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Sobre vanguardias, eternos retornos y proclamas vacías.


Sobre vanguardias, eternos retornos y proclamas vacías.


Autor: Daniel Rojas Pachas


Cada cierto tiempo el arte en su totalidad de disciplinas (pintura, poesía, música entre muchas más) y en todo nivel, local, nacional y universal, se ve sacudido por la aparición de voces disidentes. La historia ha visto emerger, múltiples movimientos, escuelas y manifiestos que pretenden, romper el status quo productivo e interpretativo de su medio, muchas veces a estos aventurados los reconocemos con el apelativo de vanguardia, pues tal como señala el nombre asociado a la formación militar –avant- garde-, los creadores que se posicionan en este sitial, van a la delantera, en primera línea, exponiendo sus vidas por aquello en lo que creen o ordena sus discursos. Emblemáticos son los casos de todos los que por asumir ese rol, son satanizados, acusados de heréticos o terminan relegados al olvido, ninguneados o lo que es peor, reducidos con adjetivos burdos y eufemísticos como “son especiales, experimentales o mi favorito herméticos”


De cualquier modo, este texto, no pretende ser una apología a tales espíritus, no podemos establecer, una regla general, pues hay muchos que desde esa posición han alcanzando el rol de clásicos tanto canónicos como de culto, lo primero resulta paradójico, independiente de que ocurra en función de la calidad del trabajo, no podemos ignorar que en ocasiones se da tan sólo por maniobras políticas o comerciales, todo país o ciudad necesita un icono, aun cuando en vida hayan hecho hasta lo imposible por defenestrarlo. Esos movimientos de las sociedades y cambios de apreciación, responden a otros intereses, que son por lo general, extra-artísticos, por lo mismo resulta tan absurdo y tajante ver en libros escolares fragmentos de Nadja de Breton, o fotos de artefactos surrealistas para explicar la excentricidad o la abstracción del arte a impúberes. Algo así como Juan Emar como lectura de fin de semana, en fin, el destino de los textos y los hombres y sus vidas también como textos, no tiene un paradero definido, otros de igual calidad y menos representatividad o con escasas posibilidades de ser empaquetados y vendidos, solamente desparecen y responden al morbo, curiosidad o devoción de trasnochados investigadores o alucinados jóvenes en búsqueda de una patentad irresoluta (por lo general estos jóvenes son poetas) tal es el caso de Boris Calderón en Chile. Al respecto tampoco podemos olvidar el caso de aquellos que solo asumen el ropaje, la pose de bohemio, de artista martirizado a perpetuidad por la carga que les significa ser tan creativos y desvivirse en la lucha contra los dinosaurios de su entorno en clave ofensiva, aunque sin creación de por medio claro está, sin un respaldo que hable por ellos. Sí, de todos modos, siempre podrá alegarse que ellos mismos son una creación, una performance constante, una especie de fauvismo o arte por el arte llevado en la piel, un derroche de histrionismo, sarcasmos, grotescos, y supuesta originalidad y ruptura en cada paso y aliento, el punto para establecer una figura de esta índole, puede ser cualquier manifiesto o postura a la moda y a la orden del día… acorde al ánimo, lo importante es el efectismo inmediato… en general; las expuestas son faunas distintas en una misma selva enmarañada… responden a un mismo llamado, el de la rebeldía y la confrontación, el malestar y la inconformidad, pero no es todo artista, inconforme per se.


Eso también es discutible, le paso a los más acérrimos vanguardistas y hasta cierto punto infranqueables capitanes del creacionismo, surrealismo, dadaísmo, futurismo y en general, en todos los -ismos imaginables, sucumbieron ante totalitarismos e idearios que en un punto fueron el germen que les dio origen, Vendidos!!!! Enmohecidos!!!! Aburguesados!!!!!


Todas las proclamas caen por su propio peso, así como los cabellos estridentes y las carnes del estomago… pocos aguantan a pulso el devenir y las normas, las benditas normas y la cortesía… Oh la cortesía… quizá es mejor como dice la letra de Neil Young en My, My , Hey, Hey: it's better to burn out / than to fade away o también podríamos decir “muere joven y deja un bello cadáver”, esa es una de las máximas del rock… sin embargo insisto, no hay un solo camino. Los seguidores de Dylan por ejemplo o de Dalí, tienen mucho que decir… se que la comparación es disímil y en apariencia inconexa, pero resulta ilustrativa… ambos revolucionarios en su arte, uno músico el otro pintor, de pronto ambos se tornan pacatos… uno franquista totalitario el otro un fanático religioso, converso y predicante, al final lo único que queda es su arte… el cual felizmente se impone, reivindicando cualquier inconsecuencia, por algo aún existen aquellos que perdonan el maoísmo de Sastre, el stalinismo de De Rokha, el nazismo de Pound, Celine o Heidegger, en fin la lista es inmensa y la consecuencia de las vanguardias en medio del eterno retorno del hombre, plagado de proclamas que suben y bajan, vacías como precios en la bolsa, parece estar sólo con el non plus ultra como lo concebía el mismo Dalí, la imagen de ese puerco que avanza, sin retroceder, indomable… arrastrando todo a su paso, más allá, sin mediar y hacia el infijito. Mientras haya arte que valorar, bienvenido sea, mientras la voz tenga ese espaldarazo: El genio del artista y sus berrinches podrán sucederse, no así, cuando sólo sean berrinches sin estética, de cualquier modo, mucho de lo expuesto en estas líneas, se resume en lo dicho por uno de los más grandes cambios de paradigma de los últimos siglos, una verdadera alegoría del cambio, Kafka, en una de sus tantas asertivas frases menciona, toda revolución trae consigo el limo de una nueva burocracia, por eso… en Kafka confiamos.




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