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ANDA LIBRE EN EL SURCO PREMIO LAGAR

ANDA LIBRE
EN EL SURCO
PREMIO LAGAR
2009

Por
Arturo Volantines


Cuando el CNCA. de la Región de Coquimbo le pidió a la SALC. la realización de un concurso nacional de literatura inédita en homenaje a Gabriela Mistral, como parte de la creación de la “Ruta Mistraliana”, —que llevaba adelante el Gobierno Regional, encabezado por el Intendente, Ricardo Cifuentes—, no nos imaginamos el trabajo que nos demandaría y las tremendas proyecciones del mismo.
Esta propuesta buscaba la realización de un concurso nacional para obras inéditas, que involucrara a los géneros de poesía y ensayo; que pusiera énfasis en la identidad de la Región de Coquimbo y, además, que considerara a menores de 18 años. Teníamos fresco un concurso nacional para poesía inédita, —organizado desde la Región y de cierto prestigio— que en su última versión varios de los textos ganadores ya eran conocidos y era evidente la relación entre algunos jurados y ganadores.
Así, la primera tarea fue realizar bases exigentes y claras, que no dejaran dudas, que no fueran interpretadas de una forma distinta. Le pedimos ayuda a Juan García Ro, poeta de Vallenar. Luego, nos pusimos de acuerdo con el CNCA. en el nombre del concurso: “PREMIO LAGAR; Concurso Nacional de Literatura Gabriela Mistral”. Acordamos, además, que la mención poesía debía ser libre y en ensayo: “Gabriela Mistral y la identidad de la Región de Coquimbo”. Solicitamos a Graciela Ramos Ramírez, artista plástica y académica de la Universidad Católica del Norte, que se hiciera cargo de los diseños correspondientes a los afiches, bases y otros materiales gráficos. Allí, vimos aparecer a Gabriela Mistral, entre los valles tutelares de Elqui.
La SALC. conformó una Comisión Ejecutora compuesta por Alicia Mondaca, Dina Moreno, Oriana Mondaca y yo, que, además, actuaría como Ministro de Fe. Luego, designamos como Secretaria Ejecutiva del concurso a Rocío Alcayaga Mondaca, quién tendría que responder cientos de consultas; ayudar a difundir el concurso, recibir las obras del mismo y ejecutar muchas otras tareas, donde destaco muy especialmente las gestiones para que en todas las Estaciones del Metro de Santiago, expusieran el afiche de la convocatoria por más de 2 meses; y, sobre todo, convencer a la Broncería Chile para fundir la “Estatuilla Lagar”, cuya idea de Catherine Trigo fue diseñada por el artista plástico y profesor universitario, Hernán Godoy.
En la Casa de Gabriela Mistral —recuperada por el Gobierno Regional— llamada “Las Palmeras”, en la Avenida de Aguirre de La Serena, el viernes 16 de enero de 2009, con la presencia de la Presidenta, Michelle Bachelet; la Ministra de Cultura, Paulina Urrutia, la Ministra de Bienes Nacionales, Romy Schmidt; los senadores y diputados de Coquimbo; autoridades regionales y locales y numerosos artistas y público, se dio el vamos al concurso.
Chilenos en todo el mundo empezaron a enviar sus textos. Las bases eran estrictas. Nos dimos cuenta que el gasto en que incurrían los participantes era mucho. Por lo que participar se convirtió ya en un triunfo. Al fin, llegaron más de 600 trabajos. Llenamos muchas cajas plataneras con sobres; tuvimos que revisar que cada uno de los participantes cumpliera con las bases en lo formal.
Designar al jurado era tarea mayor. Teníamos claro: algunos debían ser extranjeros; debían mantener el anonimato y aceptar menguados honorarios. Éstos, además, debían sortear las distancias y tendrían que dialogar virtualmente. Por otra parte, también deseábamos encontrar nuevos artistas, por lo que nos interesaban jurados proactivos frente a la experimentación y el cuestionamiento estético.
Llamamos a varios poetas de México, Perú, Bolivia y Argentina. Para asegurarnos que el jurado pudiera cumplir su función, en el ámbito de poesía, designamos al poeta y académico peruano, Daniel Rojas Pachas, al poeta, Juan García Ro de Vallenar y, como presidenta del jurado, a Elvira Hernández. En el ámbito de ensayo, designamos al académico y poeta argentino, José Casas; al periodista e investigador histórico de La Serena, Fernando Moraga Acevedo y, como presidente de jurado de este ámbito, a Jaime Quezada.


