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Elvira.

Elvirita y yo nos conocimos en las condiciones más divertidas, dije divertidas, quise decir sublimes. Fue durante esas reuniones para solteros en que te sientan por unos cuantos minutos frente a otro perdedor como tú. Una vez cumplido el tiempo, suena un implacable timbre. Hay que cambiarse de asiento en busca de otro, a menos que lo que tengas en frente… llene tus expectativas. Participar de algo así, no habla muy bien de nuestras capacidades para conseguir pareja. Prácticamente es un manotazo de ahogado, creo que dentro de todo, somos afortunados, le dije.

Estaba renuente y muda, algo pálida pese a lo blanco de su piel -Es que somos retraídos Elvita, puedo decirte así ¿cierto?… mira niña, esta es mi teoría. Lo mejor es compartir, desinhibirse… pronto te darás cuenta que una vez que la charla tome forma y color, descubriremos mayores semejanzas… creo que somos… temperamentos afines, siameses podría decirse… descubierto eso, no habrá barrerilla prejuiciosa o miedo hacia lo desconocido. No soy excéntrico como podrás darte cuenta. Tengo mis manías eso si, nada de cuidado. No soy un loco –Rápidamente vi en sus ojos achinados, que tras esa calma voraz, había una fiera en potencia, un espíritu libre buscando el momento ideal para desbordarse. Lo sé, yo también he esperado mucho tiempo por ello.

Exagerado en mis actos, algo infantil en la intimidad, logre sonsacarla y saber qué hacia para ganarse la vida. Tanto tiempo en el mismo trabajo y sin ascensos notables, me mostró que al igual que yo, era responsable y trabajadora aunque carente de ambición. Tales cualidades, si es que pueden llamarse así, se aplicaban de lleno a nuestras relaciones privadas. Cumplíamos los requisitos básicos. Buenos para escuchar, atentos con el otro, pendientes de las fechas importantes, así podían retratarse cerca de treinta años de fallidos intentos.

-Al final del día, somos incapaces para un romance novelesco. Es gracioso, nos hacen crecer soñando con ello, deslumbrar a otro con una pasión avasalladora. Hace tiempo que abandone esa opción. ¿Tú no? Furtivamente miraba alrededor, el rabillo de su ojo brillaba, eso empezó a exasperarme, me daba a entender que prefería estar en otro sitio… con otro quizá… no, como si eso fuera posible. -Oye preciosa estoy aquí, aún tenemos tiempo, no lo perdamos te parece. –De improviso su talante muto, comenzó a jugar a hacerse la dura. Imitas a los vegetales Elvi, le dije… había que insistir, romper el hielo… en ello reside el encanto, el desafió último. Hemos perdido las cualidades del cazador prehistórico. Es un arte que se debe recuperar. –Mira hija, nuestra escasa creatividad… esta basada según creo… en una precoz lejanía, de aquellos campos en que se libra sin tregua, el tráfico amatorio, ¿no lo sientes así? En este punto de la conversa, Elvita lucia algo comprometida, peor que al principio tal vez. Dejo todo en mis manos, técnicamente me ignoró, pero no podía irse. El tiempo aún corría a mi favor, debía cumplir las reglas, quedarse, escucharme y mantener la compostura. Parecía sin embargo incomoda, me dio pena su rostro, quería largarse, por qué tanta desesperación. Se notaba cuánto le dolía aguantar… luchaba por encima del deseo de aire, de verse fuera del trance. ¿Qué la retenía?, sería el terror a franquear las reglas quizá o por ahí, esperaba el timbre, la señal.

