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Ingeniería de vida de Mariano Cantoral: La poesía como subsistencia de la letra redentora.

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Ingeniería de vida de Mariano Cantoral: La poesía como subsistencia de la letra redentora.

“Ingeniería de vida” (Cinosargo 2010) de Mariano Cantoral se plantea como un texto que busca interpelar de forma crítica la realidad moderna actual o postmoderna, por llamarla de algún modo, para ello asume los diversos ángulos del devenir existencial del hombre, su materialidad fisiológica, su compleja razón y psicología llena de miedos, deseos y aprensiones sin abandonar claro, la preocupación por la tan manida espiritualidad que lo redime o condena y desde luego todos los productos que se acumulan y abrazan como fetiches o tótems para solventar tan diversas necesidades. En definitiva estas aristas que nos movilizan, la poética de Cantoral las expone como una épica degradada.

¿Donde habrá quedado la materia prima de los arquetipos de héroes?

Frente a esa pregunta retórica que el autor hace a sus lectores en el texto “¿Quién habrá inventado mi patria?”, se antepone más que una respuesta y verdad absoluta propia del canto y grandilocuencia de los poetas tradicionales, una apelación vitalista que interviene y comunica desde la intrahistoria. Esta posición de hombre cotidiano, el escritor Guatemalteco la asume y edifica dibujando la lucha que realizamos diariamente en contra de una lata de comida, el noticiero matutino o un tetra pak que se derrama y que en suma desembocan en un solo punto, el ser como espectador, ciudadano/ consumidor y a la vez producto que se transa a sí mismo y a los otros de forma indiscriminada.

El aire encarcelado dentro de las pleuras de los pulmones saturados con nicotina.

Un país encarcelado dentro de continentes saturados con señoríos novedosos.

Imagina que somos los estetas dentro de un reino de tragedias.

Sepamos que somos como los centros comerciales, analgésicos para la miseria”.

(Fragmento de Analgésico para la miseria)

Por ende lo sustancial y que vincula al hombre en todo nivel dentro de eso que Cesare Pavese llama el oficio de vivir, reside hoy en el carácter pasivo de los habitantes/usuarios. Hagamos en todo caso una radiografía al respecto e imaginemos cualquier urbe, desde las metrópolis más apabullantes hasta los pequeños pueblos que aspiran ingresar al orden del primer mundo y a su colosal catálogo de bienes y servicios.

En “Escaparate” Cantoral nos dice sobre esto: Nos veremos sentados dentro de escaparates / sin saber si somos bienes o servicios / si somos baratas o lujos / si llamamos la atención / o sólo somos motivaciones ornamentales

Para agregar en “Desayuné”: Hoy desayuné derrota / refaccioné fracaso / almorcé frustración / merendé pérdida / cené fiasco.

El spleen es evidente y se materializa a lo largo de la concreción de tareas habituales como una condición endémica que parece devorarnos desde lo más profundo de nuestro ADN hasta lo aprendido y ejercitado como máquinas que se suman a un proceso de producción en serie, lo cual hace de nuestro medio una comunidad global de caníbales depredados que no tienen reparo a la hora de consumir a otros en su tránsito. El poema “Glóbulos” nos indica el devenir con una escatología organicista que se conjuga a lo coyuntural e histórico: Infinitos glóbulos nucleares / como las bombas en las mil guerras mundiales / transitan por nuestras venas / o analógicos xilemas verdosos / infinitos glóbulos sobrellevamos / nos sumergen, nos naufragan / (…) a veces de propaganda.

Para luego poner en escena en Tan fácil volverse vegetariano” nuestra miseria totalitarista que bulle en los millones de Auschwitz que solventamos a diario dentro del sistema de vida saludable, explotando y consumiendo animales de granja con violentas técnicas genéticas y un barbarismo de matadero que haría sonrojar a cualquier torturador del tercer reich.

Hoy me comí una selva, empaquetada en bandejas selladas con plásticos diáfanos, identificadas con peso, marca y procedencia, la selva permanecía en cámaras de congelación, a 100 grados centígrados (…)

En este sentido vale la pena pensar la irónica metáfora de nuestra sociedad e individuos transidos que George Romero, cineasta norteamericano y padre del género de zombies, hiciese en su film del 78 “Dawn of the Dead” (El amanecer de los muertos) al poner el siguiente diálogo en boca de sus personajes:

[Fran and Stephen are observing from the roof of the mall]
Francine Parker: What are they doing? Why do they come here?
Stephen:Some kind of instinct. Memory, of what they used to do. This was an important place in their lives.

([Fran y Stephen observan desde el tejado del mall]

Francine Parker: ¿Qué están haciendo? ¿Por qué vienen a este lugar?

