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COSIFICACIÓN Y PERSONIFICACIÓN EN LAS RELACIONES SOCIALES DE “EL TÚNEL DE ERNESTO SÁBATO”

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COSIFICACIÓN Y PERSONIFICACIÓN; DOS PROCESOS PSICOPATOLÓGICOS PRESENTES EN LAS RELACIONES SOCIALES DISTÓPICAS DE “EL TÚNEL DE ERNESTO SÁBATO”

Autor: Daniel Rojas Pachas

Publicado en Realidades Dialogantes (Cinosargo 2009)

Resumen: La presente investigación tiene por finalidad analizar la obra “El Túnel” del autor argentino Ernesto Sábato priorizando la distopía en las relaciones sociales del mundo moderno. Se revisa para ello la mirada que provee el discurso de Juan Pablo Castel, narrador protagonista que en su calidad de sujeto paradigmático de una sociedad en crisis, sufre y ejecuta de manera alternante conductas guiadas por los procesos psicopatológicos de cosificación y personificación demostrando las grietas de la razón tanto a nivel íntimo, dada su relación amorosa con María Iribarne, como en su calidad de otro, a causa de su privilegiada condición socioeconómica al interior del medio social americano del periodo de entreguerras.

Palabras clave: personificación, cosificación, alteridad, distopía, poder


1.-Consideraciones en torno a la obra y su autor.

El Túnel es una novela del autor Argentino Ernesto Sábato, es su primer relato extenso (1948) y el inicio de su trilogía formada por los textos Sobre Héroes y Tumbas (1961) y Abaddón el exterminador (1974). Literariamente El Túnel se inscribe dentro de la generación neorrealista de 1942 (Goic 1972) y ha sido calificada por la crítica como una obra que explora en extrema res y con profundidad, las dimensiones psicológicas y existenciales de una mente sumamente crítica y juiciosa que atormentada por su condición edípica y soledad ontológica, se ve empujada al asesinato de la única persona que en apariencia pudo entenderlo a cabalidad.

A su vez, la obra se ha vinculado de forma prominente con la biografía e ideología del autor, su relación temprana con el marxismo y su posterior lectura y proximidad a la filosofía francesa de la primera mitad del siglo XX, en particular con la obra del autor del Ser y la Nada Jean Paul Sartre y el creador del Hombre Rebelde, Albert Camus. Este último fungiría además como comentarista y promotor de la traducción al francés de “El Túnel” por Editorial Gallimard.

La obra tributaria de múltiples interpretaciones debido a su riqueza estética, revela en las estrategias textuales que la componen, una fuerte relación dialéctica con la realidad americana y universal del periodo de entreguerras. La dependencia económica y cultural del continente, el influjo del psicoanálisis y la prominencia de corrientes filosóficas e ideologías de carácter integrador con abiertas contradicciones en la praxis de sus principales líderes y actores; sin obviar el absurdo de los regímenes totalitarios, nazismo, holocausto y una amenaza nuclear latente junto al desencanto que propician las utopías sociales debido al Stalinismo y sus métodos, forman parte de la conciencia que el protagonista comunica al relatar su violento crimen. Respecto a esta imbricación arte y sociedad Sábato señala: El arte es expresión de realidades universales, pero se manifiesta a través de realidades particulares. "En Crimen y Castigo asistimos al drama de un estudiante pobre que mata a una usurera. Pero todos comprendemos que el problema 'social' de ese joven no es lo que en última instancia preocupa al indagador de la Verdad. Lo preocupa el problema del Bien y del Mal. Claro que este vasto problema metafísico no es planteado en abstracto, como se haría en un tratado de filosofía. Como es peculiar del arte, es planteado en seres concretos, que habitan un país determinado en una época precisa (Sábato 1970)

Hay que considerar además que muchos de estos temas en su completitud, no son ajenos a Sábato y sus tratados, en ellos el autor previa y posteriormente a El Túnel (Uno y el universo 1945, Heterodoxia 1953 y La Resistencia 2000) aborda estas problemáticas dada su vocación humanista y relación profesional con la física. Por lo mismo, no sorprenden las variadas actualizaciones que del texto se han realizado en nuestra y otras lenguas. Los estudios, orientados al análisis del marxismo, el psicoanálisis, la filosofía existencial y el conflicto amoroso al interior de la obra así como la aplicación de la psicocrítica y otros métodos de interpretación de índole sociológico, avalan junto a la constante reedición de la novela y su permanencia entre los títulos más leídos a nivel académico, la vigencia que puede tener ante el inicio y curso de un nuevo siglo. De manera que este estudio más que forzar las posibilidades comunicativas del relato, procura revisitar la voz de su narrador protagonista en la medida que su discurso estructura la trama dando a conocer los eventos de manera subjetiva y testimonial.

Con respecto a la elección del punto de vista de la obra el escritor argentino declaró, llegar a la estructura narrativa testimonial tras una serie de intentos fallidos: Hasta que tuve la sensación (...) de que el proceso delirante que llevaría al crimen tendría más eficacia si estaba descrito por el propio protagonista, haciendo sufrir al lector un poco sus propias ansiedades y dudas, arrastrándolo finalmente con la “lógica” de su propio delirio hasta el asesinato de la mujer. El resultado, exponer un complejo y atiborrado mundo interior. Sensibilidad que Marcelo Coddou, en su monografía “La estructura y la problemática existencial de El túnel de Ernesto Sábato”, nos invita a reconocer como: básicamente, el anhelo de comunicación, el ansia por superar la esencial soledad.

Para este estudio se toman como base estas complejas implicancias psicoanalíticas y metafísicas, visión ya reseñada previamente por otros autores, sin embargo, la innovación radica en el estudio crítico de dos categorías psicopatológicas con un marcado origen social, la cosificación y personificación. Estas se aprecian de manera transversal como principios básicos en la relacionalidad distópica del protagonista y los distintos agentes del medio en que este se desenvuelve. En otras palabras lo medular de la lectura fija su atención en Castel y su rol como sujeto paradigmático de una sociedad en crisis, propia del mundo moderno. Para ello se detalla la desvirtuación de su racionalidad producto de ideas fuertes, lo cual se aprecia en la confesión que abarca los nexos del pintor con el otro, su fuero interno y aquellos anhelos y temores tanto previos como posteriores al conocimiento y asesinato de María Iribarne

2.-Cuerpos teóricos para el análisis de “El Túnel”

La caída de la razón y el ocaso de la utopía moderna a la luz de los procesos de cosificación y personificación que orientan la conducta del protagonista y su discurso, serán estudiados, aplicando la noción de sociedad distópica o contra utopía que Giorgio Vattimo desarrolla en su ética de la interpretación. Las utopías modernas para Vattimo responden a aquella planificación racional de la sociedad propia de la metafísica y por ello se vuelven sospechosas de violencia debido a que el término utopía tiene que ver con la producción de una realidad optimal merced a la planificación racional, esté está orientada metafísicamente o tecnológicamente. (Vattimo 1991:99) con esto Vattimo afirma que la contrafinalidad de la racionalidad consiste en el hecho de que justo para ir realizándose rectamente y según sus planes, la razón se vuelve contra los fines de emancipación y humanización que la movían, es justo tal mecanismo lo que se ha desvelado en su vocación perversa (Vattimo 1991:103)

Esta concepción ontológica abiertamente nihilista, crítica de una razón y metafísica anquilosada y pétrea, fuera de todo relativismo y ética de la contemplación, procura motivar desde el descreimiento total una apertura al diálogo con la otredad configurando como plantea el autor italiano; un pensamiento débil muestra de una situación “desfundante” de la actividad filosófica y social en todo nivel. En la posmodernidad palabras como verdad, sujeto, ética, realidad, ser y en el caso específico de El Túnel, comunicación, lealtad y amor, componen un sinfín de proposiciones fuertes y fundantes que la metafísica ha establecido y que a la luz de un pensamiento débil, buscan ser reestructurados fuera de todo fundamento. Las postulaciones de Vattimo se plantean en abierta oposición al ideal utópico, aún vigente en muchas sociedades y con mayor razón predominante a principios del siglo pasado.

