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Semblanzas Profundas: Guillermo Cabrera Infante


La obra de Guillermo Cabrera Infante (Gibara-Cuba-1929 – Londres-2005) es una de las que con mayor pulsión ha tensado los límites del lenguaje español, la crítica especializada concuerda en que el autor, inaugura un camino fértil que comunica la prosa latinoamericana con las vertientes más experimentales de la literatura anglosajona, Finnegans Wake de James Joyce, Orlando de Virginia Woolf y Tristram Shandy de Laurence Stern; otros nombres como Pound y Carroll no deben ignorarse, pues en calidad de referentes intertextuales, saltan de inmediato a la palestra.

No por capricho, su novela Tres tristes tigres inicia con el siguiente epígrafe del autor de Alicia en el País de las maravillas.
“Y trato de imaginar como se vería la luz de una vela cuando está apagada”


Desde antes de dar inicio a la narración, el creador anticipa su noción con respecto a la literatura y el afán imaginista que persigue, al querer fundar una realidad autónoma capaz de desafiar y re-escribir al mundo por medio de la palabra.


Creador de primera o transcreador de primera como corregiría Haroldo de Campo, G.C.I es un traductor innegable de los sonidos populares y elitescos de América,
un acérrimo desmitificador de géneros y un consecuente fragmentador de conceptos tan sacros para occidente como la unidad y sentido que se le ha brindado a la novela.

Una literatura como la de G.C.I, se abre paso entre golpes rítmicos y retrueques translingüísticos que abusan conscientemente de figuras literarias fónicas que alteran el sentido tales como la paronomasia, el calambur, las cacofonías y jitanjáforas.


"Habló la esfingerente", "Me miró, miró el block en blanco (¿o miró el blanco del block?)
(…)
"¿Quién era Bustrófedon? ¿Quién fue quién será quién es Bustrófedon? ¿B? Pensar en él es como pensar en la gallina de los huevos de oro, en la adivinanza sin respuesta, en la espiral. El era Bustrófedon para todos y todo para Bustrófedon era él. No sé de dónde carajo sacó la palabrita -o la palabrota. Lo único que sé es que yo me llamaba muchas veces Bustrofotón o Bustrófotomaton o Busnéforoniepce, depende, dependiendo y Silvestre era Bustrófenix o Bustrófeliz o Bustrófitzgerald..." .



La escritura del autor propone una extensa gama de potencialidades lingüísticas, en la medida que hace real una práctica que de modo significativo, altera el orden de la lengua. La premisa de G.C.I nos moviliza del sistema al proceso. Baixeras Borrell respecto a la apropiación que hace el autor del lenguaje señala lo siguiente: En términos de Chomsky, pasamos de la competencia hacia la actuación, de la verticalidad a la horizontalidad, de la isotopía a la pluriisotopía.

Por ello, Cabrera Infante, en sus páginas, se las ingenia para proponer ante lo tradicionalmente prosaico una serie de cuerpos textuales que lo abren a lo heterogéneo y a la interdiscursividad. Su prosa fragmentada, nos pone en contacto con una novelística que esta al servicio de las dislocaciones del significado y cronotopo, privilegiando ante lo enunciable y todo tipo de representatividad, el significante como mecanismo primordial para revisar la realidad y su decurso, siendo una de sus obsesiones primordiales la oralidad.

A fin de entender la preeminencia que el autor da a lo oral por encima de lo escrito, podemos remitirnos a la advertencia con que inicia TTT: El libro está en cubano. Es decir, escrito en los diferentes dialectos del español que se hablan en Cuba y la escritura no es más que un intento de atrapar la voz humana al vuelo, como aquel que dice. Las distintas formas del cubano se funden o creo que se funden en un solo lenguaje literario. Sin embargo, predomina como un acento el habla de los habaneros y en particular la jerga nocturna que, como en todas las grandes ciudades, tiende a ser un idioma secreto. La reconstrucción no fue fácil y algunas páginas se deben oír mejor que se leen, y no sería mala idea leerlas en voz alta. (Cabrera Infante 1999: 13)

