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Anverso literario: POEMAS DEL MANICOMIO DE MONDRAGÓN



Anverso literario: POEMAS DEL MANICOMIO DE MONDRAGÓN

Autor: Leopoldo María Panero.
Idioma: Español
Ediciones: Hiperión

Leopoldo María Panero, escritor nacido en Madrid, el año 1948 enmarcado dentro de la poesía española contemporánea dentro del grupo de los novísimos. Es incluido muy joven en la que acabó siendo la legendaria antología de José María Castellet "Nueve novísimos poetas españoles" (Barral, 1970) importante paso para un joven letrado cuyos orígenes se remontan a una familia de destacados escritores de nuestra lengua, Hijo de Leopoldo Panero (1909-1962), sobrino de Juan Panero, hermano de Juan Luís Panero y Michi Panero. Más información sobre la casta Panero, su vinculación y testimonio histórico-político, ligado ambiguamente al Franquismo y la izquierda radical se puede encontrar en el film documental, el desencanto del año 1970, dirigido por Jaime Chávarri.

Aún en el plano extratextual, Panero, para bien o mal de algunos, es parte ineludible de esa secta infame de la literatura, creada en la mente, delirios y necesidad de muchos espíritus adolescentes que gustan de hincar el diente donde ven luces de sordidez y demonización, a fin de alimentar su morbo y autocomplacencia romántica. Esta de más decir que la voz del poeta brilla más allá del escándalo y la pregunta eterna que Bukowski, otro autor de cabecera de toda una generación de huérfanos, beato de sectas y repudio de narices respingadas, esgrime en su poema What they want (Lo que ellos quieren) como una apreciación lírica a la sensibilidad de los genios, su excesivo ego, su depresión y desafió constante ante las expectativas y demandas de normalidad.

Y por otro lado, una sátira al voyerismo de muchos, que más que apreciar el trabajo estético se quedan con la bulla del espectáculo y la resonancia de un tiro en la cabeza, un salto en picada a ese vació que todos rechazan ver o la más absoluta soledad y hambruna del alma.

Panero, en todas esas circunstancias, como maquinista y pasajero del expreso de ida y vuelta al infierno humano, encaja dentro de los lindes del autor de culto, ese que termina estampado en una camiseta junto a Charles Manson y como una cita ineludible para coronar la inteligencia, del usuario. Todo, en virtud de la repulsa que el oficialismo y el usufructo que el contrahaz político, ha hecho de su persona. Ya sea como herramienta o mártir, como producto de la burguesía o víctima de la represión.

Repudiado por cofradías, denostado por partidos, Panero es enviado a prisión muy joven por adherir a discursos disidentes que cantaban la revolución, situación afín a muchos poetas que desde la reclusión, forjaron la tradición clásica y medieval en la península. Su persona se esgrime además, como el prototipo experimentador de la bohemia, precoz consumidor del ácido lisérgico y la filosofía destroyer que tan en boga se pusiera tras los beatniks y sus afanes de abrir las puertas de la percepción. No tiene mucho que envidiar a Burroughs, al cual da alcance en cuanto a conocimiento y uso de psicotrópicos, sumando a todo su negro currículo, la guinda de la torta, un paso prolongado por sanatorios mentales, que no le han impedido en lo absoluto, ser apreciado, antologado y citado por la crítica y academia y lo más importante, dar rienda suelta a la pluma como traductor y escritor. Publicando fecundamente narrativa, lírica y ensayo, lo cual lo constituye como el paradigma del malditismo consagrado y elevado al séptimo cielo.

La obra reseñada a continuación (Poemas del Manicomio de Mondragón) nos remite a fines de la década de los 80, cuando por fin, su obra alcanza el reconocimiento de la crítica especializada, periodo en que paradójicamente se decide su ingreso de manera permanente en el mentado psiquiátrico.

Entre sus publicaciones en poesía hay que destacar: Por el camino de Swan (1968). Así se fundó Carnaby Street (Ocnos, 1970). Last River Together (Ayuso, 1980). Heroína y otros poemas (Madrid. Libertarias, 1992). Teoría lautreamontiana del plagio (Límite 1999). Poemas del Manicomio de Mondragón (Hiperión, 1999). Teoría del miedo, (Igitur, 2000). Y muchos títulos más, que se extienden hasta los presentes días. En narrativa y ensayo por nombrar algunos, destacamos, En lugar del hijo (Tusquets, 1976), libro de relatos fantásticos. Dos relatos y una perversión (Ediciones Libertarias, 1984). Palabras de un asesino, (Ediciones Libertarias, 1999). Mi cerebro es una rosa, (Roger, 1998). Prueba de vida. Autobiografía de la muerte, (Huerga y Fierro, 2002).

Reseña: Este poemario, escrito por el autor español Leopoldo María Panero, en el año 87 es una obra que nos sumerge en los lindes de la sanidad mental, no por el hecho de estar escrito por un recluso, esquizofrénico con delirios de persecución y desde las paredes de un manicomio, sino por la forma en que la lucidez de sus palabras, envuelve maravillosa la delirante voluntad de un hombre que apela a la sociedad no sólo española sino moderna, exigiendo el espacio de inocencia que le ha sido arrebatado por fuerzas ominosas, las garras de una institucionalidad y acomodaticio régimen, ético, axiológico, político y en definitiva, toda aglomeración inquisitiva de poder y orden humano, que se erige como positiva verdad. Luz cegadora que irradia a los cuerdos, a esos que han eliminado, la mirada infinita, la ausencia de prejuicios y magia, en función del pragmatismo diario y la necesidad de lindes.