Con respecto a la enfermedad racional del mundo occidental y el importante rol que ha cumplido el arte, Sábato señala: A mí entender, lo que está en crisis no es el arte sino el concepto de realidad que dominó en Occidente desde el Renacimiento. Para ese concepto, 'la realidad' es la mera realidad del mundo externo, la ingenua realidad de las cosas tal como la sienten nuestros sentidos y la concibe nuestra razón. (...)'Si nuestra vida está enferma -escribe Gauguin a Strindberg- también ha de estarlo nuestro arte- y sólo podemos devolverle la salud empezando de nuevo, como niños o como salvajes.... He huido de todo lo artificial, lo convencional, lo habitual... Vuestra civilización es vuestra enfermedad; mi barbarie es mi restablecimiento.'." (Sábato 1970)

En cuanto a la novela, a fin de entender los motivos y mecanismos que producen la cosificación utilitaria de Castel por parte de su medio, así como la posterior reducción a objeto que el narrador-protagonista opera en María a través de su discurso, resulta pertinente comprender teóricamente ambas conductas psicopatológicas que a juicio de Moffat son: procesos con una raíz social. Por tanto surgen como directa consecuencia de la deshumanización que provoca un modelo de sociedad ambigua, moderna y racionalista sobre sus actores, afectando las relaciones que cada individuo establece tanto a nivel personal como con la alteridad. Estos nuevos cuadros psicopatológicos están centrados en un síndrome básico: el sentimiento de despersonalización, de sin-sentido de la vida. Es notable la dificultad de identificación, consecuencia de la cosificación de las interacciones de la sociedad tecnológica, que lleva a la manipulación del otro, y, por la situación de espejo, a la propia cosificación.

Por su parte, Saul explica que la personificación se da en el proceso de tratar objetos como personas, la autora señala al respecto: La «personificación», es una noción muy poco estudiada. No obstante, resulta evidente que aquello a lo que se refiere no puede ser el mero resultado de tratar objetos como si fueran personas. (…) La conexión real es que la personificación presupone un elemento crucial de la cosificación: se puede atribuir personificación a algo si también podemos tomar por verdadera la correspondiente atribución de que se trata a otros meramente como objetos, como medios para sus propios fines. Cline añade este fenómeno de personificación de los objetos como una etapa dentro del proceso de adicción a la pornografía cuya definición para el interés del estudio, enmarca la conducta psicopatológica como una actitud que evidencia el proceso de insensibilización hacia el otro, actitud violenta que en escalada tiende a dar calidad de ser vivo a objetos y usarlos para sus deseos o sublimar el goce que no consigue en la manipulación del ser real. Se proyectan e introyectan las características de una persona o del propio ser a un objeto inanimado o producto de la imaginación. En el caso de Castel, estas operaciones se producen de forma alterna, primero en torno a su arte (personificación de su ser) y luego en la figura de María (objeto de su anhelo de comunicación y significante que reemplaza a su pintura en cuanto a la función liberadora de ansiedad ante el mundo) Todo dentro de un clímax de incomprensión generado por el medio que tiende a escindir y delimitar las identidades, basado en categorías impuestas por la infraestructura que organiza el sistema.

El partir desde esta premisa, abierta al estudio post-moderno de la realidad que nos presenta El Túnel, permite al lector-interprete mantener un diálogo con el sentido profundo del discurso que la estructura y comprender el origen social y relacional de fenómenos que primordialmente han sido vistos desde la teoría filosófica y psicológica. Sobre lo estrictamente teorético, los procesos de personificación y cosificación serán estudiados utilizando la perspectiva de autores como Víctor Cline y Jennifer Saul, expertos en compulsiones y adicciones sexuales. Mientras que la cosificación de los sujetos, categoría más importante que la anterior por hallarse la primera subordinada a esta, será revisada desde la voz de especialistas en el estudio de la mente humana y la semiología psicoanalítica como Roberto Mazzara y Alfredo Moffatt, este último, psicólogo experto en terapia de crisis. Complementan las connotaciones metafísicas de esta problemática, la teoría de Sartre y Adorno mediante sus dialécticas de la cosificación y las reflexiones del mismo Sábato en su calidad de ensayista y crítico del pensamiento y devenir humano.

3.-El Túnel y la sociedad distópica del periodo de entreguerras.

3.1- El discurso de Castel frente a su medio.

El estudio transversal del testimonio de Castel, nos comunica con precisión clínica no sólo lo acaecido a lo largo de su relación con María Iribarne a través de su condición de artista, miembro de una clase social ligada a la burguesía Argentina, nos ponemos en contacto con parte de la realidad continental de la primera mitad del siglo recién pasado. Periodo en que está ambientada la obra, y que corresponde al contexto de producción de la misma.

La distopía continental de aquellos años, se haya guiada por un idealismo racional en virtud de la relación que el mundo americano sostiene con el llamado primer orbe. El advenimiento de las nuevas tecnologías y el cosmopolitismo económico y cultural, proyectan supraestructuralmente ciertos valores, políticas y entronización de tipos humanos como correlatos necesarios para el progreso y justicia social. Estamos en definitiva, ante un modelo de sociedad utópica y alienante en su discurso unilateral de verdad. La burguesía abúlica, retratada por Sábato a través de la voz de Castel es ejemplar

—Te vuelvo a repetir, Mimí, que no hay motivos para que digas los nombres rusos en francés. ¿Por qué en vez de decir Tchékhov no decís Chéjov, que se parece más al origi­nal? Además, ese "mismo" es un horrendo galicismo.

—Por favor —suplicó Mimí—, no te pongas tan aburrido, Luisito. ¿Cuándo aprenderás a disimular tus conocimientos? Eres tan abrumador, tan épuisant... ¿no le parece? —concluyó de pronto, dirigiéndose a mí.(…) Todavía hoy me admira que haya oído con tanta atención todas esas idioteces y, sobre todo, que las recuerde con tanta fidelidad.(…)"Esta gente es frívo­la, superficial. (Sábato 2000:38)

El lector confronta a través del narrador un tipo de vida superficial, autocontemplativa, muy ligada a los sectarismos y a la discusión frívola en torno a ciertas teorías y prácticas que son consideradas temas de vanguardia. Al respecto, resulta valioso tener en cuenta lo que Eduardo Mallea denomina la argentina visible, al caracterizar al estamento social Platense que controla los medios de producción e intelectualidad en aquellos primeros años del siglo XX: (…)comprobación desoladora, la comprobación de que la función ejercida por ese hombre en este país era, según lo presumible, una aplicación prolongada de ciertas aptitudes y facultades fundamentalmente humanas, sino un tumor del hombre, cáncer que lo desnaturalizaba y consumía, nudo fisiológico que obstaculizaba su crecimiento y destino natural (…)Y ese hombre, ese hombre que salía primeramente a mi encuentro en Buenos Aires, presentaba a todas las corrientes libres de cultura una sangre sin resistencias, sin potencia de selección, de rechazo –una sangre, intelectualmente hablando, blanca. De ahí provenía también su confusión al creer ¡tan a menudo, con tanta obstinación! –que un mero erudito es más substancialmente culto que un labriego de sabia raza o que un indio azteca (Mallea 1937)

Sábato por su parte agrega: "En este momento crucial de la Historia se produce uno de los fenómenos más curiosos: se acusa al arte de estar en crisis, de haberse deshumanizado, de haber volado todos los puentes que lo unían al continente del hombre."(Sábato 1963) Pero éste es el gran sofisma de nuestro tiempo, porque una cosa es la humanidad y otra la masa, es decir, ese conjunto de seres que han dejado de ser criaturas humanas para convertirse o para ser convertidos en objetos numerados, fabricados en serie, moldeados por una educación estandarizada, embutidos en oficinas y fábricas, sacudidos diariamente al unísono por las noticias lanzadas desde una Central Desconocida." (Sábato 1970 los destacados son míos)

Un ejemplo de estas conductas gira en torno a las disciplinas científicas y médicas como el psicoanálisis, tan en boga en aquel momento al punto de fomentar el surgimiento de escuelas locales en torno a dichos espectros del pensar.

(…)Un día, apenas llegué al con­sultorio, Prato me dijo que debía salir y me invitó a ir con él:

—¿A dónde? —le pregunté.

—A un cóctel de la Sociedad —respondió.

