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Retazos de Memoria.


Retazos de Memoria.
por Daniel Rojas.


Ayer me encontraba frente el pc terminando de ver la película de Pancho Lombardi "La Boca del Lobo". Mientras los créditos se sucedían con una composición en quena de Bernardo Bonezzi, eterno colaborador de Almodóvar, una sensación ambigua entre nostalgia y desazón retumbaba en mi cabeza. El retrato realista de las masacres campesinas en Ayacucho por parte de la avanzada maoísta de Sendero Luminoso y la no menor crueldad de la milicia, fuerza armada a cargo de preservar el orden y erradicar al enemigo invisible de la sierra, me impacto no sólo por la capacidad fílmica del director peruano sino por el lugar que el tema terrorismo ocupa en mis recuerdos, específicamente en mis primeros años de vida. Con esto no quiero hacer una apología a mi infancia, sin embargo no puedo negar que el contexto político y social en el que nací y crecí antes de emigrar a Chile, la Lima que se configura entre los años 83 y 94, fue una época de convulsión, inestabilidad económica y violencia. Esta es la impresión que quisiera recrear, retrotraerme al punto de lograr ser ese niño nuevamente y si es posible, dar un testimonio libre de prejuicios más no de sarcasmo, de la realidad latinoamericana.

Para graficar un poco la época y dar orden a la retahíla inconexa de imágenes, hechos y personajes que fluyen en mi mente, voy a valerme de la sinestesia, tal como lo hacían los poetas simbolistas de Francia. Tres sonidos tallados profundamente en mi memoria, serán la base para estimular y lograr hacer fluir la narración. Me refiero en primer lugar a las sirenas nocturnas de la policía luego de alguna escaramuza, balacera o bombazo lejano, la tétrica música de Vangelis que aun hoy me produce escalofríos. Esta servia de opening a los boletines y edición central de 90 segundos, noticiero de canal 2, importante señal televisiva del Perú y favorita en mi hogar. Finalmente el apabullante y monótono traquetear del motor de los equipos electrógenos, grandes monstruos devoradores de gas, generosos productores de luz, indispensables debido al racionamiento nacional del suministro eléctrico. El discurso oficial señala que el origen de esta crisis estuvo en las torres eléctricas derribadas tanto por Sendero como por otras agrupaciones extremistas de izquierda (M.R.T.A). La situación concreta que se prolongó durante meses, implicaba vivir a oscuras días enteros de la semana, sometido a informes de distribución que llegaban periódicamente anunciando los cortes, por lo cual muchas familias y empresas ante la frustración y necesidad de contar con el recurso, optaban por tener equipos privados de generación eléctrica en casa o dentro del recinto laboral. Tal era el caso particular de mi familia, pese al disgusto de vecinos y uno mismo por la contaminación acústica, debimos adquirir un par de esos titanes para mantener operativa la fábrica textil que mis padres tenían en esa época.

Estos son sin duda tres puntos indispensables desde los cuales puedo reconstruir gran parte de la historia del país vecino, ocurrida como ya señale, entre los años 80 y comienzos de los 90, periodo que se extiende desde el final del gobierno del entonces reelecto Belaunde Terry (1980-1985) pasando por la frustrada primera administración de Alan García Pérez (1985- 1990) hasta la cartera Fujimoriana tras derrotar a Vargas Llosa (1991-1995).

Las sirenas policíacas el estado de guerra y el caos generalizado.

Un tour de force que revele la imagen de Lima por esos días, parte en mi mente desde un hecho tan común, como servirse el té junto a tu familia una noche cualquiera, digamos de 1988. A esta altura ya no podemos hablar del tema terrorismo como un conflicto armado entre la milicia y los revolucionarios, librándose en plena selva o sierra. Impactantes imágenes de archivo nos recordaban las matanzas ocurridas a comienzos de los ochenta en poblados rurales, sin embargo, situaciones concretas como los constantes apagones nocturnos, lo que por una parte tenia un factor positivo ya que en tales circunstancias y ante una vela o tenue luz es cuando la familia más reunida se encuentra, bromeando o departiendo libre de cualquier interrupción que puedan representar televisores o videojuegos, nos halaban bruscamente a un realista telón de fondo que distaba mucho de ser una recuadro perfecto de armonía fraternal. Las balaceras o esporádicas explosiones, llegaban como un rumor insidioso que hacia preguntar ¿qué pasa allí afuera?, ¿cuándo va a terminar esto?, ¿por qué debemos vivir así?, era claro que al día siguiente cuando el Comercio y Expreso (diarios de alta circulación nacional en ese entonces) estuviesen en la mesa o en manos de mi padre y se reestableciera la luz, podríamos enterarnos de lo ocurrido. Yo desde mi semi inconsciencia y en tontas y alucinadas charlas con mis compañeros de colegio, sumaria especulaciones fantásticas y nuevas imágenes a mi mente, los capitalinos en cambio, deberían por fin aterrizar el drama para dejar de una vez por todas de hacer la vista a un lado y señalar con su usual desparpajo criollo: Ese es problema de los serranos. Empezaban a sentir en carne propia la guerra.