Los más de 600 trabajos llegados desde Arica hasta Porvenir (Tierra del Fuego) pasando por la Isla Robinson Crusoe y la Isla de Pascua; y de chilenos en Costa Rica, Argentina, Perú, EE.UU., Francia, Venezuela, México, España, Grecia y de varios países más. La concursante de la Isla Robinson Crusoe nos mandó una nota, donde señalaba que no podía cumplir con las bases con respecto a anillar los textos, porque en esa isla no existía tal tecnología. Nos envió su trabajo amarrado a una pita de pesca.
Fue ardua la labor del jurado, difícil y experimental por la virtualidad; aún más difícil, porque los jurados representaban aparentemente visiones estéticas distintas y distantes, pero después de un par de meses y superadas las primeras dificultades de los envíos de todas la obras a los domicilios de los jurados, aparecen los primeros acuerdos.
En ensayo fue un poco más fácil; hubo un acuerdo en los primeros lugares, y, claro, eran muchos menos trabajos que en poesía. Luego, vinieron los primeros acuerdos en poesía, mientras iban y venían proposiciones y selecciones, en medio de la preocupación de que no se filtraran los nombres de los jurados ni de las proposiciones. Nos hackearon nuestra base de datos, pero sólo pudieron acceder a informaciones generales del concurso como son los listados de las obras participantes y de algunos lugares de envío, pero no pudieron infiltrar la información relevante.
Después, llegaron los resultados, cuando ya aparecían voces de inquietud y duda de la seriedad del concurso. Al abrir los sobres ganadores sentí un poco de pena por los 600 que no ganaron.
Había recibido preguntas sobre los nombres de los jurados y algunas aseveraciones sobre jurados supuestos o de parientes que deseaban saber o sugerían el valor notable de las obras presentadas. No faltó el poeta amigo que se enojó y me retiró la amistad porque no resultó ganador.
En fin, mi gratitud a ellos, que confiaron en el concurso. Ganaron los que tenían que ganar con este jurado. Sé que no los defraudamos; fuimos muy estrictos respecto a dejar que el jurado actuara de acuerdo a sus prerrogativas. Obviamente, el resultado representa la parcialidad epocal de cada jurado, en concordancia con los otros jurados. Fueron muchos los famosos poetas chilenos que participaron y no ganaron. Es sólo un concurso, le dije a alguien.
Este resultado es una buena cosecha de la literatura chilena actual, de lo que se está haciendo. Es probable que si el jurado hubiese sido otro, el resultado hubiera variado, pero no la cosecha. Nosotros mantuvimos el esfuerzo de la transparencia hasta el dolor. Tal vez, no cumplimos suficientemente con encontrar nuevos artistas. Pero, dejemos que los textos hablen. Yo no he leído los textos detenidamente y ahora lo haré en este libro, como el lector que siempre deseo ser.
Gracias a mis colaboradores directos en el Premio Lagar, a SALC., al personal del CNCA. de la Región de Coquimbo, al Gobierno Regional; a los medios de difusión pública y a muchísimas personas más, como ese empresario de Valdivia que facilitó la venida de uno de los ganadores.
Como dije antes, no he leído los textos, pero seguramente los lectores de poesía nos encontraremos aquí con una cosecha de primera selección. En cuanto al ensayo, seguiremos a través de diversos métodos aclarando y desenterrando el ethós de nuestra región, porque allí está su verdadera fortuna. En está ocasión se hizo a través de Gabriela Mistral, que tanto dio; y siendo ella, “Electra en la niebla”, tanta luz acarreó a su “patria chica”, que todavía brota su torrente.
Esta “criatura regional” que fue tan golpeada, ninguneada y despreciada. Ahora, tarde y menguados, la reconocemos desde el Estado de Chile y también desde el mundo cultural; sin embargo; ella —que ahora es “reina y fue mendiga”— mantuvo intacta su lealtad como El Cid a su reino: “Creemos que en la Región, como la hostia está el Todo;…”.
La obra de Gabriela Mistral siempre signa a Coquimbo, al valle de Elqui y a la nortinidad; cada poema suyo es expresión de su ser montaraz y cada palabra tiene el olor primigenio de su tierra. Nos dio cientos de obras que hablan de lo que somos y heredamos. Un texto suyo sobre esa “Chinchilla” de mi infancia y de mi cordillera; de la “indígena y andina, dos veces nuestra”, dice, es también la historia de Gabriela Mistral: tan espino del Norte Florido y tan universal.

Septiembre;
Altos de La Recova,
La Serena.-


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