El gatillante, la llamada sanidad y equilibrio, producto del mismo desarrollo del cuerpo y las presiones externas a él

Lo evocado por Panero, es un estado limpio, antes de cualquier preconsciencia y premoral. Su hablante, un sujeto que busca no ser o más bien volver al estado de no ser, en el cual aún no ha caído presa de los traumas que generan el desarrollo de la mitad inmersa del iceberg y la urgencia de sacarla a flote a través de percepciones y pensamientos dirigidos.

En definitiva, la poesía de Leopoldo María, vinculada arduamente a la psiquiatría y de manera autobiográfica a su locura, recurre a la demencia precoz o traviesa, primer nombre que tuviera la esquizofrenia, como un regreso o intento desesperado de retorno a ese recodo libre de ataduras. Las voces que retumban arduamente en el cráneo y letras del autor, nos remiten al simbolismo francés, especialmente enfocado en la persona de Mallarmé y su deseo por conseguir una expresión órfica, una santidad y precognición a través de los símbolos, imágenes que evocan la capacidad de aprehender los distintos estímulos del mundo, la realidad, más allá de la razón y la capacidad que tenemos, el lenguaje, que si bien nos reduce y confina a ser animales conscientes, capaces de comunicar y plasmar ideas en el aire y papel, puede conseguir una traducción de lo vivido sin restar vitalidad al universo, al imponer el filtro de la palabra, limitante propia del grafismo y la mera observación narrativa o naturalismo finito.

En contraparte, el afán sugestivo, pretende con alusiones, redirigir el azar y caos, directo al espíritu humano, impregnando de ese mismo desorden, al intérprete, la mente no como lógica pura y descarnada, sino como receptáculo y canal de la experiencia mística. El destino, parajes psicodélicos y espacios de inocencia retratados por Carroll, Poe y J. M. Barrie. De tal mixtura, surge un interesante objeto poético, la obra por entero nos ubica en cada una de sus piezas de cara a la sinestesia, apelación a los sentidos y mundos imposibles pero no irreales y con los cuales convivimos, por mucho que pretendamos ahogarlos o encerrarlos bajo siete llaves.

AUTOR: DANIEL ROJAS PACHAS.

PUBLICADO EN CINOSARGO.

MUESTRA DE LA OBRA DE PANERO.

EL QUE ACECHA EN EL UMBRAL. a Inés Alcoba.

Si la beauté n’etait la mort
Toda belleza por el cadáver pasa
y se limpia en el río de la muerte, el Ganges
que a los inmortales conduce
toda mujer
se transfigura en la tumba y adorna
en el eterno peligro de la nada
así, querida
sabrás muriendo lo que es el Adorno
y te adorarán los pulgones y aplaudirán las ranas
de ellas compuesto el canto eterno de la nada
oh, tú, hermana
llena con tu cántico mi noche
de tu susurro delgada hermana
de tu sollozo
que la nada devora
Sabiendo así lo que es el Adorno
las chotacabras avisan Su Llegada.

LOS INMORTALES

Cada conciencia busca la muerte de la otra HEGEL

En la lucha entre conciencias algo cayó al suelo
y el fragor de cristales alegró la reunión
Desde entonces habito entre los Inmortales
donde un rey come frente al Ángel caído
y a flores semejantes la muerte nos deshoja
y arroja en el jardín donde crecemos
temiendo que nos llegue el recuerdo de los hombres.
Llega del cielo a los locos sólo una luz que hace daño
y se alberga en sus cabezas formando un nido de
serpientes
donde invocar el destino de los pájaros
cuya cabeza rigen leyes desconocidas para el hombre
y que gobiernan también este trágico lupanar
donde las almas se acarician con el beso de la puerca,
y la vida tiembla en los labios como una flor
que el viento más sediento empujara sin cesar
por el suelo
donde se resume lo que es la vida del hombre.
Del polvo nació una cosa.
Y esto, ceniza del sapo, broce del cadáver
es el misterio de la rosa.

Debajo de mí
yace un hombre
y el semen
sobre el cementerio
y un pelícano disecado
creado nunca ni antes
Caído el rostro
otra cara en el espejo
un pez sin ojos
Sangre candente en el espejo
sangre candente
en el espejo
un pez que come días pre-
sentes sin rostro

EL LOCO MIRANDO DESDE LA PUERTA DEL JARDÍN.

Hombre normal que por un momento
cruzas tu vida con la del esperpento
has de saber que no fue por matar al pelícano
sino por nada por lo que yazgo aquí entre otros sepulcros
y que a nada sino al azar y a ninguna voluntad sagrada
de demonio o de dios debo mi ruina

LAMED WUFNIK

Yo soy un lamed wufnik
sin mí el universo es nada
las cabezas de los hombres
son como sucios pozos negros
yo soy un maed wufnik
sin mí el universo es nada
dios llora en mis hombros
el dolor del universo, las flechas
que le clavan los hombres
yo soy un lamed wufnik
sin mí el universo es nada
le conté un día a un árabe
oscuro, mientras dormía
esta historia de mi vida
y dijo “Tú eres un lamed wufnik”
sin ti Dios es pura nada
* y añadió, “y entre los árabes, un kutb”

(v. Jorge Luís Borges, El Libro de los seres imaginarios)

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