Semejante sensación de inseguridad, te confinaba prácticamente al barrio. Vivíamos un toque de queda auto impuesto y no sólo por los terrucos . El caos se había generalizado. Debido a la corrupción, no podías confiar en la policía, te detenían alegando los cargos más ridículos y tan sólo para pedir una coima (soborno). A mi hermano mayor por ejemplo, cuando tenía alrededor de quince años lo detuvieron por correr, al no darse cuenta que un policía suspicaz venia gritándole alto. Tragicómicamente y por sospecha de quien sabe terrorismo o jogging le subieron a un furgón y le dieron un recorrido ácido por el lado b del turismo capitalino, rodeado de fumones, monstruos de los cerros y asesinos de cambistas. No le quedo más que relajarse con el sutil sentido del humor del copiloto, que desde la cabina le daba ánimos diciendo que la parada final era el penal de Lurigancho.

Como culpar en todo caso a la ciudadanía y las fuerzas del orden, el estrés y tensión venia condimentado de una senda económica que era materia prima para los caricaturistas de los diarios y guionistas de cuanto programa de imitadores hubiese en la pantalla chica, mas al interior de los hogares al apagarse la caja tonta y silenciarse las risas comprometidas, empezaba a librarse la batalla contable. Recuerdo días en que camuflado por mis fortalezas de lego rodeada de thundercats, veía a mis padres en un sillón, discutir calculadora en mano, que era mejor hacer ante el inminente anuncio de un nuevo paquetazo (pack de leyes salvadoras del ministro de economía, tipo tablas de los diez mandamientos). Yo desde mi púber candidez me decía ¿qué diablos es eso?, sonaba aterrador, parecía que algo titánico se venia abajo, no estaba lejos de la verdad. La constante devaluación del dinero, la especulación y la escasez de víveres, impulsaba la toma de medidas drásticas y aventuradas por parte de productores y comerciantes. A veces era mejor vender todo y comprar materia prima y alimentos que se almacenarían, otras era mejor esperar y retener la mercadería, pues podías hacer el negocio a un precio fijo, bajo las reglas del crédito y luego, días mas tarde, no conseguir nada con lo obtenido. Literalmente el dinero que tenias en la mañana en la tarde no valía un céntimo. Esto empujo las transacciones a tiempos bíblicos (trueque). Hay que destacar además, entre las proezas del ejecutivo, la creación de un Frankenstein macroeconómico, el dólar MUC, tipo de cambio especial que luego serviría de fachada para millonarias estafas.

El congelamiento de las cuentas de ahorro en dólares, el impuesto a los cheques y el fallido intento de estatizar la banca, los seguros y financieras, arrastró al país a una condición pre-industrial que comenzaba a lindar con la realidad de Mad Max. El sentimiento generalizado de incertidumbre y desesperación fue matizado por las largas colas que había que hacer para comprar displays de alimentos no perecibles.

Si a esto sumamos que de acuerdo a las estadísticas, el 59% de la población total vivía en condiciones de pobreza extrema y tras la aparición del terrorismo, a la ya inmensa masa cesante o relegada de Lima se sumo el éxodo rural y cordillerano, no es difícil visualizar cuán atiborrada estaba la capital. Amplios sectores periféricos comenzaron a bullir, podías ver como los cerros de la gran ciudad comenzaban a llenarse de precarias comunidades que de sobra esta decir, carecían de recursos básicos. ¿Y cómo procesaba eso una mente de cinco o seis años?, en paseos dominicales a Cieneguilla viendo como pequeñas sombras o manchas de colores que eran autos o combis, subían una pendiente pronunciada por entre medio de apretujadas manchas de mayor tamaño que representaban no menos coloridas casas. De más esta decir que mi distancia con esa realidad, debido a mi condición social era inmensa, ¿Cómo sentir el dolor e impotencia de esa gente? La rabia y frustración de ser segregado. En ese entonces era muy pequeño para dimensionar la crisis en su magnitud, pero todo indica que el peruano promedio, tampoco podía o no quería sentir empatía. Prueba manifiesta de ello, es que el terrorismo haya tenido como principal argumento y arma, la necesidad de dar un giro a la pugna de clases por el pueblo y contra la burguesía y que no lejos de esos manifiestos bajo un discurso demagógico, candidatos con chullo, pala en mano y salsa o cumbia de escudo repartieran cual enardecido Quijote pan y leche para asegurarse votos.