—¿De qué Sociedad? —pregunté con oculta ironía, pues me revienta esa forma de emplear el artículo determinado que tienen todos ellos, la Sociedad, por la Sociedad Psicoanalítica; el Partido, por el Partido Comunista, la Séptima, por la Séptima Sinfonía de Beethoven. (Sábato 2000:8)

De cualquier modo, más allá de la visión individual referida a sus adversarios y supuestos amigos, Castel no escatima reveladores juicios de carácter peyorativo en cuanto a su percepción total de la sociedad, las intenciones de la humanidad y los vínculos que esta estrecha. Por tanto lo que bien puede servir al pintor para elaborar una visión personal y crítica frente a un individuo, se aplica con igual agudeza a los partidos políticos, modelos de gobierno y toda forma gregaria y organicista con sus respectivos códigos.

(…)Diré an­tes que nada, que detesto los grupos, las sectas, las cofradías, los gremios y en general esos conjuntos de bichos que se reú­nen por razones de profesión, de gusto o de manía semejante. Esos conglomerados tienen una cantidad de atributos grotes­cos, la repetición del tipo, la jerga, la vanidad de creerse su­periores (…)Basta examinar cualquiera de los ejemplos: el psicoanálisis, el comunismo, el fascismo, el perio­dismo. No tengo preferencias; todos me son repugnantes (Sábato 2000:8)

3.2.-La relación arte y distopía en las ideas fuertes de Castel.

El discurso cínico del protagonista, encuentra sin embargo un canal idílico en el arte, por medio de este Castel puede expresar su malestar de manera sensible. A través de la pintura el narrador protagonista, consigue manifestarse dialécticamente dentro de una sociedad que considera adversa y negativa.

Sábato al respecto señala: "En primer término, porque el Arte contribuye a (…) el acceso a las cumbres de la realidad espiritual... cumbres que ella y únicamente ella, puede alcanzar, aun en medio de las más terribles miserias físicas y morales. Luego porque sirve a la necesidad que el hombre tiene de comunión, como uno de los instrumentos que le permiten salvar el abismo entre las conciencias. Abismo propio de su condición social, pero ahondado vertiginosamente por el enajenamiento que sobre el ser humano han producido las estructuras del mundo contemporáneo." (Sábato 1974)

Por ello la frivolidad y contradicción de los postulados humanistas e ilustrados, propios de una realidad destructiva y cruel más allá de las máscaras que adopte la sociedad, se evidencian de manera drástica en el siguiente pasaje que relaciona el origen de la escena principal presente en su cuadro maternidad, con una situación sumamente absurda y gratuita ocurrida en un campo de concentración y que el artista conoce gracias a la prensa de la época: No sé, todo esto tiene algo que ver con la humanidad en general ¿comprende? Recuer­do que días antes de pintarla había leído que en un campo de concentración alguien pidió de comer y lo obligaron a comer­se una rata viva. A veces creo que nada tiene sentido. En un planeta minúsculo, que corre hacia la nada desde millones de años, nacemos en medio de dolores, crecemos, luchamos, nos enfermamos, sufrimos, hacemos sufrir, gritamos, morimos, mueren y otros están naciendo para volver a empezar la co­media inútil.(Sábato 2000:17)

El pasaje anterior explica en gran medida el conflicto que Castel tiene con su medio. La decepcionante opinión que el mundo y su falsa racionalidad humanista le generan. Por tanto los presupuestos existenciales que se atribuyen a su misantropía y soledad, tienen en gran medida su causalidad en las absurdas condiciones del mundo moderno, sin embargo, cabe destacar que esta relación abiertamente en crisis, va más allá de las aprehensiones sensibles y de pensamiento que unilateralmente el pintor pueda tener. Castel se ve en términos personales afectado a causa de la mirada que la sociedad de su época impone. Esta opera como un ente o sujeto colectivo que sin dilación, somete y encasilla al narrador-protagonista dentro de un estereotipo. El siguiente pasaje es demostrativo: Era por el estilo de muchos otros anteriores: como dicen los críticos en su insoportable dialecto, era sólido, estaba bien arquitecturado. Tenía, en fin, los atributos que esos charlatanes encontraban siempre en mis telas, incluyendo "cierta cosa profundamente intelectual". (…) (Sábato 2000:6 los destacados son míos)

Castel y su quehacer estético, aparecen conceptualizados, definidos bajo ciertos parámetros y rasgos que lo hacen operativo como entidad productora de arte. Coherente en función de los límites valóricos, ideológicos e intelectuales que organizan la cultura y su recepción en dicho momento. Como sujeto, Castel es claramente cosificado y escindido. Por tanto las apreciaciones en cuanto a su calidad como individuo y artista se hayan diseminadas dentro de los círculos especializados y ciertas esferas sociales de Argentina. Él mismo lo revela al señalar los adjetivos que usa Hunter al momento de definirlo ante Mimí. Estas calificaciones se corresponden fielmente con las usadas por los críticos de arte: —Castel es un magnífico pintor —explicó el otro Después agregó una serie de idioteces a manera de elo­gio, repitiendo esas pavadas que los críticos escribían sobre mí cada vez que había una exposición: "sólido", etcétera. No puedo negar que al repetir esos lugares comunes revelaba cier­to sentido del humor. (Sábato 2000:36 los destacados son míos)

3.3.-Los razonamientos del protagonista como consecuencia del conflicto sujeto-medio

Pese a lo revisado por mucho que Castel, cosificado por su medio, intente constituir su mirada como independiente y contrapuesta a la sociedad de su tiempo, el pintor no es ajeno a un tipo de discurso fuerte, totalitario y contradictorio similar al que esgrime su medio y prototípico dentro del modernismo y su racionalidad. Esta actitud busca fijar patrones puntuales, establecidos principalmente en el lenguaje, en las reglas sociales y bajo el modelo de ciertos preconceptos valóricos e ideológicos que se consideran preferibles; ello a fin de objetivar la realidad y disminuir el caos: Traté de ordenar un poco el caos de mis ideas y sentimientos y proceder con método, como acostumbro. (Sábato 2000:21) Del mismo modo que la lógica general, el pintor opera con mecanismos organizativos fundados en patrones regulares. Fija una enciclopedia de normas, y usa los mismos procedimientos cognitivos: Analogías, planteamiento de dicotomías, manejo de procesos jerárquicos de deducción e inducción. (…) ¿no me había pasado meses razonando y barajando hipótesis y clasificándolas? Y, en cierto modo, ¿no había encontrado a María al fin, gracias a mi capacidad lógi­ca? (Sábato 2000:16)

Es usual también la mantención de ciertos comportamientos autodestructivos y discursos falologocéntricos, lo cual lo hace coparticipe y actor regular de la misma humanidad que tanto detesta:

(…) A las siete menos cuarto no salía casi nadie: solamente, de vez en cuando, algún alto empleado; a menos que ella fuera un alto empleado ("Absurdo", pensé) o secretaria de un alto empleado ("Eso sí", pensé con una débil esperanza). (Sábato 2000:14)

(…) En esos casos siento que el mundo es despreciable, pero comprendo que yo también formo parte de él; en esos instantes me invade una furia de aniquilación (Sábato 2000:33)

A fin de comprender mejor la contradictoria racionalidad de Castel hay que revisar lo que Jorge García Gómez, en el estudio “La estructura imaginativa de Juan Pablo Castel” plantea: Para Castel, el canon general de toda realidad debe estar sometido a la razón, esto es un requisito vital. Un ejemplo ilustrativo que García Gómez propone aún cuando hay muchos a lo largo del discurso del protagonista, es la disputa que Castel entabla en el servicio de correos. Allí el actante principal argumenta con respecto a la identificación del presunto autor del reglamento de correos, dejando ver el dominio de ideas fuertes que operan en su persona.

—No hay nada que hacer. El reglamento es terminante.

El reglamento, como usted comprenderá, debe estar de acuerdo con la lógica —exclamé con violencia, mientras co­menzaba a irritarme un lunar con pelos largos que esa mujer tenía en la mejilla.

—¿Usted conoce el reglamento? —me preguntó con sorna.