Stephen: Se trata de una clase de instinto. Recuerdos de aquello que solían hacer. Este era un lugar importante en sus vidas)

La cita de Romero grafica nuestro proceder como especie en términos similares a los de Cantoral. En esa medida pensar una cinta de terror como “La noche de los muertos vivientes “o las noticias y sus personajes en el sentido que el poeta ocupa en su poema “Noticiero” al caracterizar estos como “un gran collage de miedo” nos sirve si queremos entender los mecanismos que el escritor y su visión crítica confieren a “Ingeniería de vida” al hacerse cargo de lo cotidiano como una manera de construcción poética y unidad de sentido para el libro.

En síntesis, el rol creador y sus voces se sitúan sin dilación dentro de la crisis diaria de la sociedad urbana y su desarrollo y se valen de los propios mecanismos y elementos de aquella realidad en que transitamos y nos desenvolvemos con un léxico pragmático por tanto, el vocabulario seleccionado para construir el libro será concreto y visceral en su gran mayoría. En cuanto al registro y la cohesión de los versos, se revela una sintaxis afín a las interrelaciones dispuestas en un metro o calle. En suma la voz apunta a una intención hiperrealista pero sin descuidar en esa franqueza, una mirada profunda ligada al cuestionamiento ontológico del hombre que se sabe rodeado de zombies como viajantes del bus siendo el mismo un depredador de la alteridad en cada parada.

Esto propone una escritura que amalgama forma y contenido o si se quiere, enunciación y enunciado y en este último caso, lo enunciado, entendido como la materia poetizada o la materia que se dice o cuenta, se ajusta a la mirada personal del individuo y su oficio de ser. Una visión cuyos medios creativos eluden ante todo la intervención de perífrasis innecesarias al tiempo que se derriba cualquier fastuosidad y enajenación manierista al estar consciente del proceso de escritura y su contexto.

En el libro hay dos ejemplos notorios que se ubican en este plano meta-poético y coloquial, apelando desde la creación misma al proceso productivo que envulve a la palabra y sus fines, sin salirse claro de los lindes del contenido y el registro manejado a lo largo de todo el poemario.

El primero de ellos titulado “Sería bueno” nos dice:

Sería bueno escribir,

como si detrás de cada trazo imperfecto,

subsistiera una letra redentora.

Mientras que el otro texto llamado “El rol social del poeta” señala:

Hembra, mírame, trata de comprenderme

mírame haciendo sinergia con los sentidos

inventando la sinestesia para mí

mírame alucinado, programado, codificado,

mírame ansioso olfateándote, advirtiéndote

saboreándote cuando te halago, o sea

trocando las funciones sensoriales, ¿entiendes?

mírame hembra, ocultando palabras en vocablos cultos

cual si las palabras fueran paquetes insociables,

adustos y con pretensiones de abandono en exportación de libre comercio traidor

hembra, rehabilítame de tan patológico rol social de poeta

Ambos textos no buscan hacer una apología o neo romantizar la escritura y tampoco la imagen de quien la ejecuta, ambos nos plantean la óptica de un ser con conflictos que piensa y espera lograr una satisfacción mínima, el deseo de respuestas personales ante tanta tribulación y desencanto y en lo posible por medio de la creación. En “Sería bueno” esto se invoca como medio para conseguir el anhelo eterno y fallido de una trascendencia ante el fracaso intrínseco que a semejante tarea impone la precariedad e indiferencia humana. De cualquier modo esto se maneja como una lucha subjetiva que vale la pena pese a su resultado por el mero hecho de intentarlo, de escribir.

En el segundo texto “el rol social del poeta” la poesía se vincula a las relaciones interpersonales sólo que en vez de centrarse en el cortejo tradicional, la creación y el discurso se hacen efectivos apelando a la mujer pero desde la forma más animal que el código que hace posible nuestra comunicación, en este caso el español, permite. Las pulsiones ante esa “hembra” que se invoca y que aparece como destinataria en otros poemas del libro, tratan de desatarse y se tensionan hasta el punto máximo que el lenguaje programado, codificado, convencional da cabida pues el hablante sin duda se debate en un desboque de los sentidos y la ansiedad de oler, palpar, saborear y no poder llevar eso a una lógica, que es la razón y leitmotiv de nuestras sociedades y su estructura.