Otra fuente bibliográfica era la que proveían las series de televisión que le buscaban al asunto el cariz humorístico, pícaro y pintoresco, me refiero a prodigios televisivos como los Choches, programa que puedo juzgar hoy como políticamente incorrecto en la medida que pretendía hacer caricaturesca una condición tétrica que asola a muchos niños que comercian en las calles como vendedores de golosinas, canillitas, lava autos o simplemente como pirañas (asaltantes) o pandilleros.

Mas no fue hasta que de nuevo la crisis toco las puertas del común de los peruanos, que se hizo evidente el tener que ayudar a estas personas en condiciones infrahumanas. En 1991 un brote epidémico del cólera, era evidente e inevitable consecuencia ante la falta de una decente canasta básica de alimentos y desde luego agua potable. Contribuyo a la crisis higiénica, la negligencia de autoridades sanitarias que no fiscalizaban al comercio ambulante principalmente el de alimentos, eso sin contar las constantes huelgas de los funcionarios públicos de centros asistenciales.

Una última e inevitable reflexión con respecto al rostro amargo de la capital, nace del mismo hacinamiento, sobrepoblación y falta de perspectivas laborales por la precaria educación. El comercio hormiga, abrumadora informalidad que más allá de dar un aspecto carnavalesco y medieval a las principales arterias de la capital, cimentó la desagradable costumbre de ver como habitual y corriente la suciedad de cuanto distrito fuese invadido. Tales aglomeraciones de improvisados puestos a lo largo de avenidas neurálgicas y calles se volvió por la cantidad de peatones transitando durante largas horas del día, en una invitación propicia para el crimen común. Asaltantes avezados, pirañitas en mancha y ladrones al paso pululaban completando el panorama decadente. Claro para un niño todo esto era un carrusel de luces y ruidos pues cada salida o paseo terminaba con la compra de alguna chuchería, ya que en cada cuadra había un puesto de juguetes y chizitos chipy (equivalente chicha de los chesters).

La prensa ¿sensacionalismo, manipulación o verdad?

El hacer una alusión directa al tema de Vangelis y un posible trauma personal con la famosa tonadita, lejos de ser una exageración es un reflejo de la forma en que estaban estructurados en esa época los noticieros y sus respectivos avances. Grandes y chicos estábamos inmersos en un tifón de desesperanzadora información. Era muy común estar en las tardes viendo el bloque de dibujos animados, cuando de pronto entre una serie y otra, aparece un conspicuo relator dando los principales titulares a desarrollarse en la edición central. Con una sensación similar a la de quien ve el exorcista o la profecía, presenciábamos una que otra masacre en algún pueblo joven: Un grupo de encapuchados desconocidos entraron en altas horas de la madrugada a la vivienda de n.n, dirigente sindical del distrito X, acribillándolo sin piedad y a quemarropa junto a su familia. O algún ajusticiamiento en las afueras del tribunal supremo: El auto del juez W fue baleado esta mañana desde un vehiculo en movimiento cuya placa se desconoce, la emboscada dejo como saldo al chofer K y a uno de los acompañantes del malogrado juez que se encuentra en la unidad de cuidados intensivos del hospital Z en estado de gravedad.

Podría parecer que estoy exagerando al inventar noticias de este tipo, sin embargo mi imaginación no da para tanto, la tónica de las entregas superaba por lejos la ficción y es que la televisión en su depredadora lucha por el raiting, era dadivosa procreadora de programas matutinos como contrapunto con sus ampays de la semana a los comerciantes bamba que hacían dulces con cola de carpintero y matrona cariñosa de ediciones nocturnas de fin de semana que contaban con tres horas o más de duración. Panorama o la Revista Dominical, con un desenfadado estilo, nos entregaba detalles escabrosos e investigaciones profundas que invitaban al paroxismo todo picantemente sazonado con imágenes altamente amarillistas y desde luego deporte.

