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Vea: La Virgen de Los Sicarios.


Datos técnicos.


Título del film: La Virgen de los Sicarios

Aka: Our Lady of the Assassins (título para su distribución en ingles)

Director: Barbet Schroeder

Guionistas: Fernando Vallejo (novela) Fernando Vallejo (Adaptación)

Reparto: Germán Jaramillo (Fernando), Anderson Ballesteros (Alexis), Juan David Restrepo (Wilmar)

Año de Producción: 2000
País: coproducción España/ Francia/ Colombia

Locaciones: Medellín, Antioquia, Colombia

Lenguaje: Español.

Sobre el Film: Segunda mitad de la década de los noventa, nos encontramos en Colombia más específicamente en Medellín o Medallo, han pasado treinta años desde que Fernando Vallejo, escritor de la novela, guionista del film homónimo y personaje protagónico, se autoexiliara para realizar un vagabundeo literario. De vuelta a su tierra, con la cual mantiene una relación amor-odio, sólo espera morir, pues la inutilidad de la existencia ante lo experimentado, ya comienza a sofocarle. La historia autobiográfica, lejos de ser una simple apología al desasosiego, es una visión cruda e hiperrealista, irónica y cínica de la situación violenta en que esta inmerso el vecino país.

En este aspecto, la visión narrativa de Barbet Schroeder, que en otras ocasiones ha sabido combinar muy bien la profundidad del dolor individual sin perder de vista la crisis social (barfly y Tricheurs), logra dar forma sin gratuidad y de manera honesta, a la polémica y compleja crónica en que hondos sentimientos personales no pueden alienarse del gran telón. El hecho de que Vallejo se comprometiera con el proyecto, adaptando el guión, permite además el celoso cuidado de las diversas capas de intelectualidad crítica y sentimiento que esta historia muy humana encierra. A la par que asistimos a un romance heterodoxo entre el maduro, depresivo y retórico escritor con un adolescente asesino (Alexis), sicario del narcotráfico, al que conoció en un prostíbulo, vivimos un tour de force por la capital de la droga y las armas automáticas.


Desnuda y documental percibimos en grandes planos aéreos la belleza de Antioquia, la mezcla de lo urbano con lo natural, mágico contraste que capta el ojo del director. La modernidad de la urbe se superpone microscópicamente a las comunas, poblaciones periféricas y en un plano casi surreal, bullen las iglesias, que dotan de un aspecto barroco, fúnebre y pacífico al mismo tiempo, a este purgatorio de muertos vivos, aplastados por la mixtura criolla y ambigua de nuestro continente. Música punk junto a ballenatos, tiendas importadas y niños aspirando pegamento.

Schroeder logra un diálogo íntimo con el espectador por medio de las imágenes bellas y al mismo tiempo decadentes. Esa atmósfera cáustica y carnavalesca que respira sangre e intolerancia, coloca al centro, como dos pecadores condenados, a Vallejo (Germán Jaramillo) y Alexis (Anderson Ballesteros) quienes desarrollan de manera alternativa al caos, su dulce amistad y particular romance. Las actuaciones son convincentes. Los diálogos ocurrentes, plagados de la cínica y coloquial voz del maestro Colombiano. Ambos fluyen muy bien en la interpretación. El peso de la cinta lo proveen estos dos actores, fogueados en el teatro principalmente. Hay química verdadera y uno sufre su precaria alegría.

En definitiva, asistimos a una pintura sublime en la que se revela la sordidez y ternura de nuestro rincón del mundo, sin obviar claro, el desfile de corrupción de los gobernantes, la apatía social frente a la cotidianidad de la muerte en las calles y la influencia del cartel, que simbólicamente, lanza juegos artificiales, tras lograr ingresar un nuevo cargamento de coca a Norteamérica. Todo filmado de manera estupenda con cámara digital, dato que no es menor, pues Schroeder no se caracteriza por ser un director de blockbusters y grandes aspavientos visuales, sino más bien hombre de carácter y desgarradoras tramas. Las escenas de acción muy bien logradas, demuestran un gran conocimiento del lenguaje y dominio de la cámara en movimiento. Uno vibra en los segundos en que fashionistas adolescentes con uzi en mano y montados en importadas motos de Japón, atraviesan las calles atestadas como ángeles de la muerte. Otro momento clave a destacar son las grotescas alucinaciones del escritor, las sombrías catacumbas en que se profetiza, la imagen constante de Cristo y la ciudad inundada por una lluvia de sangre. El cuadro naturalista de droga y muerte cobra una dimensión onírica y existencial.

Sin embargo, no hay que olvidar el libro homónimo del cual surge la historia. La narración de Vallejo nos provee de otras lecturas y no deja de maravillarnos con esa ácida y serpenteante locuacidad que lo caracteriza. Defenestrador de ídolos, la pluma del autor es capaz de maniobrar en parajes tan disimiles, vasos que comunican lo coloquial y culto, al punto de permitirse bromas tan ingeniosas como:

¿Qué le pediría Alexis a la Virgen? Dicen los sociólogos que los sicarios
le piden a María Auxiliadora que no les vaya a fallar, que les afine la
puntería cuando disparen y que les salga bien el negocio. ¿Y cómo lo
supieron? ¿Acaso son Dostoievsky o Dios padre para meterse en la
mente de otros? ¡No sabe uno lo que uno está pensando va a saber lo

que piensan los demás!

Sin duda una interesante narración y una gran adaptación fílmica acerca del flagelo del narcotráfico, la deshumanización y el dolor en América Latina. Altamente recomendada.

Autor: Daniel Rojas P.


Para muestra un botón.

Un trailer Hecho por mí (nut-ace), en tiempos de ocio.


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