—No hay necesidad de conocerlo, señora —respondí fríamente, sabiendo que la palabra señora debía herirla mortalmente. (… Usted comprende, señora, que el reglamento no puede ser ilógico: tiene que haber sido redactado por una persona normal, no por un loco. Si yo despacho una carta y al instan­te vuelvo a pedir que me la devuelvan porque me he olvidado de algo esencial, lo lógico es que se atienda mi pedido. (Sábato 2000:46 los destacados son míos)

Su tesis presupone que el redactor debe ser una persona normal y no un loco, esto tal como señala García Gómez demuestra como el personaje siempre actúa frente al caos de lo que considera miserable, fallido y rastrero con ideas inflexibles y destructivas orientadas por su razón, la que busca desesperada imponer el equilibrio y la justicia. Ante el orden irregular del mundo, Castel opone su propia organización. El choque e irreconciliabilidad de ambas maneras de pensar y proceder muestra a Castel ante los demás como un ser obtuso, juicioso y dañino.

—¿No me reconoce? La mujer me miró con asombro: seguramente pensó que era loco. (…) El asombro de aquella estúpida pareció aumentar y, tal vez con el deseo de compartirlo o de pedir consejo ante algo que no alcanzaba a comprender, volvió su rostro hacia un compañe­ro (Sábato 2000:45)

Consecuentemente, para el pintor y su juicio, el mundo y su forma de operar tiene similares condiciones, precario, inconcluso, fallido, frívolo, detestable.

(…)siempre he mirado con antipatía y hasta con asco a la gente, sobre todo a la gente amontona­da; nunca he soportado las playas en verano. (…) en general, la humanidad me pareció siempre detestable. (Sábato 2000:19)

La relación sujeto-medio es abiertamente conflictiva. Al respecto, agrega García Gómez: que la crisis no es meramente intelectual o sentimental. Es un conflicto que le nace a Castel de la totalidad de su persona, de sus últimas raíces.El conflicto se presenta en una serie de alternativas, cordura o locura, racionalidad o ilogicidad, finalidad o gratitud, libertad o compulsión. La mirada de Castel en esa medida, tiende a polarizar y dividir al mundo. Así lo hace eventualmente en su relación con María, a la cual califica alternativamente como virgen o ramera: Por momentos parecía una adolescente púdica y de pron­to se me ocurría que era una mujer cualquiera, y entonces un largo cortejo de dudas desfilaba por mi mente: ¿dónde? ¿Có­mo? ¿Quiénes? ¿Cuándo? (Sábato 2000:27)

La realidad para Castel jamás es como se muestra sino como debe ser, y cuando está no se ajusta a sus comandos lógicos, debe ser forzada a ser como él desea. No puede ser contraria a su voluntad. Eso se nota de acuerdo al estudio de García Gómez, en el enunciado compulsivo con que corona su reclamo violento en el servicio de correo “ahora no lo quiero” Estas consideraciones demuestran lo que Vattimo entiende por necesidad de un pensamiento débil, "Frente a una lógica férrea y unívoca, necesidad de dar libre curso a la interpretación; frente a una política monolítica y vertical del partido, necesidad de apoyar a los movimientos sociales trasversales; frente a la soberbia de la vanguardia artística, recuperación de un arte popular y plural; frente a una Europa etnocéntrica, una visión mundial de las culturas".

Lo exacerbado de la racionalidad del artista pone en juego un mecanismo lógico que irrumpe sobre la alteridad con la misma absurda coerción del hecho que en primer lugar, lo motivo a pintar la escena de la ventana. Su pensamiento indefectiblemente tiende a encauzar y dirigir tal como lo hace la psicología de masas, de modo condicional y cosificante las relaciones interpersonales. Su nexo con María, el desarrollo del affaire y su fatal desenlace así lo demuestran: Lo que más me indignaba, ante el hipotético engaño, era el haberme entregado a ella completamente indefenso, como una criatura.—Si alguna vez sospecho que me has engañado —le decía con rabia— te mataré como a un perro. Le retorcía los brazos y la miraba fijamente en los ojos, por si podía advertir algún indicio, algún brillo sospechoso, algún fugaz destello de ironía. (Sábato 2000:28)

3.4 Los procesos psicopatológicos de personificación y cosificación en el discurso de Castel.

Bajo estos parámetros si volvemos al arte de Castel, podemos apreciar como esta situación de conflicto sujeto-medio promueve al interior de su obra pictórica la creación de un mundo aparte, personalísimo. Prueba de ello está en cómo ante la imagen central del cuadro maternidad, figura que representa valores e imágenes superiores como madre-filiación y por ende juicios racionales esperados dentro de la sociedad en que Castel habita (expectativas que indefectiblemente el narrador vincula a la opinión de los críticos y que él se rehúsa a aceptar voluntariamente) emerge otra escena; una de carácter periférico y que constituye un mensaje codificado y especial que semiotiza su verdadera ansia de comunicación y su soledad desesperanzada, debido al proceso de cohabitar este mundo . El siguiente pasaje explica esta visión de Castel.

—Yo no soy crítico de arte —murmuró. Me enfurecí y grité:

—¡No me hable de esos cretinos! (…) —Usted se queja, pero los críticos siempre lo han elo­giado.

Me indigné —¡Peor para mí! ¿No comprende? Es una de las cosas que me han amargado y que me han hecho pensar que ando por el mal camino. Fíjese por ejemplo lo que ha pasado en este salón: ni uno solo de esos charlatanes se dio cuenta de la importancia de esa escena. Hubo una sola persona que le ha dado importancia: usted. Y usted no es un crítico. (Sábato 2000:16 Los destacados son míos)

En el fragmento transcrito, se refuerza textualmente la relación distópica del pintor con su medio inmediato, el círculo de arte y la correspondiente cosificación que este le impone: Es una de las cosas que me han amargado y que me han hecho pensar que ando por el mal camino. A su vez, Castel, que gracias a su lógica procura operar de modo opuesto en contenido e ideas a la sociedad y su razón, demuestra en el mismo enunciado cuan similar es al medio en su calidad de coercitivo mecanismo de objetivación. Esto se aprecia, en el rol que atribuye desde un principio a María. Hubo una sola persona que le ha dado importancia: usted. Y usted no es un crítico. Incluso antes de este encuentro y diálogo, previo a conocer la identidad real de la mujer y su genuino interés en la pintura, basado tan sólo en una percepción Castel otorga a María la pesada carga de representar sus anhelos más íntimos.

Fue el día de la inauguración. Una muchacha desconocida estuvo mucho tiempo delante de mi cuadro sin dar importancia, en aparien­cia, a la gran mujer en primer plano, la mujer que miraba ju­gar al niño. En cambio, miró fijamente la escena de la venta­na y mientras lo hacía tuve la seguridad de que estaba aislada del mundo entero; no vio ni oyó a la gente que pasaba o se detenía frente a mi tela. (…)(Sábato 2000:7 los destacados son míos)

Castel utiliza a la joven como token o significante que pasa a reemplazar la imagen periférica del cuadro Maternidad dentro de la semiosis o proceso de significación. María queda asociada como objeto al significado e importancia que él da a la imagen, por ende la suerte que corra su eventual relación con ella, será la suerte de su pintura y al ser esta disciplina su principal canal emocional, también queda determinado su fuero interno, sus anhelos más íntimos y su conducta frente al mundo. Esta situación evidencia tempranamente y de modo transversal la interrelación de ambos fenómenos en estudio, la personificación del objeto; en este caso la figura y mensaje oculto en la pintura representando parte esencial del ser de Castel y la cosificación del sujeto, específicamente María Iribarne que pasa a significar el ideal comunicativo del pintor. Esto considerando que la escena de la ventana o imagen de la mujer mirando la playa dentro del cuadro principal, tal como literalmente lo indica Castel encierra un mensaje especial, indescifrable incluso para los críticos, miembros egregios de la sociedad, frívolos y decadentes en su razonamiento,

Arriba, a la izquierda, a través de una ventanita, se veía una escena pe­queña y remota: una playa solitaria y una mujer que miraba el mar. Era una mujer que miraba como esperando algo, quizá algún llamado apagado y distante (…) Nadie se fijó en esta escena; pasaban la mirada por enci­ma, como por algo secundario, probablemente decorativo. Con excepción de una sola persona, nadie pareció compren­der que esa escena constituía algo esencial. (Sábato 2000:7 los destacados son míos)

Esta primera característica, dota a la escena de atribuciones personales muy ligadas al fuero del pintor y su visión distópica de mundo, la incomunicación y soledad se refuerzan como sentidos unívocos. Completa el valor comunicativo de la escena, la violencia de los regímenes totalitarios como parte de la desesperanza y absurdo que dio origen a la pintura. Recuer­do que días antes de pintarla había leído que en un campo de concentración alguien pidió de comer y lo obligaron a comer­se una rata viva. A veces creo que nada tiene sentido. (Sábato 2000:17)

