablaba y respiraba cuando vivimos acá a fines de los ochenta. Me encantaba Mónica Santa María, en realidad todas las minas de nubeluz. Fue una época extraña… recuerdo la música de 90 segundos… puto Vangelis, no lo puedo escuchar sin sentir nausea… pienso en Abimael Guzmán, Tarata… el racionamiento eléctrico y los motores a gasolina sonando para que pudiésemos tener luz y las máquinas de la fábrica de mis viejos siguieran produciendo… un pequeño burgués… todo se resume y comienza allí… un pequeño burgués anclado a la figura de Flaubert, alega Sartre… yo con cueva tenia a los thundercats.
Fragmento de Random o “Y pensarás en todas esas niñas anónimas que te han amado sin piedad y con una crueldad muy requerida en estos días” - Novela de Daniel Rojas Pachas.

GILLES DELEUZE
POSTDATA SOBRE LAS SOCIEDADES DE CONTROL
I. Historia
Foucault situó las sociedades disciplinarias en los siglos XVIII y XIX; estas sociedades alcanzan su apogeo a principios del XX, y proceden a la organización de los grandes espacios de encierro. El individuo no deja de pasar de un espacio cerrado a otro, cada uno con sus leyes: primero la familia, después la escuela (“acá ya no estás en tu casa”), después el cuartel (“acá ya no estás en la escuela”), después la fábrica, de tanto en tanto el hospital, y eventualmente la prisión, que es el lugar de encierro por excelencia. Es la prisión la que sirve de modelo analógico: la heroína de Europa 51 puede exclamar, cuando ve a unos obreros: “me pareció ver a unos condenados...”. Foucault analizó muy bien el proyecto ideal de los lugares de encierro, particularmente visible en la fábrica: concentrar, repartir en el espacio, ordenar en el tiempo, componer en el espacio-tiempo una fuerza productiva cuyo efecto debe ser superior a la suma de las fuerzas elementales. Pero lo que Foucault también sabía era la brevedad del modelo: sucedía a las sociedades de soberanía , cuyo objetivo y funciones eran muy otros (recaudar más que organizar la producción, decidir la muerte más que administrar la vida); la transición se hizo progresivamente, y Napoleón parecía operar la gran conversión de una sociedad a otra. Pero las disciplinas a su vez sufrirían una crisis, en beneficio de nuevas fuerzas que se irían instalando lentamente, y que se precipitarían tras la segunda guerra mundial: las sociedades disciplinarias eran lo que ya no éramos, lo que dejábamos de ser.
Estamos en una crisis generalizada de todos los lugares de encierro: prisión, hospital, fábrica, escuela, familia. La familia es un “interior” en crisis como todos los interiores, escolares, profesionales, etc. Los ministros competentes no han dejado de anunciar reformas supuestamente necesarias. Reformar la escuela, reformar la industria, el hospital, el ejército, la prisión: pero todos saben que estas instituciones están terminadas, a más o menos corto plazo. Sólo se trata de administrar su agonía y de ocupar a la gente hasta la instalación de las nuevas fuerzas que están golpeando la puerta. Son las sociedades de control las que están reemplazando a las sociedades disciplinarias.
“Control” es el nombre que Burroughs propone para designar al nuevo monstruo, y que Foucault reconocía como nuestro futuro próximo. Paul Virilio no deja de analizar las formas ultrarrápidas de control al aire libre, que reemplazan a las viejas disciplinas que operan en la duración de un sistema cerrado. No se trata de invocar las producciones farmacéuticas extraordinarias, las formaciones nucleares, las manipulaciones genéticas, aunque estén destinadas a intervenir en el nuevo proceso. No se trata de preguntar cuál régimen es más duro, o más tolerable, ya que en cada uno de ellos se enfrentan las liberaciones y las servidumbres. Por ejemplo, en la crisis del hospital como lugar de encierro, la sectorización, los hospitales de día, la atención a domicilio pudieron marcar al principio nuevas libertades, pero participan también de mecanismos de control que rivalizan con los más duros encierros. No se trata de temer o de esperar, sino de buscar nuevas armas.