Para muestra un botón, uno de los temas favoritos por esa época y que aun me genera cierta confusión, es la misteriosa y oscura personalidad de “Agustín Mantilla” ministro del interior de Alan García, mano derecha del gobernante y hombre emprendedor y proactivo que ha robado bastante cámara en su vida, claro, sin descuidar sus obligaciones, pues se tomo con celeridad y tesón la tarea de dirigir y fundar en sus ratos de ocio un grupo paramilitar o mejor dicho un escuadrón de la muerte como fue el comando Rodrigo Franco. Este debía servir como contingente antiterrorista pero termino convirtiéndose en una pesadilla similar o peor a la de Sendero. Lo cual es de un alto grado de patetismo, tomando en cuenta que se suponía estos eran los buenos de la película.

En fin, fuera de toda burla, mi intención es conectar lo primero, el tema televisión basura y escándalo con este oscuro hombre de gobierno, el Señor Mantilla. Pues tras múltiples situaciones que podrían haber sepultado la imagen de cualquiera, asesinato, violaciones a los derechos humanos, corrupción, robo al estado, su persona ha continuado activa en altas esferas del poder ya sea como ministro, senador, amigo intimo del jefe del servicio de inteligencia e incluso de dos presidentes. Determinando claro esta desde su cúpula y con ayuda de sus amigos, el gran hermano que nace de la suma poder central / medios de comunicación, el destino político y la conciencia de la población peruana, hasta no hace mucho y ¿quién sabe desde cuando? Claro en ese tiempo que idea iba yo a tener de esto, si mi primera preocupación era no perderme un capitulo de los transformers. Eso si, yo tenía a lo sumo siete años, sin embargo, el resto de supuestamente cáusticos televidentes y devoradores de prensa, no eran más que zombies morbosos deleitándose con una programación tipo 1984 de George Orwell. La catarsis publica de una voluntad ignorante y ciega vino con el posterior destape de los videos de Montesinos, en los cuales el Jefecito del servicio de inteligencia del Perú se codeaba con medio mundo en tratos no muy sanos de intercambio de dinero e influencias. La manipulación Fujimoriana había provocado un estado de pan y circo.

Semejante bromita hizo quedar a todos los “yo mismo soy” como tarados que digerían de forma atolondrada y sin conciencia, programas sobre brujería, curaciones frotando el huevo o cuye, violadores satánicos, las predicas del hermano Pablo, escolares posesas, calatas por doquier, Yola Polastri y la avalancha de novelas venezolanas y enlatados de Televisa.

El comienzo del fin.

Lima sábado 12 de septiembre de 1992 . La captura de Abimael Guzmán alias Presidente Gonzalo en su residencia de Surquillo, fue sin duda uno de los hechos que marco al país. Para muchos el tener tras las rejas al extremista, significaba el fin del terrorismo, específicamente de Sendero Luminoso. La desmantelación de su cúpula superior indicaba un gran avance en las medidas que la DINCOTE (dirección nacional contra el terrorismo) y el servicio de inteligencia peruano habían iniciado siguiendo las directrices del Ejecutivo. Y es que la personalidad de este ex profesor de filosofía que dio origen al partido revolucionario de corte marxista-leninista y maoísta que toma su nombre de los escritos de Mariategui, había alcanzado a tales alturas un carácter mesiánico y trascendental.
Los peruanos por su parte habían ingerido grandes cuotas de desolación en la lucha contra el terrorismo debido a la forma precipitada en que durante los últimos años, esta había recrudecido. Fácilmente podías estar en un supermercado Todos o Monterrey o en el centro de Lima y terminar convertido en una victima anónima.Sólo meses antes de la captura habíamos sido testigos atónitos de la explosión de 500 kilos de dinamita en Tarata, Miraflores, conocida zona residencial y comercial. El ataque dejo un saldo de 25 muertos, 200 heridos y cuantiosos daños psicológicos y materiales. Recuerdo haber visto eso por televisión, impactantes imágenes de hombres y mujeres buscando a sus familiares entre los escombros, algo similar ocurrió una noche cuando un coche bomba ataco la libertad de expresión, volando el recinto ocupado por canal 2, se sucedían además ataques a blancos dirigidos, personalidades que abogaban por la paz, como el sonado caso de María Elena Moyano. La muerte de la dirigente dejo un dolor profundo en la población. No cuesta entender entonces el júbilo que se sintió al recibir la noticia de la captura. Muchos pueden preguntarse hoy día en forma anecdótica, ¿ey dónde estabas cuando dieron a conocer la noticia?, en el baño, caminando por el barrio, durmiendo. Yo Tenia en ese entonces nueve inviernos y como muchos fines de semana me encontraba en la habitación de mis padres frente a la televisión. Seria algo así como las nueve de la noche, estaba viendo una vieja y repetida hasta la saciedad, película de Tarzán en blanco y negro, cuando de pronto la transmisión se interrumpe con un extra noticioso, si de 90 segundos y su música infausta, sin embargo la tonada tenia esta vez otra sensación. El golpe dado al terrorismo esa noche marcaba el comienzo del fin. Para el Perú comenzaba un largo pero prometedor camino hacia la reconciliación, para mi familia fue distinto, ese seria nuestro último año en el país.