De este modo, reforzamos el génesis social que tiene el hermetismo existencial de Castel, sus condiciones psicológicas irresolutas, y la tendencia a manifestar estas en la producción de su arte: —Esa escena de la playa me da miedo —agregué después de un largo rato—, aunque sé que es algo más profundo. No, más bien quiero decir que me representa más profundamente a mí... Eso es. No es un mensaje claro, todavía, no, pero me representa profundamente a mí. (Sábato 2000:17 los destacados son míos)

Sábato agrega: "Hay, evidentemente, una relación entre el arte y la sociedad y quizá hasta se pueda hablar de una homología. En la sociedad como la de hoy, por ejemplo, en que el hombre está angustiado por la cosificación, es más intensa la nostalgia de la individualidad perdida, de la intimidad avasallada, del yo violado: ¿cómo no esperarse una mayor tendencia a la expresión lírica? Pero esta actitud no es un reflejo sino un acto de rebeldía y negación, un acto creativo con que el hombre enriquece la realidad preexistente." (Sábato 1963)

En definitiva el objeto representa la sensibilidad de Castel, su necesidad de entablar una genuina comunicación. Se trata de su consciencia desesperanzada y solitaria manifestándose. En cuanto a la relación de esta escena con María, Castel llega en su desesperación por poseer íntegramente a la muchacha a exponer la materialidad de un vínculo superior; capaz incluso de sobreponerse al tiempo: como lo intuí desde el momento en que ella miró la escena de la ventana. En verdad cómo podía no tutearme si nos conocíamos desde siempre, desde mil años atrás. Si cuando ella se detuvo frente a mi cuadro y miró aquella pequeña escena sin oír ni ver a multitud que nos rodeaba, ya era como si nos hubiésemos tuteado y en seguida supe cómo era y quién era, cómo yo la necesitaba y cómo, también, yo le era necesario (Sábato 2000:24 los destacados son míos)

Sobre esto Macuzza en su artículo El partener complementario del psicópataseñala, una reflexión sobre el rasgo que ha sido clásicamente descrito en la psiquiatría como la cosificación del otro: La cosificación implica no respetar los derechos del que esta fuera de mí, no tratarlo o considerarlo como un sujeto, como una persona. En este sentido conviene formular dos observaciones aparentemente contrarias. Por una parte, que el psicópata tiene una empatía muy especial con el otro, que le sirve para detectar sus necesidades sofocadas, sus debilidades y tentaciones, los lugares de su angustia, y que es justamente desde esta posición de empatía y de identificación con el otro que obtiene el lugar desde donde puede operar sobre su pareja o partner, es decir, es la que le otorga y le permite sus grandes habilidades y su posibilidad de manipulación. En el caso de Castel, este consigue a través de su arte, una comunicación especial que lo une a María. Bajo este presupuesto se forja y sostiene el vínculo, que en su punto más alto se manifiesta bajo el rostro de un enamoramiento convencional: Escenas semejantes se repetían casi todos los días. A ve­ces terminaban en una calma relativa y salíamos a caminar por la Plaza Francia como dos adolescentes enamorados. (Sábato 2000:28) y en su ocaso más profundo como piedad ante la desesperada violencia y soledad del pintor: De pronto me aco­metió la idea de que ese puente se había levantado para siem­pre y en la repentina desesperación no vacilé en someterme a las humillaciones más grandes: besar sus pies, por ejemplo. Sólo logré que me mirara con piedad y que sus ojos se ablan­dasen por un instante. Pero de piedad, sólo de piedad. (Sábato 2000:32)

De cualquier modo, María se siente en gran medida representada por el mensaje oculto que este codifica en la escena de su cuadro maternidad, así al menos lo expone Castel en su testimonio: El mar está ahí, permanente y rabioso. Mi llanto de entonces, inútil; también inútiles mis esperas en la playa solitaria, mirando tenazmente al mar. ¿Has adivinado y pintado este recuerdo mío o has pintado el recuerdo de muchos seres como vos y yo? Pero ahora tu figura se interpone: estás entre el mar y yo. Mis ojos encuentran tus ojos. (Sábato 2000:24 los destacados son míos)

La joven comulga con el sentido de esta escena ubicada al margen de la figura central, por ende abraza el espíritu y la soledad del pintor, lo comprende, lo compadece y se iguala a él en su desesperanza ¿Has adivinado y pintado este recuerdo mío o has pintado el recuerdo de muchos seres como vos y yo? De este modo, en oposición a lo que los críticos en lo más mínimo aprecian, se entabla la empatía necesaria que Macuzza señala. De acuerdo a la narración del protagonista, podemos inferir que María también es presa de esa soledad que la sociedad de la época impone. De ahí nace su posible interés por Castel y su complejo mundo interior, un hombre capaz de generarle un puente hacia su consciencia, fuero interno que ella evade y aplaca con sus relaciones escapistas. Esta evaluación de su compartimiento concuerda con lo que sabemos del dual estilo de vida de María Iribarne, por un lado una cómoda rutina social la cual se mueve entre la sumisión y respeto hacia su esposo ciego. Esta actitud se contrapone al misterio que la rodea y los muchos hombres que parecen rondar su pasado: Pero debo agregar que no era ese hombre el que más me torturó, porque al fin y al cabo de él llegué a sa­ber bastante. Eran las personas desconocidas, las sombras que jamás mencionó y que sin embargo yo sentía moverse silen­ciosa y oscuramente en su vida. (Sábato 2000:30 los destacados son míos)

En este ámbito también la estancia ocupa un rol simbólico de liberación de sus pasiones: María comenzó entonces a sentirse de excelente humor, y cuando caminamos a través del parque, hacia la costa, tenía verdadero entusiasmo. Era una mujer diferente de la que yo había conocido hasta ese momento, en la tristeza de la ciudad: más activa, más vital. Me pareció, también, que aparecía en ella una sensualidad desconocida para mí, una sensualidad de los colores y olores (Sábato 2000:41)

Sin obviar a Hunter, propietario de este lugar, posible amante de María, y una versión apasionada y desenfrenada de Allende, un playboy abúlico tal cual lo define Castel: Hunter tenía cierto parecido con Allende (creo haber dicho ya que son primos); era alto, moreno, más bien flaco; pero de mirada escurridiza.

Estos elementos, las relaciones furtivas que tanto torturan al pintor, la estancia y Hunter resultan signos evidentes de todo lo que el protagonista puede despreciar en el mundo y pasado de María, pues remite a una conducta desleal que se opone a su lógica e ideas fuertes. En el caso de la fémina estas prefiguran una salida y quiebre ante la sumisión que le impone el medio, una cosificación más bien emocional a la cual la joven se ha visto atada por las costumbres de la época y su rol de mujer. Ella de acuerdo a las declaraciones del relato, transgrede esta condición tanto en su pasado (previo a Castel) como en su presente junto a él, con cada aventura amorosa, con cada escapada a la estancia y posiblemente con su resistencia ante la maternidad. No hay que olvidar tampoco aquí, el medio frívolo y superficial en el que María se desenvuelve, el cual puede ser graficado con la no menor intervención de Mimí una caricatura grotesca de una mujer de sociedad que es además su prima.

