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El Tetris de Khan


Nota de Rodrigo Ramos Bañados, alusiva a su participación en la jornada de fomento a la lectura en Arica Más Alla de las letras, obra de Cinosargo, MAL y Taller de comic Engranaje, con su infaltable tour de force por la casa del maestro Khan. Publicado en Escritores desde el límite

Dudé entre cinco rubias de pezones como grano de choclo, adheridas con cola fría una sobre otra en el vidrio de una vieja vitrina para guardar loza y algún avión de modelismo -un Vulcan camuflado-, y el clásico Citroën DS de la Mecánica Popular. También había diarios y cervezas sobre el hule; al frente una tele que después supimos se controlaba sola sobre unas cajas y un mapamundi sin brillo sobre un pared. Sin embargo me quedé con la foto de Citroën DS que introducía al artículo sobre los autos más hermosos del mundo. Recordé a Jean Paul Belmondo manejando una de aquellas joyas. Cine de la nueva ola aunque nada en especial. Década del 60.
-Interesante revista- me dijo Kahn, cuando reapareció por el pasillo. A los dos segundos volvió a desaparecer. Luego la puerta cerrada y la apertura de un segunda puerta. Fantasmal. Escuché que el baño estaba al otro lado. Nos separaban cajas, diarios, papeles y una muralla de madera. Igual escuché. Reapareció olor a perfume. Eran alrededor de las 21 horas, comenzaba el noticiero. Nuevamente opté por la Mecánica Popular, antes que la bulla futbolera. Faltaban dos días para que Chile jugara las clasificatorias con Venezuela. Otra vez la puerta y Kahn hacia la cocina con la mano en el estómago. Con la voz algo carrasposa, dijo que se demoraban demasiado. Luego se ubicó en la puerta de su casa. Ellos habían ido a comprar cervezas y vinos. Aquello fue como a las 20.30 horas. Luego escuché a Kahn conversando. Hablaba sobre un grupo de metal y unos carteles distribuidos por el centro de Arica. Quizás era un pensionista o un vecino. Parecía joven.
Según los poetas vivía solo. Estaba solo. Una hermana o algo así. La soledad era evidente cuado el dedo se teñía gris al hacer un dibujo sobre los vidrios de la vitrina o por la cajas acopiadas por todos lados sin ningún orden. Las cajas. Algunas obstaculizaban los accesos. Imaginé una bodega. Algo relacionado con el matute. Algo de Tacna que estaba de paso por Arica. No sé. Más de dos metros de altura alcanzaban las enredaderas de cajas en el patio. Y la planta iba a continuar creciendo sin ningún orden como la vegetación sobre una ciudad perdida al oriente de Asia.

Imaginé también un juego de Tetris. El patio desde arriba podía parecer un juego de Tetris. En vez de bloques, cajas. El espacio libre era de los amigos o los poetas que lo visitaban.
Coordenadas (poesía de Rodolfo Kahn)


Para jugar a develar la propuesta que se alínea detrás de la
pieza inencontrable

resta este término carente de sentido
como una ofrenda
que simula un linaje
que sorprende a un hallador inveterado
en esta partida que se juega
desde siempre


Kahn es de los que no se hacer ver. Irradia cierta fragilidad. Silencioso. Le calculan más de 60 años. Llegó de Santiago después de 1973, cuentan. El mito se alimenta de diversas historias. Una llamativa: que vio el ataque a La Moneda desde su oficina. Dicen los poetas que descubrir a Kahn fue como hallar el eslabón perdido en Arica.
Antes habíamos abordado un bus rumbo a la Universidad de Tarapacá, junto al también poeta Rodrigo Rojas Terán. Luego fuimos público de un coloquio de escritores. Después otra charla. Luego los poetas decidieron ir donde Kahn. Dirección obligada, dijeron.

Kahn me entrega un libro azul, pesado. Heptadárica es un registro de la pulsaridad y la respiración de Vertizonte, comunidad poética de Arica. El libro es de 2002. En la quinta página aparece un dibujo azul de la casa de Kahn, denominado “Toporamica Uno (paisaje metafísico)”.

Chiara decúbito doral sobre la gran mesa
Del ágape yace
(extracto del poema El Resplandor)

Las cajas contienen el registro de Kahn, según ellos. Tal vez no contengan nada. Tal vez otra cosa. Si fueran papeles serían de diferentes tipos, todos marcados. El significado puede ser una fecha, un número, un par de palabras, dibujos eróticos, noticias del diario marcadas o una boleta rayada. Las cajas de Kahn son su memoria. No son aptas para pirómanos. Esa noche una poema se le había perdido y era casi imposible hallarlo. Kahn dijo que primero había que hallar el mapa en la colección de las Mecánicas Popular. Eran sietes cajas con revistas, detrás de otras siete cajas.

La voz de Kahn en: http://carrollera.bligoo.com/content/view/561483/Conversaciones-de-Cinosargo-y-MAL-con-el-poeta-Rodolfo-Khan.html


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