Y es que si bien, la caída del cabecilla marco un hito en la guerra civil, también propicio la ruptura de nuestra calma vecinal, nada anticipaba que frente a nuestras propias narices, en la anodina casa roja de dos pisos que tuvimos por años, como vista directa al salir a la calle, habitaba Ketín Vidal, comandante en jefe y principal artífice del plan que apreso a Guzmán. El antiguo y calmo sector residencial de Cipriano Gutiérrez en el distrito de Pueblo Libre, se lleno de guardias armados y de un par de jeeps con ametralladoras en ambos extremos de la calle. El contingente militar rotaba y mantenía un ojo cáustico ante cualquier movimiento sospechoso que implicara alguna vendetta o represalia. Podía parecer emocionante, los primeros días fue como ver hecho realidad un episodio de Gi.Joe o alguna mala película de Stallone pero era más que eso, saturados por el clima de inestabilidad y tras largos años de apostar por una mejora global del país, mi padre, de nacionalidad chilena, tomo la tajante decisión de jugar sus cartas a la tierra que lo vio nacer y crecer. Chile en los noventa estaba entrando a una esperanzada democracia tras un golpe de estado, gobierno popular y cruenta dictadura militar. Y si bien hasta hoy mantenemos contacto con Perú por la familia de mi Madre y eventualmente por mi Padre, que regreso a vivir tiempo después a la capital, el tiempo, la distancia y la necesidad de empezar de nuevo, marco mi perspectiva hacia los hechos de aquellos años.

Hoy no veo con rabia ni autocompadecimiento mi infancia, creo que a la larga me dio una lectura general no sólo de la condición de nuestro continente sino también de la humanidad, pues aunque suene exagerado, años más tarde al leer a los grandes narradores americanos de nuestro tiempo, Llosa, Carpentier, Asturias, Donoso, Marques, Mallea, Fuentes, Arenas y muchos más, puedo tanto desde mi experiencia vital como actor y lector, entender en su justa medida y con risa, las famosas revoluciones con sabor a chicha y empanada, el marxismo como panfleto de escolares, la derecha como promesa incumplida y logia de dandys, la democracia como tapadera de abusos y las cruzadas de Guerrillas por los andes, la intervención de la mano negra de la irónicamente llamada Casa blanca y desde luego el surgimiento providencial y epifánico para su posterior caída estrepitosa y humillante de caudillos, demagogos, dictadores e iconos de poleras con boina y frases sobre la primavera a punta de fusil.

Como reflexión final a falta de moraleja recuerdo un verso de Cesar Vallejo al encender la televisión y luego de 15 años, ver tras un sucinto zaping que se resume en el único canal que nos llega del Perú (TNP), al actual presidente Alan García Pérez “si el único e inigualable” prometiendo mejoras económicas y el termino del tren eléctrico, para luego ceder palco al candidateable del 2011 Alberto Fujimori dando desde algún bunker, un rimbombante discurso sobre el futuro del Perú, amparado bajo la ética de los samuráis.

Quizá soy yo, quizá la gente tiene mala memoria o quizá como dijo el poeta, y esta noche sorda, obscura, ya no podrás jugar, porque la Tierra es un dado roído y ya redondo a fuerza de rodar a la aventura...

Autor: Daniel Rojas

1 comentario:

Anónimo dijo...

los años de la violencia subversiva "del campo a la ciudad" los viví también en la lima de los 90s, cuando el ser sanmarquino nos convertía en objeto favorito de la represiòn policial mientras los chochesbomba iluminaban en cielo de las noches limeñas y este escriba se iniciaba en la dura pasión de la escritura. me (nos) has devuelto a esos años salvajes que nos marcaron a todos.
saludos
augusto
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