Esto volviendo a las ideas de Macuzza se condice con la urgente necesidad que el pintor otorga a la persona de María tras notar la reacción de esta frente a la escena particular del cuadro. El puente entre ambos como ya señalé, estriba en el valor que juntos dan a la escena que él ha pintado, él la relaciona a lo más íntimo de su persona y ella la valora en función de su propia soledad, lo cual los equipara dentro de ese nivel de comunicación superior que constantemente el pintor arguye, en la medida que este se contrapone y anula el valor de otras miradas, incluso por ejemplo, las de los ya señalados críticos. Lógicamente uno debiese esperar la consideración de estos juicios pues provienen de especialistas en su área, sin embargo lo que importa para Castel, y retomo para esto a García Gómez, no es nuestra lógica ni el sentido común, sino su razón frente a lo que debe ser. (…) ni uno solo de esos charlatanes se dio cuenta (…) Hubo una sola persona que le ha dado importancia: usted. Y usted no es un crítico. (Sábato 2000:16)

Dentro de la lógica particular de Castel, María es un signo especial que encarna lo que en principio correspondiese únicamente a su pintura, la posibilidad de comunicación más allá de los límites que impone la sociedad. Frente a ese mundo que lo ha empujado a un oscuro túnel de evasión y repudio hacia la humanidad, María es una esperanza. En su calidad de significante, la muchacha sin embargo, no cumple la función de sujeto, no es valorada bajo sus propias condiciones vitales y contradicciones. En otras palabras, no significa la suma de posibilidades que un ser humano representa sino un objeto y proyección de los anhelos y temores del pintor. Lo que vive Castel es por tanto una introyección, proceso psicológico que le sirve de mecanismo de defensa, al hacerse acreedor de rasgos y conductas, fragmentos del mundo que lo rodean. En definitiva, la joven pasa a operar como paliativo ante las amenazas externas pues a su juicio, ella y su acción debieran reducir la ansiedad que le producen las tensiones o ambivalencias hacia su incapacidad de comunicarse, sin embargo, la conducta inasible de María como sujeto en lugar de acercarlo a la ansiada comunión de espíritus y escape de su soledad ontológica, agrava su violenta aversión hacia el mundo.

Cerca del final de la historia, Castel comprende su error: Y en uno de esos trozos transparentes del muro de piedra yo había visto a esta muchacha y había creído ingenuamente que venía por otro túnel paralelo al mío, cuando en realidad pertenecía al ancho mundo, al mundo sin límites de los que no viven en túneles; y quizá se había acercado por curiosidad a una de mis extrañas ventanas y había entrevisto el espectáculo de mi insalvable soledad, (Sábato 2000:53 los destacados son míos)

El desfigurado anhelo de comunicación se torna directamente proporcional a la conducta de María, por ello en la medida que a juicio del pintor, la mujer falla en su proceder esquivo y ambiguo o por causa de su pasado no responde a las altas expectativas del artista y sus ideas con respecto al amor y la fidelidad, está atenta contra su lógica y pasa a formar parte del mundo que tanto repudia: (…) o le había intrigado el lenguaje mudo, la clave de mi cuadro. Y entonces, mientras yo avanzaba siempre por mi pasadizo, ella vivía afuera su vida normal, la vida agitada que llevan esas gentes que viven afuera, esa vida curiosa y absurda en que hay bailes y fiestas y alegría y frivolidad. (Sábato 2000:53)

La decepción da origen a los actos punitivos e interrogatorios, ante la imposibilidad de una respuesta concreta capaz de alivianar el caos o en último caso, ajustarse a su visión fuerte de lo que el intuye como amor verdadero: A veces me acometía un frenético pudor, corría a vestirme y luego me lanzaba a la calle, a tomar fresco y a rumiar mis dudas y aprensiones. Otros días, en cambio, mi reacción era positiva y brutal: me echaba sobre ella, le agarraba los brazos como con tenazas, se los retorcía y le clavaba la mirada en sus ojos, tra­tando de forzarle garantías de amor, de verdadero amor. (Sábato 2000:27 los destacados son míos)

Castel desde sus razonamientos muchas veces contradictorios y superiores a su voluntad, producto de ideas fuertes, expectativas y anhelos objetivos que él mismo no sabe como conceptualizar acepta como deseables ciertas actitudes y conceptos a fin de conseguir sus fines, lo cual va creando lazos de dependencia y violenta repulsión, propios de un amor simbiótico. Pero nada de todo esto es exactamente lo que quiero de­cir. Debo confesar que yo mismo no sé lo que quiero decir con eso del "amor verdadero", y lo curioso es que, aunque empleé muchas veces esa expresión en los interrogatorios, nunca hasta hoy me puse a analizar a fondo su sentido. ¿Qué quería decir? (Sábato 2000:27 los destacados son míos)

Sobre esto, Erich Fromm en el arte de amar señala de modo crítico: ¿de qué amor estamos hablando? ¿El amor como solución al problema de la existencia o como unión simbiótica? la unión simbiótica, es una forma inmadura de amar. En términos de Fromm podemos hablar de sumisión o masoquismo cuando la persona renuncia a su integridad convirtiéndose en instrumento de alguien o algo ajeno a él; cuando esta se cosifica en función del otro. En cuanto a la dominación o sadismo, estamos ante una forma activa frente a la pasiva que representa la sumisión, propia de aquellos que escapan de su soledad creando en otro individuo la prolongación de su ser. El siguiente fragmento del discurso de Castel es ilustrativo: (…)Por otro lado imaginé que podía pasar mucho tiempo antes de volver a encontrarla. Era necesario encontrarla. Me encontré diciendo en alta voz, va­rias veces: "¡Es necesario, es necesario!" (Sábato 2000:14)

En el mismo ámbito Sartre explique que el conflicto de las libertades puede tomar muchas formas pero se desenvuelve en dos actitudes principales: o bien uno se esfuerza en reducir al otro al estado de objeto para afirmarse como libertad, o bien uno asume ser objeto y se convierte libremente en cosa delante de otro para captar su libertad, para reconocerle como sujeto. En este sentido, de ser que se relega y se vuelve objeto de manipulación ante la mirada del otro que se impone como sujeto dominador, se desenvuelve el tema de la relacionalidad en el caso de Castel y María.

3.5.-La distopía en la relación de Castel y María

La tormentosa relación se produce en un marcado contraste de encuentros y separaciones dolorosas que los personajes experimentan en su intento por comunicarse y lograr consumar físicamente su relación. En ese devenir los personajes no logran establecer un equilibrio emocional y menos la interacción como dos sujetos que puedan reconocerse como tales: Claro que pagábamos cruelmente esos instantes, porque todo lo que sucedía después parecía grosero o torpe. Cualquier cosa que hiciéramos (hablar, tomar café) era doloroso, pues señalaba hasta qué punto eran fugaces esos instantes de comunidad. (Sábato 2000:27)

La cosificación del otro es inminente y encuentran solo esporádicos momentos de armonía no menos marcados por las ambivalencias de ambos.

La ambigua idea de verdadero amor que Castel arguye se puede vislumbrar como el plano idílico de la relación y la síntesis del desasosiego que el cuadro plantea. Esa espera desolada que ambos comparten, en este caso dicha solución se reviste como renuncia del yo solipsista lo cual permite la comprensión del otro y la no instrumentalización de las relaciones. Es ese probablemente el ideal inconsciente que Castel se plantea al metaforizar su idilio con la imagen de un túnel paralelo que en determinado punto conecta la vida de ambos por medio de una ventana. Y era como si los dos hubiéramos estado viviendo en pasadizos o túneles paralelos, sin saber que íbamos el uno al lado del otro, como almas semejantes en tiempos semejan­tes, para encontrarnos al fin de esos pasadizos, delante de una escena pintada por mí, como clave destinada a ella sola, como un secreto anuncio de que ya estaba yo allí y que los pasadi­zos se habían por fin unido y que la hora del encuentro había llegado. (Sábato 2000:53)

Esto se vincula directamente al cuadro, específicamente a la escena de la mujer, elemento que genera el encuentro inicial. Por tanto nos permite reafirmar la evolución del romance a la luz de los cambios que experimenta la pintura de Castel como reflejo de lo más recóndito de su ánimo. En la medida que su relación con el contexto se torna favorable por la presencia de María y el nacimiento de lo que consideraba posibilidades remotas de genuina comunicación. la imagen de la mujer en la ventana muta en función del optimismo plagando toda su obra: Durante los meses que siguieron, sólo pensé en ella, en la posibilidad de volver a verla. Y, en cierto modo, sólo pinté para ella. Fue como si la pequeña escena de la ventana empezará a crecer y a invadir toda la tela y toda mi obra. (Sábato 2000:7) Por otra parte Castel cree descubrir en el otro una esperanza de real comunión y bondad que se ajusta a su deseo racionalizado de amor y verdad. El cambio implica una tolerancia mayor hacia la humanidad: Me pasaba algo muy extraño: miraba con simpatía a todo el mundo. (…) Esa noche, pues, mi desprecio por la humanidad parecía abolido o, por lo menos, transitoriamente ausente. (Sábato 2000:19)

(…)¡Pienso ahora hasta qué punto el amor enceguece y qué mágico poder de transformación tiene. ¡ La hermosura del mundo! ¡Si es para morirse de risa! (Sábato 2000:25)