Entre en una disyuntiva. Debía actuar como caballero y cederle su libertad o ser el macho dominante y retenerla hasta que fuese mía. Tenia que ser justo conmigo, me importaba su comodidad pero tengo necesidades, por algo estoy aquí, jugando mi tiempo y lo mejor de mí. A lo lejos, uno de los que esta a cargo de mantener el orden y hacer sonar la campana, dejaba en suspenso su entretenida charla con una niña que no tenia mayor razón para estar aquí, era su amiga, su novia probablemente, muy linda la mocosa, buen cuerpo, rostro de niña de teleserie…

Ellos no son especimenes raros como nosotros, están adaptados, a él le pagan por dirigirnos como ganado, ella viene a hacerle compañía y de paso reírse con este show ridículo. Pero qué hago sobre analizando las cosas, Elvira esta aquí, al frente mió y se diluye y yo me pongo a cavilar, que iluso, cuánto habré perdido. Elvira se abanica con un volante, una mosca no deja de molestarme, el tipo avanza, cielos lo que temía, corre como el tiempo, mira su reloj, va a sonar la campana. Lo sabía. Tengo que arriesgarme, no he llegado hasta aquí para irme a casa solo de nuevo, no es justo, ya no habrá otra oportunidad. Llevamos más de cuatro horas en esto. Va a terminar por hoy y sólo unos cuantos, más por urgencia de sexo que por otro cosa, se han ido emparejados y sin embargo, cielos, por patético que suene, aún queda gente esperanzada. Ansiando una migaja. Por qué no podemos ponernos de acuerdo. Por qué si somos tan miserables, no podemos compartir nuestra tristeza con otro. Será que estamos negados. -Uno debe reconocerse, esto es muy patético, absurdo diría, hay que saber cuánto vale uno,

No hacerse mayores expectativas ¿no te parece?, le pregunte de la nada, no lo pensé demasiado, sólo lo dije como una prolongación de mi monologo, no imagino cómo lo habrá tomado, quizá sintió rabia, confusión, impotencia al ver que toda la noche no le han tocado más que tipos raros y aburridos, incapaces de deslumbrarla, quizá ella aun no rechaza esa opción de protagonista de Corin Tellado ¿ah que se yo? sólo soy un simple mortal en medio de esta broma.

No hubo forma de reavivar el fuego… se que hubo un fuego en todo caso.

El timbre sonó, ella estaba parándose, recogió su cartera y se largó con un escueto adiós que no pronuncio sino que sus cejas me enviaron.

Oficialmente habían acabado las rondas, un tipo muy encopetado que era algo así como el maestro de ceremonias, dio agradecimientos y despedidas, nos invito a participar de nuevo, olvide decir que hay que pagar para participar. No es gran cosa. Cuando estas solo, la plata es lo de menos.

Una vez fuera, pensé por un segundo, todos nos abalanzábamos por la estrecha salida, algunos seriamente frustrados otros indiferentes. Dejen pasar, por favor señora córrase, ey déjame salir quieres. Quizá podría alcanzar a Elvira me dije. No es que sea tan especial pero de todas con las que me tope esta noche, además de ser la última, fue la más agradable. Iba cerca de la esquina, camino a tomar el bus. Le grite, me hizo una seña de desprecio como lárgate o algo así. Al menos de esa forma lo interprete. No hice caso y le di alcance. Hay que pelear hasta el final. Una vez ante ella, le dije – Lo siento te hice perder la micro, bueno no te he detenido por eso, esto puede que no sea correcto, ya que el juego terminó, pero como ya no somos desconocidos y ambos estamos…

-detén tus caballos campeón, mira esto no es nada personal, sé lo que pretendes y… vine a esto empujada por mi hermana ok, ella compró la inscripción y sin ánimo de ofender… después de haber oído tus teorías y tus miedos, no se si eran eso pero en fin… no estoy tan desesperada hermanito…

-Así como así, tomo un taxi y se marchó, quede un rato en medio de la pista, saboreando la sensación, luego un chofer me puteo obligándome a volver a la acera y empezar el regreso a casa y bueno… hacer de tripas corazón. Siempre habrá otra oportunidad… De cualquier forma, ya empiezo a acostumbrarme al timbrecillo.


Autor: Daniel Rojas P

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