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Anverso Literario: La situación Literaria y editorial del Norte Grande

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La incomunicación literaria que el norte grande de nuestro país sufre en el plano intelectual y creativo, entiéndase por esto instancias que fomenten la producción, especialización y difusión de obras de autores incipientes, poetas, narradores, ensayistas, dramaturgos y críticos literarios emergentes así como la condición de olvido de obras de artistas vivos y ya fallecidos, que por años se consagraron al cultivo de la palabra en esta región del mundo, es tremenda y raudamente trae a la memoria la tesis que José Donoso subjetiva pero magistralmente plantea en su libro titulado historia personal del Boom para referirse al sistema parroquial o feudal imperante en el continente hasta la irrupción violenta de esas voces cosmopolitas y universales, experimentales y arriesgadas que sin perder de vista la riqueza del lenguaje español y sus variantes dialectales, peruanas, chilenas, cubanas, argentinas o caribeñas, consiguieron revertir a nivel mundial, académico, crítico y comercial el aislamiento a partir de los años sesenta al redefinir no sin detractores, insidias, odios y resquemores la limitante condición del escritor y lector Americano que previo a Rayuela, Tres tristes tigres, Paradiso, El Obsceno pájaro de la Noche, La Casa Verde, Cien años de Soledad y la Región más Transparente, solo veía con el respeto que me merecen Rómulo Gallegos o Mariano Azuela, la epítome cultural del continente, en Segundo Sombra, La Vorágine, Doña Bárbara y Los de abajo por nombrar algunos.

Y es que tal como lo plantea el autor de Coronación y El lugar sin límites, el estar encerrados en las fronteras de tu provincia y de tu país, sabiendo que la única lectura valida es la que no desafíe la cotidianidad y las conciencias, la tradición y el ejercicio mecánico de interpretación y que ninguna editorial apueste por ti y que el único sistema de difusión sea un correo de chasquis integrado por tus amigos, que a la venta de tu libro se imponga el trueque, o que simplemente no hay una editorial y sólo carísimas e impersonales imprentas, es una condición que indefectiblemente terminará por convertirse en una bomba de tiempo, pues la literatura buscará su propio cauce. Neruda, Carlos Fuentes, Arguedas, Roa Bastos, Carpentier y Gonzalo Rojas entre muchos más, así lo anticiparon reunidos ante los ojos de un joven atónito Donoso en una cumbre en Concepción en el 62, esto fue antes del fenómeno del boom, antes que Llosa ganara a los 24 años el premio creado por Carlos Barral, o siquiera se pensará en que el Colombiano Gabo ganaría un nobel, convirtiendo la gesta de los Buendía en un libro imprescindible en nuestra lengua, pero volviendo al tema, y por esperanzadora que sea la anécdota y vivencia de Donoso y compañía, debemos recordar que esto fue entre los sesenta y setenta; mucho agua ha corrido bajo el puente desde entonces, pues pronto se van a cumplir cerca de cuarenta años y el norte grande de Chile… pues bien; sigue igual, seguimos inmersos en un sistema feudal literario por mucho que este el éxito de ventas Rivera Letelier que es sólo un hombre entre miles y que caso no anecdótico, forma parte de las dos generaciones posteriores al boom, una de clones y escritores más cercanos al periodismo y al testimonio y la otra de gente que mira hacia autores y géneros ninguneados como el policiaco y la serie B, cuyo santo patrón sería Bolaño, ellos son los que abarrotan hoy los anaqueles, aunque el predominio aún es de los cuatro jinetes del Apocalipsis, Cortázar, Fuentes, Márquez y Llosa, en poesía, y drama es tan poco lo que se puede conseguir en librerías comunes y silvestres de estos lares que casi sería argumento de teatro del absurdo mencionarlo. Y a todo esto, ¿qué hay de la literatura del norte de Chile?, ¿existe?, ¿vale la pena que exista? ¿Quiénes son los autores del norte? Sabella, Zañartu, Bahamonde, Nana Gutiérrez, María Monvel, Oscar Hahn, eso es todo, claro hay más, y quizá la pregunta es incorrecta en función del propósito de este artículo. Más correcto sería preguntar: ¿Qué debe ocurrir para que un escritor que nace, vive y crece en el norte o en provincia, salga de su parroquia, o logre conectar su espacio vital con el mundo?, es necesario emigrar, escapar, decir paz yo me borro… o es que hay una posibilidad de que algún día el norte grande y otras zonas, céntricas o australes del país, sean reconocidas como una valiosa medula cultural, o al menos un espacio que también tiene sus méritos independientes de la gran urbe.

Fácilmente podemos como muchas otras problemáticas, achacar la situación de indefensión, a las características geográficas y administrativas que hacen de Chile un único núcleo: Santiago; sin embargo si quitamos la vista del terruño y el argumento cliché por un segundo, vemos que la relación que se evidencia en otros países entre sus capitales y provincias, no dista de la de nuestro austral hogar, pregúntele a un argentino a mexicano que no sea de Buenos Aires o DF, el que menos siempre ataca el centro económico y político de su país por lo indiferente y autoreferecial. Un caso más cercano, es Perú, basta con cruzar Chacalluta y descubrir que para muchos la tierra de Vallejo (curiosamente nacido en Santiago de Chuco, Andes del Perú) es sólo Lima, pero afirmar ello sería un injusto error, pues si atendemos a lo que ocurre allá en lugares que como Arica y Punta Arenas, se hallan tan o más alejados de la gran ciudad y que por tanto se diferencian de esta en su temple y ánimo, habló de zonas de la sierra y selva, o espacios costeros que por mucho que Lima tenga aglutinada a la mayor cantidad de la población, museos y prestigiosas Universidades públicas y privadas, orgullosos pueden demostrar ante todo. que tienen grandes creadores y como apoyo a estos, espacios para que estos genios y valores creativos, se den a conocer, ferias del libro con invitados de primera (Arica no tiene en primera instancia, una feria del libro regular, la cual año a año, de existir, beneficiaría el contacto tanto de escritores del país como la función de los libreros) , otro factor a destacar en el vecino país, son las ediciones que nada tienen que envidiar a Alfaguara o Anagrama, la adquisición de libros de todo tipo y año, el costo bajísimo del servicio de imprentas y por último, los centros culturales que los mismos artistas han gestionado paradójicamente, sin el apoyo de un Ministerio de Cultura como el nuestro, que año a año hay que reconocer entrega un fuerte espaldarazo económico a los creadores con las becas de creación y fomento en diversas áreas (Fondart).