II. Lógica
Los diferentes internados o espacios de encierro por los cuales pasa el individuo son variables independientes: se supone que uno empieza desde cero cada vez, y el lenguaje común de todos esos lugares existe, pero es analógico . Mientras que los diferentes aparatos de control son variaciones inseparables, que forman un sistema de geometría variable cuyo lenguaje es numérico (lo cual no necesariamente significa binario). Los encierros son moldes , módulos distintos, pero los controles son modulaciones , como un molde autodeformante que cambiaría continuamente, de un momento al otro, o como un tamiz cuya malla cambiaría de un punto al otro. Esto se ve bien en la cuestión de los salarios: la fábrica era un cuerpo que llevaba a sus fuerzas interiores a un punto de equilibrio: lo más alto posible para la producción, lo más bajo posible para los salarios; pero, en una sociedad de control, la empresa ha reemplazado a la fábrica, y la empresa es un alma, un gas. Sin duda la fábrica ya conocía el sistema de primas, pero la empresa se esfuerza más profundamente por imponer una modulación de cada salario, en estados de perpetua metastabilidad que pasan por desafíos, concursos y coloquios extremadamente cómicos. Si los juegos televisados más idiotas tienen tanto éxito es porque expresan adecuadamente la situación de empresa. La fábrica constituía a los individuos en cuerpos, por la doble ventaja del patrón que vigilaba a cada elemento en la masa, y de los sindicatos que movilizaban una masa de resistencia; pero la empresa no cesa de introducir una rivalidad inexplicable como sana emulación, excelente motivación que opone a los individuos entre ellos y atraviesa a cada uno, dividiéndolo en sí mismo. El principio modular del “salario al mérito” no ha dejado de tentar a la propia educación nacional: en efecto, así como la empresa reemplaza a la fábrica, la formación permanente tiende a reemplazar a la escuela , y la evaluación continua al examen. Lo cual constituye el medio más seguro para librar la escuela a la empresa.
En las sociedades de disciplina siempre se estaba empezando de nuevo (de la escuela al cuartel, del cuartel a la fábrica), mientras que en las sociedades de control nunca se termina nada: la empresa, la formación, el servicio son los estados metastables y coexistentes de una misma modulación, como un deformador universal. Kafka, que se instalaba ya en la bisagra entre ambos tipos de sociedad, describió en El Proceso las formas jurídicas más temibles: el sobreseimiento aparente de las sociedades disciplinarias (entre dos encierros), la moratoria ilimitada de las sociedades de control (en variación continua), son dos modos de vida jurídica muy diferentes, y si nuestro derecho está dubitativo, en su propia crisis, es porque estamos dejando uno de ellos para entrar en el otro. Las sociedades disciplinarias tienen dos polos: la firma, que indica el individuo , y el número de matrícula, que indica su posición en una masa . Porque las disciplinas nunca vieron incompatibilidad entre ambos, y porque el poder es al mismo tiempo masificador e individualizador, es decir que constituye en cuerpo a aquellos sobre los que se ejerce, y moldea la individualidad de cada miembro del cuerpo (Foucault veía el origen de esa doble preocupación en el poder pastoral del sacerdote -el rebaño y cada uno de los animales- pero el poder civil se haría, a su vez, “pastor” laico, con otros medios). En las sociedades de control, por el contrario, lo esencial no es ya una firma ni un número, sino una cifra: la cifra es una contraseñ a, mientras que las sociedades disciplinarias son reglamentadas por consignas (tanto desde el punto de vista de la integración como desde el de la resistencia). El lenguaje numérico del control está hecho de cifras, que marcan el acceso a la información, o el rechazo. Ya no nos encontramos ante el par masa-individuo. Los individuos se han convertido en “ dividuos ”, y las masas, en muestras, datos, mercados o bancos . Tal vez sea el dinero lo que mejor expresa la diferencia entre las dos sociedades, puesto que la disciplina siempre se remitió a monedas moldeadas que encerraban oro como número patrón, mientras que el control refiere a intercambios flotantes, modulaciones que hacen intervenir como cifra un porcentaje de diferentes monedas de muestra. El viejo topo monetario es el animal de los lugares de encierro, pero la serpiente es el de las sociedades de control. Hemos pasado de un animal a otro, del topo a la serpiente, en el régimen en el que vivimos, pero también en nuestra forma de vivir y en nuestras relaciones con los demás. El hombre de las disciplinas era un productor discontinuo de energía, pero el hombre del control es más bien ondulatorio, en órbita sobre un haz continuo. Por todas partes, el surf ha reemplazado a los viejos deportes .