Retomando el ejemplo de George Romero, y cómo este se vale de un medio como el cine comercial para exponer sus ideas y cuestionar desde dentro, estos mismos vehículos de expresión humana y a lo que conducen: Las alfombras rojas, los estereotipos, las premiaciones y los sueldos ridículos de una estrella Hollywoodense ante la hambruna de niños, otra forma de canibalismo y zombificación de la especie. Podemos pensar como el terror que suele ser categorizado como un medio clase b y de entretención superflua sobre todo al proceder de Hollywood, sin embargo, el género en muchos casos puede tal como ocurre también con la fantasía y la ciencia ficción escapar gracias a los autores de las limitantes culturales ligadas a la industria de la enajenación y mirarse a sí mismo como lenguaje y narración y al mismo tiempo leer la realidad que lo cobija y plantear interpretaciones profundas que nada tienen que envidiar a la sociología y el estudio de la psicología de masas. De ese modo la poesía que puede ser vista como un proceder burgués y contemplativo, en los versos de Cantoral pretende desde lo tangible y comprobable en la cocina, la ducha o una transacción bursátil en el banco de turno, situarse en la preocupación global que escapa del mero referente y la expresividad narcisista del yo, mostrando como anverso del invocado orden y clausura jerárquica esperada en la urbe, la multiplicidad y polifonía fragmentaria del ser.

Si no hiciéramos otra cosa más que leer erudiciones

corregir poemas, criticar novelas, componer canciones

supongo que seríamos criaturas formidables

dignas de constar en libros residuales,

y en los registros tecnológicos de las híbridas patrañas

y en los viñedos

círculos elitistas de sabios.

García Canclini habla respecto al mismo tema, el rol del sujeto testimoniante, sus mecanismos de creación y los relatos que se cruzan abarcando lo cotidiano. El antropólogo argentino nos alumbra desde otro soporte y con otro registro en los siguientes términos:

La mancha urbana se derramó sobre un enorme territorio, en el que ya casi no existen ejes organizadores. Es evidente que la ciudad actual no puede ser narrada, descrita, ni explicada como a principios de siglo.

Y agrega dos citas respecto al mapa urbano y el recorrido que hacemos, uno tomado del cineasta Wim Wenders y el otro para graficar el flaneur (el deambular por la ciudad moderna) abordando la óptica de Julio Ramos en Desencuentros de la modernidad en América Latina. Literatura y política en el siglo XX

¿Cómo abarcar los sentidos dispersos de una gran urbe en los estudios culturales? Es, en parte, una dificultad narrativa. Así la entiende Wim Wenders cuando dice que los mapas le resultan inquietantes, sobre todo si se trata de un país o una ciudad donde nunca estuvo: considera todos los nombres y quisiera saber qué indica cada uno. "La observación de un mapa sólo se vuelve soportable si intento encontrar un camino, trazar un itinerario y de ese modo viajar por el país o la ciudad" El urbanismo nos coloca problemas semejantes, anota Wenders, a los que tienen los constructores de relatos: se trata de describir caminos y orientaciones en un universo donde de lo contrario se podrían alcanzar miles de diferentes lugares sin llegar a ninguna parte. Esa incertidumbre angustiosa ante lo múltiple desordenado se potencia en muchas ciudades latinoamericanas, crecidas sin plan y con vértigo.

Y luego ante la pregunta: ¿Qué es lo que se mira cuando se pasea por la ciudad moderna?

Ser fláneur, anota Ramos, no es sólo un modo de experimentar la ciudad. "Es, más bien, un modo de representarla, de mirarla y de contar lo visto. En la flanería el sujeto urbano, privatizado, se aproxima a la ciudad con la mirada de quien ve un objeto en exhibición. De ahí que la vitrina se convierta en un objeto emblemático para el cronista".

Relacionemos esto con la mirada de Cantoral al hablar desde el escaparate y situar al sujeto como un ente cortado por las reglas de la oferta y demanda.

El paseo en tal medida: Es una operación de consumo simbólico que integra los fragmentos en que ya se despedazaba esta metrópoli moderna. Al narrativizar los segmentos urbanos en la crónica, se construye —mediante lo que Ramos llama "la retórica del paseo" — un orden de la ciudad.

¿Es posible abarcar conjuntamente los múltiples relatos que "organizan" la ciudad de la industrialización económica y comunicacional? Pregunta García Canclini y esto nos demuestra la necesidad del poeta de situarse en la panorámica social que se arma como un entramado de relatos provenientes desde diversas fuentes.

Habría que resolver no sólo cómo articular las novelas, las crónicas periodísticas, los discursos políticos, las representaciones radiales y televisivas de la ciudad, sino lo que aún es más complejo: cómo conectar los múltiples relatos internos y externos que la atraviesan. (…) la información y los mensajes publicitarios, las telenovelas y series policiacas de los circuitos transnacionales. (…)Los relatos de la megaciudad se hacen también en los teléfonos y faxes, en la comunicación televisiva y financiera que la vincula con otros países.

En conclusión la suma de los planteamientos expuestos a la luz de la poesía de Cantoral nos deja flotando en la idea de ciudad efímera, video clip o comida rápida como anestésico y placebo para la satisfacción de la ansiedad. Esto lo grafican los versos transcritos y analizados. Por tanto la idea que emerge es un metro, aeropuerto, mall o calle principal llena de escaparates, carteles con publicidad, mucha gente yendo y regresando sin detenerse a dar la hora o sin importarle chocar con otro ser vivo en su deambular, los duty free, escaparates y miles de maniquíes que nada tienen que envidiar a los vivos que sobreviven sometidos bajo la idea de un flaneur inconsciente y ciego.

