Header Ads

Semblanzas Profundas: Omar Cáceres.

caceres.JPG

La imagen que nos queda del talentoso poeta Omar Cáceres, escritor de intensa pero escasa obra nacido en Cauquenes en 1904, se enmarca dentro de un halo de fugacidad y misterio. Quienes lo conocieron entre los años treinta y cuarenta, antes de su crudo deceso, lo recuerdan en términos que aluden de forma coincidente a su carácter fantasmal.

Volodia decía que lo veía avanzar con la elegancia de un espectro, Sabella que le dedico el número cinco de su revista Hacia, agregó que el poeta asistía como entre brumas a la conversación. Finalmente Miguel Serrano, quien lo conociese de cerca, resalta la desolación que acompañaba a Cáceres, ya fuera al recitar, al moverse y lo retrata bajo un aura de impenetrabilidad gélida e irrespirable, como un aliento de soledad y muerte, una presencia cósmica. Destacamos la visión personal del autor en la siguiente frase:

Hollarán conmigo la soledad en que he abierto una nueva salida hacia las cosas

Voz Caceriana condenada al olvido la cual, paradójicamente, se torna de culto. Ella es tributaria del génesis de un único y gran libro “Defensa del ídolo” , publicado originalmente en la capital el año 1934. Este título, una leyenda del malditismo poético nacional, tuvo muchas erratas y una modesta edición que sin embargo, no impidió el rescate y posterior difusión de la obra y la devoción que grandes como Pedro Lastra le han prodigado.

defensa.JPG En la actualidad encontramos variadas ediciones nacionales y extranjeras de “Defensa del Ídolo”, estas incluyen además comentarios críticos y alusiones a los problemas que hubo en torno a su prólogo, el cual conmino agonalmente a muchos poetas de la época. De manera que, podemos sin vacilación señalar que Cáceres fue considerado prematuramente uno de las importantes voces de la poesía chilena de los años 20 del siglo recién pasado. Aparece de forma lúcida dentro de la polémica Antología de poesía Chilena Nueva de Anguita y Teitelboim junto al imaginista Ángel Cruchaga Santa María, Humberto Díaz Casanueva, Rosamel del Valle y los consagrados de Rokha, Neruda y Huidobro.

El joven poeta, marcado por la vanguardia profunda de ese entonces, logró la admiración y envidia de muchos, pues ha sido él único escritor nacional prologado por Vicente Huidobro. A su regreso de Francia, el epónimo creacionista le dedicó una verdadera apología que iluminaba sus rumbos poéticos

"Estamos en presencia de un verdadero poeta, es decir, no del cantor para los oídos de la carne, sino del cantor para los oídos del espíritu. Estamos en presencia de un descubridor, un descubridor del mundo y de su mundo interno".

Estas elogiosas palabras, produjeron resquemor entre el autor de Altazor y el padre de Gemidos y la editorial Multitud, Pablo de Rokha, quien también tenía un umbral destinado al texto de Cáceres, en su particular estilo, de Rokha dijo de Cáceres:

“No es la norma fluida y fácil; es la construcción estricta, dura, eximia, del cristal que siempre deviene en geometría de calidad… en anhelo de subordinación a la matemática del instinto… Aquella flor cerebral termina recogiendo lo cósmico del ser consciente. Su luz abstracta, caminando por lo subterráneo del hombre, partió en triángulos trágicos todo lo redondo y giratorio. Ahora, en la periferia expresiva, esos vértices clavan… Hoy, el lenguaje durísimo, logrado a expensas del asesinato de los sentimientos en homenaje a un orden único de materia buscada y hallada en la disciplina más definida: “Defensa del ídolo”… Adentro de aquel recinto de maquinarias, la muy delgada atmósfera atraca la garganta y el orden adquiere su terrible y flagrante predominio… Pero es tan insistente en Cáceres la dirección que imprime la dignidad y la ansiedad arquitectónica que el manantial interno no se demuestra en la frecuencia caudalosa, sino en la presencia restringida, difícil, trabajada y solitaria del hecho artístico… Más que un artista realizado (como Goethe que trabaja lo universal), es, aun, el artífice neogótico, más que un artista verificado, de gran envergadura épica; es, aun, el orfebre y el ardiente miniaturista de la limpia alcurnia…

Al final, el autor prefirió desecharla, las causas, como casi todo en el poeta, esta vedado por un tamiz de bruma, aunque se especula sobre el desagrado de Cáceres ante los duros comentarios e intención que subyace en el prefacio del amigo Piedra.

Al respecto podemos recalcar que el sepulcral hombre fue un rígido perfeccionista. Esta actitud lo llevo a un rechazo extremo hacía su publicación, al punto que, recién salida de la imprenta, tajante se decidió a quemarla en el jardín de su hogar. Los remanentes tras su violenta reacción, dejan diseminadas algunas copias de su obra, los originales se conservan en la Biblioteca Nacional y a partir de estos se ha podido comunicar su trabajo a la posteridad. Hoy podemos disfrutar del poemario “Defensa del Ídolo” reeditado y listo a ser actualizado por nuevas generaciones de lectores. Acompañamos uno de sus poemas.