Según Sartre el esencial estado de solipsismo sólo puede evitarse en la existencia humana gracias al logro de una relación de ser a ser, de sujeto a sujeto. Coddou en su estudio, nos señala que esto es justamente lo que intentará el personaje de la obra. Juan Pablo Castel pretende lograr salir de su soledad básica entrando en contacto con María, un ser tan existente como él. Su ansia de ser entendido es absoluta, hay en él un afán imperioso de obtener una real comunicación. Deseando ese encuentro absoluto, todo lo que venga a postergarlo o a impedirlo definitivamente provoca en él estados de desesperación. En fugaces momentos tras poder considerar como un hecho esa ansiada posesión, se le permite salir de la soledad. Sin embargo, el no poder experimentar dicha condición en plenitud lo devuelve a su estado inicial de hermetismo con un conocimiento de un mundo posible y transitorio que le gustaría perpetuar. Por ello no pudo resignarse jamás a tener el significante de dicho sentido, en esta caso María, por breves instantes. Por eso dirá: ahora que puedo analizar mis sentimientos con tranquilidad siento que, en cierto modo, estoy pagando la insensatez de no haberme conformado con la parte de María que me salvó (momentáneamente) de la soledad (Sábato 2000:40)

A esa condición de renovado solipsismo producto de las desilusiones, de los continuos interrogatorios y rompimientos, deviene un acto definitivo de violencia que provoca la abrupta separación a causa de las ideas fuertes de Castel. El pintor acusa a María de fingir en torno a sus sentimientos y orgasmos por medio de una operación lógica. Recordando las advertencias que el padre de Desdémona hace a Otelo, Castel concluye que si la mujer es capaz de engañar y traicionar en cuanto a sus muestras de placer y afecto, a su marido ciego, quien desempeña un rol casi paternal con la joven, qué le impide no engañarlo a él. El quiebre hace ingresar a Castel a una vorágine de autodestrucción: Esa tarde comencé a beber mucho y termi­né buscando líos en un bar de Leandro Alem. Me apoderé de la mujer que me pareció más depravada y luego desafié a pe­lear a un marinero porque le hizo un chiste obsceno. No re­cuerdo lo que pasó después (…) (Sábato 2000:48)

Interiormente, Castel queda preso en un pesimismo que lo empuja a una condición más hermética que la inicial. Este se condice en su pintura con un expresionismo devastador que representa la violencia de sus actos, de modo que esa realidad original que solía ampararlo del mundo se convierte en un infierno de desilusión ¡Qué poco quedaba de la vieja pintura de Juan Pablo Castel! ¡Ya tendrían motivos para admirarse esos imbéciles que me habían comparado a un arquitecto! ¡Como si un hombre pudiera cambiar de verdad! ¿Cuántos de esos imbéciles habían adivinado que debajo de mis arquitecturas y de "la cosa intelectual" había un volcán pronto a estallar? Ninguno. ¡Ya tendrían tiempo de sobra para ver estas columnas en pedazos, estas estatuas mutiladas, estas ruinas humeantes, estas escaleras infernales! (…) como un Museo de la Desesperanza y de la Vergüenza. (Sábato 2000:51 los destacados son míos)

Clausurada la única posibilidad que tuvo de salir de la cosificación, de acceder a una mirada que lo reconozca como sujeto y que él a su vez pudiese reconocer como tal y no como un mero ideal de lo que a su juicio debiera ser la comunicación, Castel comienza a repudiar el signo que grafica su intimidad, María, su pintura, el mismo. Se auto flagela por su error y llega a considerar el suicidio, atentar contra su cuerpo, sólo así acalla la voz de su consciencia, su lógica, optando por formar parte de lo que considera lo más bajo en el mundo.

Y una vez restablecida su lógica usual, el protagonista narrador se empuja a dos nuevos juicios, esta vez de forma terminal. En primer lugar, realiza una analogía en pleno acto sexual. Mientras yace con la prostituta. Al observar sus gestos ubica a María en la calidad de ramera, optando entre los dos polos en que hacía transitar a la joven producto de sus ideas fuertes: Estábamos en la cama, cuando de pronto cruzó por mi cabeza una idea tremenda: la expresión de la rumana se pare­cía a una expresión que alguna vez había observado en María. —¡Puta! —grité enloquecido, apartándome con asco—. ¡Claro que es una puta! Metafísicamente, este ejercicio incluye una apreciación categórica que respalda la relación que para Castel, la vida y su estado emocional entablan con el arte: Dios mío, si era para desconsolarse por la naturaleza huma­na, al pensar que entre ciertos instantes de Brahms y una cloaca hay ocultos y tenebrosos pasajes subterráneos (Sábato 2000:49)

La segunda conclusión, es más específica y ligada a una temprana sospecha con respecto a la relación amorosa que María pudo sostener con el primo de su marido, Hunter. Esa idea persigue al narrador durante gran parte del discurso que nos da a conocer. Cuando esta sospecha es sometida a la comprobación empírica, se producen efectos irreversibles para el proceso de comunicación del narrador-protagonista con el mundo: “por un lado estaba yo, estaba el compromiso de verme esa tarde; ¿para qué?, para hablar de cosas oscuras y ásperas” (…) para tratar de entender nuestros signos (…) para soñar una vez más ese sueño imposible. Por el otro lado estaba Hunter y le bastaba tomar el teléfono y lla­marla para que ella corriera a su cama. ¡Qué grotesco, qué triste era todo! (Sábato 2000:52)

Al no asistir María a una reunión acordada bajo el límite de la desesperación, falla por última vez su pacto secreto y surge en el lógico sentir del protagonista una certeza que se encauza directo al fin de los significantes que comunican su frágil intimidad con el mundo. Por un lado se fisura su arte, el primer puente de desolada comunicación que tiene como mecanismo de introyección: Pero había algo que quería destruir sin dejar siquiera ras­tros. Lo miré por última vez, sentí que la garganta se me con­traía dolorosamente, pero no vacilé: a través de mis lágrimas vi confusamente cómo caía en pedazos aquella playa, aquella remota mujer ansiosa, aquella espera. Pisoteé los jirones de tela y los refregué hasta convertirlos en guiñapos sucios. (Sábato 2000:51)

Castel destruye el cuadro al descubrir que su "espera" ese mensaje que los unía, ese nexo vital que tuvo con María fue inútil en su proceso de concretización. Por tanto la espera que significaba su salvación, el amor verdadero que anhelaba sumado a la frustración del último encuentro pactado con María, el cual ella anula para ir a la estancia con Hunter, hace emerger el dolor. Mismo malestar que lo llevo en principio a pintar la imagen pero masificado por la desilusión de una herida expuesta. Destruirlo en este caso es exorcizar sus demonios. Nace en él un proceso inverso a la creación. Lo contrario a crear un escape, es encerrarse en su soledad, atrincherarse en su hermetismo clausurando toda vía de comunicación de entrada a su mundo, a sus sentimientos y por tanto guardarlos para sí: Ya nunca más recibiría respuesta aquella espera insensata! ¡Aho­ra sabía más que nunca que esa espera era completamente inútil! (Sábato 2000:51)

La segunda mitad de esa certeza aniquilatoria surge tras su llegada a la estancia y contemplar el encuentro con María y Hunter compartiendo una caminata nocturna, esto confirma sus sospechas y la futilidad de sus razonamientos idílicos con respecto al nexo establecido entre ambos. Castel apela a sus mayores miedos, al uso que ha hecho de sus sentimientos esta mujer a la cual apostó todos sus números. En tal medida María debe ser suprimida como token o significante de reemplazo a esa soledad comunicada. A fin de retornar a la calma es pertinente para Castel destruir todo vaso comunicante que exponga su verdad al mundo. El único mecanismo para ello es encerrar a María en su mundo, en la negación de todo anhelo de comunicación. En un sentido inverso a crearla, a constituirla como un ideal, Castel debe destruir el objeto y a la persona que lo representa. María personifica a la mujer de la ventana, por ende cumple el mismo rol que la escena. Existió una persona que podría entenderme. Pero fue, pre­cisamente, la persona que maté. (Sábato 2000:6) Por ello junto con la revelación del túnel y su error, se fragua el asesinato como catarsis.