Aquel concepto decimonónico de Baudelaire, aparece en los textos de Cantoral como una dicotomía que toma la esencia del transitar sin rumbo y en la ciudad tal como Nicolás Casullo un pensador argentino conceptualiza, hablando de Baudelaire: “(…) el flaneur como una figura de la época de la metrópolis en el XIX, se refiere a aquel que flota en la ciudad, la recorre, la mira, la visita diariamente (…) Su poética tomará los temas los temas de esa nueva ciudad: la multitud, lo anónimo, lo fugaz de las visiones, la maravillosa soledad de la noche y sus extraños personajes: el trapero, el borracho, las mujeres de la tentación”.

La diferencia en Cantoral está en cómo se soluciona el concepto de flaneurismo. Por una parte en la rendición de las masas al ser paseantes y espectadores de sus vidas y en un sentido anverso más ligado a la clásica mirada del simbolista francés, al asimilar esta condición al poeta o creador tal como ya lo vimos al hablar de “Seria bueno” o “el rol social del poeta”

El creador según Cantoral, para nada queda inmune o ajeno a esta condición de enajenado social en un sistema consumista neoliberal, la variante está en que al menos alcanza a atisbar y dar a conocer gracias a su sensibilidad o percepción, ciertos destellos de oscuridad que lo apartan aunque sea de forma momentánea de la miopía del atiborramiento, la artificialidad de un sol de neón y el milagro de las comidas rápidas y salvación Express pudiendo ser de nuevo un sujeto testimoniante y comunicador y no sólo un receptáculo.

El remate del poema “Ciego filántropo” es clarificador: “me amilana con su mirada de pies a cabeza / y le pregunto ¿Quién puede vivir sin luz? / y me responde ¿Quien puede vivir con ella?”

Dentro del poemario podemos a lo largo de los veintinueve poemas que lo componen atestiguar el conflicto de sus hablantes y a través de estos al creador y su nexo con la realidad que lo compromete y lo vincula. Él se sabe parte de un sistema, un lugar de carácter distópico, un no-lugar diverso al que Moro y los contractualcitas pudieron proyectar en su soñada coherencia y racionalidad. En este sitio, en abierto estado de sitio y control de las mentes y cuerpos, la máxima realización del hombre descansa en todas las facetas que podamos proyectar gracias al marketing y el tan prometido éxito con slogan incluido: Transar, diseccionar y poner a la orden de las distribuidoras y empresas, convicciones, células y deseos.

Por eso se repite esa condición transada de sus voces y referentes que marcan el tono del poemario, vemos a un ser transido en sus deseos, fisurado en su materialidad y ajeno o distante a los grandes relatos, sumido en el descreimiento de todos los grandes postulados y épicas románticas y locales. Las grandes luchas ya no son en pos de un estado, una comarca o por lo que se entendía como la noble causa de la soberanía ante un invasor. Tal como dice en el poema “protocolo” la colonización huele a perfume y tiene un soundtrack aparejado, es una pasarela al uso y los espectadores aplauden o esperan su destino como simples objetos o consumidores a crédito.

Es ahí donde entra “Escena”, el poema más largo del texto que pone en movimiento todo lo enunciado dando urgencia al rol de la palabra que lucha contra el tiempo y el espacio. Nuestro tiempo y espacio codificado bajo los mecanismos que hemos conceptualizado y puesto en vitrina para su consumo.

Abatido por la depresión / no te digo que es canción / sino poema / que no rima / porque requiere mucha cabeza / y mucho tiempo / y ya no hay tiempo que perder / porque la vida esta detrás de una pantalla de agua / en una cama de agua / en una piscina sin agua / en un país como este / donde no hay historia /y sin embargo hay mucho pasado / y presente y mucha mortandad de frente / pero no futuro, porque es muy duro / saber que no hay cafeína / ni químicos suficientes en la tabla / ni leyes naturales comprobables / para ser, renacer y hacernos.

La incesante lucha de ser y tener una identidad, un pensamiento en un siglo en que nos tratan como consumidores de última generación pero ciudadanos del siglo XVIII por ende el juego de existir parece un azar a combatir y que tal como dice el poeta… Sería bueno… al igual que en una partida pudiéramos regresar del cementerio / a seguir luchando / sería bueno vivir en el azar de la estrategia.

La estrategia de la palabra del poeta Cantoral que no duerme ni reposa reificado como token de cambio en un anaquel.

Autor: Daniel Rojas Pachas

Chile-2010.







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