Anclas opuestas

Ahora que el camino ha muerto,
y que nuestro automóvil reflejo lame su fantasma,
con su lengua atónita,
arrancando bruscamente la venda de sueño
de las súbitas, esdrújulas moradas,
hollando el helado camino de las ánimas,
enderezando el tiempo y las colinas, igualándolo todo,
con su paso acostado;
como si girásemos vertiginosamente en la espiral de nosotros mismos,
cada uno de nosotros se siente solo, estrechamente solo,
Oh, amigos infinitos.
(100, 200, 300,
miles de kilómetros, tal vez).
El motor se aísla.
La vida pasa.
La eternidad se agacha, se prepara,
recoge el abanico que del nuevo aire le regala nuestra marcha;
en tanto que enterrando su osamenta de kilómetros y kilómetros,
los cilindros de nuestro auto depáranse a la zona de nuestros propios muertos;
he ahí a los antiguos héroes dirigiéndonos sus sonrisas de altivos y próximos espejos;
mas, junto a ellos, también resiéntense,
los rostros de nuestros amigos,
los de nuestros enemigos,
y los de todos los hombres desaparecidos;
nuestro automóvil les limpia el olvido con el roce delirante de sus hálitos.
Como esas manos de mármol que se saludan a la entrada de las tumbas,
nuestro automóvil seráfico ratifica el gran pacto,
que a ambos lados de la ruta, conjuradas,
atestiguan las súbitas, esdrújulas viviendas golpeándose entre sí...
Ahora que el camino ha muerto,
y que nuestro automóvil reflejo lame su fantasma,
con su lengua atónita,
como si girásemos vertiginosamente en la espiral de nosotros mismos,
cada uno de nosotros se siente solo, indescriptiblemente solo,
¡oh amigos infinitos!

(Defensa del Ídolo Santiago 1934)

A las conclusiones o perspectivas que podamos llegar a través de esta obra, hay que añadir el estudio de material inédito, bosquejo original de Defensa del Ídolo el cual cuenta con otro orden y ligeras variaciones, además hay bitácoras y series de poemas que quedaron en el tintero o bajo una fase de revisión; estos documentos, recuperados en los últimos años, permitirán arrojar luces no sólo respecto al trabajo poético de Cáceres sino contingentes al fructífero periodo que experimentó nuestra literatura, especialmente la poesía a comienzos del siglo veinte.

Valioso material que indudablemente precede y complementa la entrega original de su obra, pues entre sus tesoros hay un cuaderno fechado en Santiago el 23 de abril de 1919 y en Rancagua el 19 de noviembre 1921, en él, junto a unos poemas, aparece el siguiente epígrafe, “cuando nada se espera de la vida, algo debe esperarse de la muerte”, desde aquel silencio de lo incierto, se dibuja el trágico destino del escritor que no podemos obviar. Su asesinato aún no ha sido resuelto. Acaecido en agosto de 1943, el occiso fue encontrado sin identificación, cerca de un caudal de Santiago, se discute si el cadáver apareció en la ribera del Mapocho o en una zanja de un canal de regadío en la comuna de Renca. El sombrío crimen se explica como un asalto, pues pretendían arrebatarle el violín, afición que se vincula a otro mito Caceriano, su pertenencia a una orquesta de Ciegos, al igual que en la obra teatral del español Buero Vallejo, El Concierto de San Ovidio.

Esta situación sumada a las escasas y ambiguas noticias que hay sobre su adhesión al partido comunista llegando a ser propuesto como diputado y algunas faenas que lo ubican como juez del trabajo en San Antonio o burócrata municipal, a la par de su pertenencia a grupos místicos y cabalísticos extranjeros, han contribuido a alimentar el mito Kafkiano en torno a su persona, siendo para algunos, la leyenda, erróneamente amalgamada o impuesta por sobre el discurso lírico.

Como respuesta, considero, esencial exponer su poética, presente en la Antología de poesía chilena nueva. Titulada Yo, Viejas y nuevas Palabras. En ella se desnuda su leitmotiv creativo

Se, por fin, que lo que digo ya esta dicho; mis palabras solo me pertenecen.Pero, después de todo, mi grande emoción, la trágica experiencia de mi espíritu, son autenticas. Y ese es el punto de partida desde el cual y a través de esfuerzos mejores, los jóvenes que verdaderamente odiamos el pasado y el presente, a fuerza de amar el porvenir, lograremos, si no alcanzar, por lo menos preparar, aquel vasto equilibrio que habrá de liberar a la humanidad, haciéndola revelarse a si misma en su esencia mas intima."

Por tanto, en esta materia parece más válido pensar en términos de Harold Bloom, critico norteamericano deconstructivista y poseedor de una particular teoría poética, y afirmar que Cáceres lanzó su lamento personal en búsqueda de un significado más allá de la forma y logró brillar con un rápido destello, un espectral centellear del tropo, de la figura y las ataduras simbólicas de su tiempo, de su generación y la influencia o más bien “influenza viral” de los que lo anteceden y los que se aproximan a su trabajo de forma superficial en busca de escándalo y morbo.

La voz especialista de Sabella, al respecto sirve de conclusión y bofetada a la siempre tan invocada inmortalidad y ánimo de figuración “Es curioso –curiosidad de perogrullo- comprobar una vez más que el poeta con su obra tiene la posibilidad de supervivir, a la luz o en las sombras. Es el destino que buscan los artistas: la eternidad. Muchos lo consiguen, otros no. Los textos de Omar Cáceres siempre han estado al alcance. Él no vino a nosotros. Nosotros lo hemos buscado. Y él, como actuó en su vida, asoma su rostro 'blanqueado por los huracanes'”.

Autor: Daniel Rojas Pachas

Publicado en: Cinosargo.


No hay comentarios:

Con la tecnología de Blogger.