3.6.-El asesinato como proceso final de cosificación

La muerte de María es un proceso necesario e indispensable para el restablecimiento del mundo solitario de Castel al cual sin embargo se añadirá un preciado elemento que lo acompañara durante su encierro; una porción de sentido y comprensión que pudo compartir con otro ser mas allá de su arte, de su necesidad por crear mundos posibles que le servían de escape. En tal caso, la ventana y la mujer mirando al vacío ya no será la de la pintura sino una imagen personal que el logra retener de la joven, de esa mujer curiosa mirando hacia él a través de las pequeñas ventanas de su túnel. Esto se perfila en la medida que ambos compartieron un tiempo y espacio lo cual para errantes seres que fortuitamente chocan entre sí, en el peor de los desconocimientos, resulta cargarse de un carácter casi sacramental. Esta noción se deja entrever cuando el pintor juzga la fugaz imagen de una mujer que observa desde el tren; una vez que escapa decepcionado de la estancia poco antes de sumirse en su peor momento, lo días desastrosos que precedieron a la muerte de María: Pasamos cerca de un rancho; una mujer, deba­jo del alero, miró el tren. Se me ocurrió un pensamiento estú­pido: "A esta mujer la veo por primera y última vez. No la volveré a ver en mi vida." (…)¿Qué me importaba esa mujer? Pero no podía dejar de pensar que había existido un instante para mí y que nunca más volvería a existir; desde mi punto de vista era como si ya se hubiera muerto: un pequeño retraso del tren, un llamado desde el interior del rancho, y esa mujer no habría existido nunca en mi vida. Todo me parecía fugaz, transitorio, inútil, impreciso. (Sábato 2000:44)

El acto de retener a María mediante el asesinato, lleva el proceso de cosificación a su extremo. Hace de ella una fotografía, una postal de los pocos momentos en que sus túneles se comunicaron transparentemente pues solo reduciendo la relación a esos fragmentos, puede recobrar su seguridad, su lógica introyectiva que guarda en su memoria una parte del ser real. Esto se complementa con la visión que el discurso del narrador nos ha dado sobre el arte y su función, sólo que aquí el proceso de comunicación pasa de la pintura a la escritura; al tiempo que se desarrolla en otro nivel de narración, puesto que el efecto que tuviese la imagen de la mujer en la ventana, creación de Castel que configura el núcleo central del texto, pasa a operar de la diéresis a la extradiégesis por medio de este relato que cada posible lector conoce de boca de Castel.

Tal como ocurrió con María a través del cuadro, Castel busca por medio de su obra testimonial, un entendimiento de su íntima soledad. En otras palabras, con la historia de su crimen el pintor convertido en escritor genera un segundo cuadro esta vez narrativo, por tanto el relato constituye una imagen de desesperanza, su confesión viene a ser una herramienta al servicio de su lógica pues busca entregar ese sentimiento hacia los demás; en espera de siquiera un interlocutor, uno solo que lo entienda como María.

Podría reservarme los motivos que me movieron a escri­bir estas páginas de confesión; pero como no tengo interés en pasar por excéntrico, diré la verdad, que de todos modos es bastante simple, pensé que podrían ser leídas por mucha gen­te (…) me anima la débil esperanza de que alguna persona llegue a entenderme. aunque sea una sola persona. (…) ¿Se dan cuenta de lo que quiero decir? (Sábato 2000:6)

Con respecto a la función estética y comunicativa del arte, aplicable tanto a la pintura como a la literatura, Sábato señala refiriéndose específicamente a la novela y el arte de la escritura lo siguiente: La novela muestra la realidad humana en su doble dimensión: objetiva y subjetiva, por tanto la revela en forma global. "La ciencia aspira a la objetividad pues para ella lo verdadero equivale a lo objetivo. Para la novela, en cambio, la realidad es lo objetivo y lo subjetivo, de modo que está en mejores condiciones para captar la realidad entera. (…) En resumen: en tanto que la ciencia prescinde del sujeto, la novela no puede hacerlo. Pero esta imposibilidad es precisamente su virtud como instrumento de aprehensión de la realidad. (Sábato 1953)

4.-A modo de conclusión.

En conclusión, podemos señalar que esta lectura postmoderna y diálogo con el discurso de Castel, nos pone en contacto con la crisis de la sociedad continental de principios del siglo XX mostrándonos una serie de conductas, que se complejizan y prolongan hasta nuestros días demostrando el frágil equilibrio entre la razón y la deshumanización de los medios e instrumentos que genera el hombre en su llamado progreso social. Característico resulta al respecto el proceder que guardamos hacia los objetos y como desde este punto se pasa a la objetivación de la realidad. La búsqueda de dominio y de construcción de una realidad perfecta o deseable conlleva contrariamente como señal Vattimo a institucionalizar procesos aberrantes, similares a los que sufre el protagonista de El Túnel y que él por su parte aplica de igual manera como un reflejo marcado de los discursos de poder y del proceso de reificación. La objetivación en tal caso se nos presenta como el punto de despegue de la cultura occidental moderna.

A través de este mecanismo se permite la domesticación y el encauzamiento de las conductas hacia lo que se estima preferible, la lógica del “debe ser” se hace posible e impera. En cuanto al proceso de personalización la violencia y arbitrariedad de esta conducta en sus extremos, no es menor pues surge como una consecuencia de la evidente cosificación y en sus modos tiende a utilizar al otro, parte de una entidad que se desea o a uno mismo como token o moneda de cambio frente al sentido inasible y esperable, esto en la medida que opera como mecanismo de defensa psicológico, como introyección que pretende reducir la ansiedad ante la realidad no objetivable.

Considerado esto la obra es sin duda un paradigma de la crisis existencial y psicológica del hombre moderno y un ámbito privilegiado de exploración de las causas y efectos de estos fenómenos, al retratar en profundidad y con inmensa sensibilidad estética y comunicativa, los mecanismos que implican la perdida de valoración del sujeto y su gama de posibilidades. Vemos al hombre arrinconado en términos Kafkianos dentro de una realidad que lo torna objeto y que lo empuja a fin de salvaguardar su dignidad o parte desesperada de su ansia de libertad a asirse a otros o a partes fragmentadas de sí mismo con las mismas garras e instrumentalizaciones que lo han convertido en un dividuo. Con respecto a este último concepto, en su teoría, Felix Guattari retomará estas problemáticas al estudiar las sociedades de control y bajo la idea de prehensión, acto por el cual se transfiere la virtud de una entidad a otra, es decir se dona su potencia. El individuo de antaño se encuentra convertido en un ser dividual, fragmentado en esencia por el ejercicio del poder y la diversificación que debemos hacer de nuestra realidad, en tanto cumplimos una serie de objetivos y roles como miembros del orden social. Deleuze complementa esto señalando que el dividuo está fragmentado pues pasamos de un individuo paranoico, el organizado dentro de las sociedades disciplinarias como la planteada por Asturias en “El Señor Presidente” al dividuo esquizofrénico, positivado con una multiplicidad de funciones operativas designadas por la sociedad de control. Sábato empieza a perfilar estas características por ende las fisuras de la lógica, la soledad más profunda del hombre y su psicología atribulada se develan en un sentido inverso, ante la importante función que el arte cobra en esta relacionalidad distópica.

Como mecanismo de expresión, abierto, flexible y polisémico, las raíces más profundas de la creación establecen un puente directo hacía el caos y continente represivo de la consciencia. La narración de Castel, clínicamente detallada no podría entenderse en su completitud sin las explicaciones que arroja su proceso pictórico frente a la evolución de su ánimo. Esto se reafirma si analizamos el texto a la luz de los postulados que Sábato sostiene en torno a la creación y su nexo dialéctico con la realidad.

En el mismo grado no hay que obviar la tarea que cumple el narrador-protagonista Juan Pablo Castel al darnos a conocer desde su desorden emocional su historia por medio de un testimonio escrito y altamente literario. En este aspecto el personaje continua en su papel de creador procurando repetir el efecto que la escena de la mujer en el cuadro Maternidad, tuviese dentro de la diégesis, sólo que ahora a nivel de enunciación y por medio del discurso que trama la historia; por ende la actualización de este producto estético, signo de una época y sus circunstancias llega constituido como novela a nuestras manos siendo nuestro deber como eventuales y posibles receptores, encontrar ese mensaje mirando directo al vacío interior de nuestro tiempo y sus destructivos razonamientos, abismo profundo e insondable como el mar.

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