Esta introducción, informa al destinatario y posible intérprete de ciertas condiciones necesarias de tomar en cuenta para la actualización del texto o al menos, para saber a que debe uno atenerse. Primero nos identifica con una lengua, el español, pero no a cualquier variante dialectológica del mismo, se refiere al Cubano, para en el acto penetrar en otro de los grandes pares binarios que establece la lingüística a fin de juzgar los registros del habla. El autor señala que en su trabajo, tanto el culto como el inculto con sus distintos grados de formalidad se incorporan tal cual, la realidad lo ha dispuesto; en su desorden e imprecisión sin mezquindades impuestas por la pulcritud artificial que el naturalismo documental de antaño privilegiara al remarcar con un maniqueísmo renacentista, tipos y formulas.

En tal grado G.C.I ubicado de modo consciente en el nivel de la experimentación y la apertura de su narrativa, tiende insistente a la desmitificación por ello añade en su advertencia, su resolución de no circunscribirse sólo a la escritura a la cual define como la pretensión de atrapar o asir la riqueza expresiva que constituye la enunciación oral. Llega en su obsesión por la oralidad a incitar al lector a leer en lo posible, la obra en voz alta, a fin de reinterpretar la jerga nocturna, la bohemia guajira, que vemos expresada en el siguiente fragmento: La dejé hablal así na ma que pa dale coldel y cuando se cansó de metel su descalga yo le dije no que va vieja, tu etás muy equivocada de la vida (así mimo), pero muy equivocada: yo rialmente lo que quiero e divestime y dígole, no me voy a pasal la vida como una momia aquí metía en una tumba désas en que cerraban lo farallone y esa gente. (Cabrera Infante 1999: 40)

Si a esto añadimos, como incorpora la poesía y su juego visual, lo cual le permite descomponer la página y contribuir a la polisemia; asimismo, la dramaturgia; otra forma verbal que Cabrera adopta a fin de apropiarse de recursos lingüísticos y comunicativos inesperados que contribuyen a la heteroglosia. Finalmente el autor no escatima esfuerzos en la tentativa de amalgamar dentro de su técnica narrativa, la riqueza sensorial y comunicativa de otras disciplinas como la música, el comic y el cine. (Un oficio del siglo XX de 1963 y Cine o sardina de 1997)

Considerando lo expuesto, no sorprende el comentario de Carlos Fuentes, el autor de La muerte de Artemio Cruz y Aura que señaló en su momento sobre la obra de Cabrera Infante que estamos ante: “una novela que nos permite efectuar el tránsito verbal del pasado al futuro". La lista de elogios similares al anterior, premios y estudios en torno a la voz de G.C.I es enorme, más es su calidad la que ubica a sus textos junto a otros de su generación; La Casa Verde, La Región más Transparente, Rayuela y Cien Años de Soledad; como un referente obligado dentro de las letras latinoamericanas surgidas a partir de la segunda mitad del siglo XX.

Los autores del llamado boom, llevaron la novela a ese terreno y G.C.I particularmente exploró los límites más abstrusos y rupturistas que nuestros preconceptos y ansía de seguridad pudieran soportar en el papel, aún cuando la realidad se mostrase insosteniblemente igual o más compleja, que la coherencia de la novela forjada en su seno.

Cabrera realmente constituye un transito hacia el futuro del lenguaje en nuestra novelística Americana y una apertura a lo que las generaciones del llamado postboom o babyboom, consolidarían. La certidumbre mecánica característica de la narrativa tradicional se fisura en esta construcción plurivalente que G.C.I, nos presenta estéticamente. Camino serpenteante, locuaz, rizomático que deja en claro la riqueza de la literatura reside en el detalle y en la realización del viaje, vivir la aventura del lenguaje más que del significado.

Autor: Daniel Rojas Pachas

Publicado en: Cinosargo.



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