Es fácil hacer corresponder a cada sociedad distintos tipos de máquinas, no porque las máquinas sean determinantes sino porque expresan las formas sociales capaces de crearlas y utilizarlas. Las viejas sociedades de soberanía manejaban máquinas simples, palancas, poleas, relojes; pero las sociedades disciplinarias recientes se equipaban con máquinas energéticas, con el peligro pasivo de la entropía y el peligro activo del sabotaje; las sociedades de control operan sobre máquinas de tercer tipo, máquinas informáticas y ordenadores cuyo peligro pasivo es el ruido y el activo la piratería o la introducción de virus. Es una evolución tecnológica pero, más profundamente aún, una mutación del capitalismo. Una mutación ya bien conocida, que puede resumirse así: el capitalismo del siglo XIX es de concentración, para la producción, y de propiedad. Erige pues la fábrica en lugar de encierro, siendo el capitalista el dueño de los medios de producción, pero también eventualmente propietario de otros lugares concebidos por analogía (la casa familiar del obrero, la escuela). En cuanto al mercado, es conquistado ya por especialización, ya por colonización, ya por baja de los costos de producción. Pero, en la situación actual, el capitalismo ya no se basa en la producción, que relega frecuentemente a la periferia del tercer mundo, incluso bajo las formas complejas del textil, la metalurgia o el petróleo. Es un capitalismo de superproducción. Ya no compra materias primas y vende productos terminados: compra productos terminados o monta piezas. Lo que quiere vender son servicios, y lo que quiere comprar son acciones. Ya no es un capitalismo para la producción, sino para el producto, es decir para la venta y para el mercado. Así, es esencialmente dispersivo, y la fábrica ha cedido su lugar a la empresa. La familia, la escuela, el ejército, la fábrica ya no son lugares analógicos distintos que convergen hacia un propietario, Estado o potencia privada, sino las figuras cifradas, deformables y transformables, de una misma empresa que sólo tiene administradores. Incluso el arte ha abandonado los lugares cerrados para entrar en los circuitos abiertos de la banca. Las conquistas de mercado se hacen por temas de control y no ya por formación de disciplina, por fijación de cotizaciones más aún que por baja de costos, por transformación del producto más que por especialización de producción. El servicio de venta se ha convertido en el centro o el “alma” de la empresa. Se nos enseña que las empresas tienen un alma, lo cual es sin duda la noticia más terrorífica del mundo. El marketing es ahora el instrumento del control social, y forma la raza impúdica de nuestros amos. El control es a corto plazo y de rotación rápida, pero también continuo e ilimitado, mientras que la disciplina era de larga duración, infinita y discontinua. El hombre ya no es el hombre encerrado, sino el hombre endeudado. Es cierto que el capitalismo ha guardado como constante la extrema miseria de tres cuartas partes de la humanidad: demasiado pobres para la deuda, demasiado numerosos para el encierro: el control no sólo tendrá que enfrentarse con la disipación de las fronteras, sino también con las explosiones de villas-miseria y guetos.
III. Programa
No es necesaria la ciencia ficción para concebir un mecanismo de control que señale a cada instante la posición de un elemento en un lugar abierto, animal en una reserva, hombre en una empresa (collar electrónico). Félix Guattari imaginaba una ciudad en la que cada uno podía salir de su departamento, su calle, su barrio, gracias a su tarjeta electrónica (dividual) que abría tal o cual barrera; pero también la tarjeta podía no ser aceptada tal día, o entre determinadas horas: lo que importa no es la barrera, sino el ordenador que señala la posición de cada uno, lícita o ilícita, y opera una modulación universal.
El estudio socio-técnico de los mecanismos de control, captados en su aurora, debería ser categorial y describir lo que está instalándose en vez de los espacios de encierro disciplinarios, cuya crisis todos anuncian. Puede ser que viejos medios, tomados de las sociedades de soberanía, vuelvan a la escena, pero con las adaptaciones necesarias. Lo que importa es que estamos al principio de algo. En el régimen de prisiones : la búsqueda de penas de “sustitución”, al menos para la pequeña delincuencia, y la utilización de collares electrónicos que imponen al condenado la obligación de quedarse en su casa a determinadas horas. En el régimen de las escuelas : las formas de evaluación continua, y la acción de la formación permanente sobre la escuela, el abandono concomitante de toda investigación en la Universidad, la introducción de la “empresa” en todos los niveles de escolaridad. En el régimen de los hospitales : la nueva medicina “sin médico ni enfermo” que diferencia a los enfermos potenciales y las personas de riesgo, que no muestra, como se suele decir, un progreso hacia la individualización, sino que sustituye el cuerpo individual o numérico por la cifra de una materia “dividual” que debe ser controlada. En el régimen de la empresa : los nuevos tratamientos del dinero, los productos y los hombres, que ya no pasan por la vieja forma-fábrica. Son ejemplos bastante ligeros, pero que permitirían comprender mejor lo que se entiende por crisis de las instituciones, es decir la instalación progresiva y dispersa de un nuevo régimen de dominación. Una de las preguntas más importantes concierne a la ineptitud de los sindicatos: vinculados durante toda su historia a la lucha contra las disciplinas o en los lugares de encierro (¿podrán adaptarse o dejarán su lugar a nuevas formas de resistencia contra las sociedades de control?). ¿Podemos desde ya captar los esbozos de esas formas futuras, capaces de atacar las maravillas del marketing? Muchos jóvenes reclaman extrañamente ser “motivados”, piden más cursos, más formación permanente: a ellos corresponde descubrir para qué se los usa, como sus mayores descubrieron no sin esfuerzo la finalidad de las disciplinas. Los anillos de una serpiente son aún más complicados que los agujeros de una topera.
Traducción: Martín Caparrós