La existencia de colectivos y grupos editoriales en la tierra de Salazar Bondy es envidiable, y que los mismos creadores se apoyen en los lanzamientos, que el escritor pueda realizar, recitales o una gira por provincias y sentir el apoyo de sus pares y agotar ediciones es motivador, junto con ver cuanta revista se publica. Otro aliciente es la cantidad de estudiosos de las letras que realizan crónicas y reseñas de los autores emergentes, claro, no todo es color de rosa, no se trata esto de ensalzar una realidad y denostar otras y entre esas la nuestra, pues en conversaciones que tuve recientemente con escritores y libreros de allá, enfocándonos netamente en el plano practico de la producción del libro, todo el proceso hasta su difusión y destino comercial, pude descubrir que no estamos ante la panacea, no se trata de un negocio redondo, siempre está la tarea de formar un público que madure y lea, que demande y critique desde su contacto con la obra, por tanto en muchos casos el lanzar un libro implica un riesgo material, pues se va a perdida y las obras sólo permiten la rotación del material, la recuperación justa del capital y el gran logró, jamás menor, es la difusión del escritor y el ir construyéndose un nombre y un prestigio como casa editora, esto sin entrar a juzgar la calidad y evolución del trabajo estético del publicado, pues estar en papel tampoco es garantía de valor creativo o la finalidad misma de la escritura, sin embargo es una opción importante para muchos autores que quieren ser leídos, o buscan comunicar y ver su trabajo reflejado en un texto, la suma de todas estas aclaraciones sólo demuestra lo loable de los grupos y personas que en Perú han asumido la tarea cultural y batuta en pro de la letras, ya que nadie entra a la literatura para lucrar o enquicerse, al menos no materialmente y el que lo hace, bueno, no pasa más allá de ser un parasito como los hay en todas las instancias en que el hombre se desenvuelve.

Como conclusión, me pongo a reflexionar sobre si la situación es entonces un problema a nivel interno, sólo atribuible a los hombres y mujeres de Chile y en específico del desierto, y rápidamente vuelvo la vista hacia el Centro Sur de Chile y me topo con Revistas que ya superan la decena de números como La Mancha por ejemplo y editoriales como Temple, Fracturas, Mantra entre muchas otras que se han arriesgado, que han apostado por autores jóvenes siendo jóvenes mismos los que están detrás de su génesis y dirección, encuentros recientes como el descentralización que llevó la poesía a las calles, plazas y mercados y el Poquita fe que en Santiago este año tomó ribetes internacionales, revelan que la capital y otras ciudades de Chile, no están atrás en lo que concierne a una consciencia literaria, abierta a la creación y la difusión, por otro lado, esta preocupación que expongo tampoco es ajena a los escritores del Norte y de Arica, sabemos cuán encerrados estamos entre el desierto, el mar, la cordillera y las cuestas, sabemos cuál es el desafío, por ello la creación se traslada ahora desde las páginas a la gestión cultural, a la creación de instancias de encuentro, de intercambio, de más talleres, de espacios de rotación de bibliografía actualizada, congresos y por qué no, un par de editoriales independientes, por ello, el escribir y pensar esto, no sólo procura lanzar una denuncia, poner en el tapete el problema y luego irse a la cama a dormir y esperar como cambian las cosas, es un tema que se repite en muchas áreas, no sólo artísticas, lo vemos gravemente en la educación y en otros sectores, salud, comercio, pero centrándome en el caso de la literatura puedo afirmar que este problema de reclusión ligado de manera prominente a la lectura, a la lengua, a la lógica y a la identidad, sea fundacional o desterritorializada, es un tema que verdaderamente debiera preocupar a todos aquellos vinculados al quehacer político y cultural, no sólo a la gente de letras, sino en general, pues el pensamiento del hombre en gran medida (por no decir exclusivamente), está delimitado por su lenguaje. Vivimos en un mundo sígnico donde todo comunica y requiere una interpretación en función de códigos preestablecidos, no quiero con esto restar valor a la música, a los gestos, a otras formas de significación, pero el código universal, que todos estamos llamados a captar desde la más tierna infancia es la lengua, sea la de Shakespeare, Cervantes, Tolstoi, Flaubert , Kawabata, Homero, Li Po y cada una con sus variantes nacionales y regionales, por eso es tan triste la situación de una lengua que pierde a su último hablante, pues con la desaparición de aquella mente, de aquella vida, muere una cultura, una cosmovisión, lo cual demuestra, cuan vinculada está la tarea del lector-escritor a como se comprende y lee la realidad y como sensorial y tantas veces irracional, surrealista, intuitiva, matemática, existencial, desectructural o naturalista-mente la reescribimos desde la oralidad y la escritura.

Autor: Daniel Rojas Pachas

Publicado en: Cinosargo.


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